Omnia I "Fundacional"

PARTE I

Capitulo 1

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Dicen los antiguos que Omnia no nació como tierra, sino como centro. No fue sembrada en el vacío: fue encendida. Y allí donde la llama tocó la materia, la tierra se elevó desde las aguas primordiales como un solo cuerpo, vasto y solitario, rodeado por el mar sin fin que respira en los bordes del mundo. No es un continente entre otros. Es la isla mayor, el eje donde las fuerzas se cruzan y el destino toma forma. Alrededor de Omnia no hay caminos de huida, solo horizonte. El océano no la rodea como límite, sino como guardián. Todo lo que ocurre en su suelo, repercute en sus aguas. Todo lo que se altera en sus aguas, tiembla en su tierra. En un extremo predomina la densa y variada vegetación, con misteriosas catacumbas es donde radica el reino de Tiemkush, sus dominios se extiende hasta que las ciénagas advierten El comienzo de Palazor el tenebroso reino de los pantanos.

En el corazón de Omnia se encuentro el Reino de Yarlug, formado por una cadena montañosa, y su dormido y siempre amenazante Volcán, un círculo de piedra que abraza una oscuridad sin nombre. Allí descansa el fuego antiguo, el pulso primero, la herencia que no pertenece a los reyes sino al mundo mismo. Desde ese centro invisible se miden las distancias, los tiempos, los equilibrios. En el otro extremo, el extenso y árido desierto de Shangricol, un territorio gastado por eras de historia, como si el mundo hubiera apoyado allí su cansancio. Pero ninguna región existe por sí sola. Todo en Omnia está dispuesto como un círculo en tensión. Y más allá de sus costas, separada por un brazo de mar que jamás duerme, reposa la isla menor: Reino de Gardis. No es sombra de Omnia, ni apéndice. Es su reflejo profundo. Donde Omnia es tierra que arde por dentro, Gardis es agua que recuerda. Desde allí el Rey Galateo gobiernan los mares, las corrientes, las mareas que sostienen o aíslan a los pueblos del continente.

Así fue dispuesto el mundo:

El aire de la selva.

El fuego en su núcleo.

La tierra desgastada, devenida en desierto.

El mar en su contorno.

Los cuatro elementos básicos.

Así lo determinó y estableció, La Savia Naturaleza.




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