Omnia I "Fundacional"

Capitulo 2

MÁRMOL FUNDACIÓNAL

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Antes de los reinos, hubo tierra. Antes de los nombres, hubo equilibrio. Cuando el primer sol se alzó sobre la extensión intacta del mundo, la llama descendió al corazón de la piedra y marcó, no con tinta ni con voz, sino con fuego, el orden que habría de sostener la existencia. No fue mandato de dioses. Fue acuerdo ante la fragilidad del mundo. Y así quedó sellado: Que ninguna corona se alce por encima del equilibrio. Que el poder exista para sostener, no para someter. Que la fuerza sin medida sea considerada ruptura. Que lo creado sirva a la vida y no al dominio. Que el fuego, origen de impulso y transformación, jamás sea desatado por ambición. Los pueblos que nacieran sobre esta tierra no serían dueños, sino custodios. Los reinos no serían fines, sino formas pasajeras del orden. El Fuego Sagrado no quema para destruir. Quema para definir. Lo que es débil, desaparece. Lo que es esencial, queda marcado. Por eso la ley no está escrita sobre el mármol. Está fundida dentro de él así fue grabado en llama, así fue aceptado cuando aún no había historia que traicionar. Desde entonces, cada generación heredó no una fe, sino una responsabilidad. Porque Omnia no fue fundada para crecer sin límite,

sino para sostener el delicado equilibrio que impide que el mundo vuelva al caos del que emergió. Y mientras la marca del fuego permanezca en la piedra, el pacto seguirá vivo… aunque los hombres olviden por qué fue necesario.




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