Capitulo 23
Mientras el Rey Ícaro emprendía el regreso hacia el Reino del Fuego con el pecho lleno de satisfacción y la felicidad de haber consolidado su romance en Shangricol, en otra región del continente se gestaba un encuentro de profunda trascendencia. Despojado de comitivas ostentosas, guardias de honor o las frías cadenas del protocolo real, el Rey Galateo de Gadir decidió viajar para visitar a su gran aliado y amigo, el Rey Sumum de Tiemkush. Era una reunión sostenida por los hilo inquebrantables del tiempo, la lealtad y los lazos familiares.
Sentados a solas, compartiendo la intimidad que solo los años de batallas y diplomacia pueden otorgar, ambos monarcas contemplaban el mapa del continente. Ninguno de los dos olvidaba el peso de lo que habían construido: Galateo, como padre de Feristeo, y Sumum, como padre de Catabella, habían unido sus voluntades en el pasado para dar vida a un nuevo territorio.
Sin embargo, en la actualidad, ninguno de los dos veteranos reyes poseía autoridad legal ni política sobre aquellas tierras. Rávena no les pertenecía; era regida con mano firme y justa por la reina Catabella.
La connotación de este hecho sobre la historia de Omnia era monumental. Los cinco reinos iniciales —Palasor, Yarlug, Shangricol, Gadir y Tiemkush— habían sido moldeados por la Sabia Naturaleza en los albores del mundo. Pero Rávena era diferente. Era el primer reino establecido enteramente por la mano, la estrategia y la voluntad del hombre en base a la alianza de dos coronas, y el primero en romper el patrón ancestral al colocar como máxima autoridad absoluta a una mujer. Una reina gobernando un imperio nacido de la razón humana.
Sumum miró a su viejo amigo, dejando ver en sus ojos una mezcla de orgullo paterno y la inevitable sabiduría de los años.
—Nuestros hijos han heredado más que nuestras tierras, Galateo —comentó con voz pausada—. Han heredado el coraje de fundar una nueva era. Rávena está en boca de todos los confines.
Galateo asintió, saboreando el peso de las palabras mientras recordaba los sutiles rumores que ya comenzaban a cruzar el estrecho de Waluff y a inquietar a la ciudadela.
—Es un reino único, Sumum. Nacido de nuestra alianza, pero bendecido por la fuerza de Catabella y Feristeo. La Sabia Naturaleza creó las bases del mundo, pero Rávena es la prueba de que el hombre también puede tallar su propio destino. Debemos estar atentos; un quiebre tan grande en el orden antiguo siempre despierta la mirada de los envidiosos.
En la quietud de aquella reunión sin testigos, los dos reyes celebraron el nacimiento del nuevo orden, conscientes de que el equilibrio del continente dependía, ahora más que nunca, de la fortaleza de la reina que ellos mismos habían ayudado a forjar.

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Editado: 05.07.2026