Capitulo 25
El Reino de Rávena se encontraba sumido en una mezcla de expectativa y emoción. La llegada del heredero al trono era inminente, y el castillo entero permanecía atento a cada novedad que surgía desde la alcoba real.
En su despacho, el Galeno Real fue advertido de que la reina Catabela había comenzado el trabajo de parto. Sin perder un instante, reunió a su equipo y se dirigió hacia la alcoba para asistirla.
Mientras tanto, en la antesalKirana, Feristeo aguardaba con impaciencia. Ninguna batalla que hubiera librado a lo largo de su vida le había provocado una incertidumbre semejante.
El tiempo pareció detenerse.
Entonces, un llanto irrumpió en el silencio de la noche.
El príncipe había llegado al mundo.
El Galeno salió de la alcoba con una sonrisa que disipó cualquier temor.
—Majestad... pueden pasar.
Feristeo ingresó lentamente.
Catabela, agotada por el esfuerzo, lloraba de felicidad mientras contemplaba a su hijo. Al acercarse, ambos sellaron aquel instante con un beso cargado de emoción y gratitud.
Poco después, el Galeno depositó al recién nacido en brazos de su padre.
Feristeo lo sostuvo con una mezcla de orgullo, asombro y ternura, consciente de que aquel pequeño representaba mucho más que un heredero: era el futuro del Nuevo Orden.
La reina y el príncipe descansaron el resto de la noche bajo el cuidado del equipo médico.
Con las primeras luces del alba, Catabela convocó al Gran Maestre.
—Es momento de que nuestro pueblo conozca la noticia.
El Gran Maestre asintió y se dirigió al balcón real, el mismo desde donde los soberanos acostumbraban dirigirse a sus ciudadanos.
Cuando ocupó el lugar que indicaba el protocolo, elevó la voz para que pudiera escucharse en toda la plaza.
—¡Por voluntad de Sus Majestades, el heredero de la Corona llevará por nombre Kiran!
Durante un breve instante reinó un profundo silencio.
Luego, las campanas de Rávena comenzaron a sonar con fuerza.
El júbilo se apoderó de la ciudadela. Hombres, mujeres y niños celebraban la llegada del príncipe, mientras el eco de las campanas llevaba la noticia más allá de las murallas del reino.
Rávena ya tenía un heredero.
Pero, por encima de todo, tenía un futuro.
Kiran simbolizaba la continuidad de un reino nacido de la razón, la paz y la unión de dos coronas. Con su llegada, el Nuevo Orden dejaba de ser solamente el legado de una generación para convertirse en la esperanza de las que estaban por
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Editado: 05.07.2026