Omnia I "Fundacional"

PARTE II

Capitulo 1.1

REINO DE PALASOR.

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PALASOR Dominio del Pantano Una niebla espesa, nacida del aliento húmedo del mundo, cubre el cielo hasta volverlo recuerdo. La luz no desaparece, pero llega domesticada, filtrada por la bóveda de raíces y copas entrelazadas. Los árboles, antiguos como eras olvidadas, alzan sus troncos como columnas naturales, formando una cúpula viva que resguarda lo que crece debajo. Bajo ese techo de hojas y sombra, los manglares extienden su red infinita, un submundo de agua quieta y vida paciente. Allí, donde el tiempo no corre sino que se acumula, se alza el Reino de Palasor. Palasor no se defiende con ejércitos. Se defiende con terreno. Quien no pertenece, se pierde. Quien avanza sin permiso, es absorbido. En ese reino donde nada permanece sólido, gobierna Palus IV, cuarto en su nombre, último en su sangre. Su don —o su condena— es la vida que no termina. No envejece como los hombres ni muere como los reyes. Cuando un cuerpo se agota, su conciencia persiste. Puede habitar otra carne, otra mente, otro latido. Por eso es llamado El Buscapiel. No roba por deseo. Sobrevive por necesidad. Su linaje se extinguió por accidente, y con él la continuidad natural del trono. Desde entonces, su reinado dejó de ser herencia y se convirtió en permanencia forzada. Él es su propia dinastía… y su propia prisión. Pero incluso lo que no muere tiene temor. Palus conoce el mito que recorre Omnia como susurro prohibido: que existe una fuerza capaz de poner fin a su continuidad, de cerrar el ciclo que él no logra cerrar. Esa fuerza no es acero, ni veneno, ni traición. Es el Fuego Sagrado. El fuego que da origen también da término.

Lo que él burla en la carne, el fuego lo alcanza en la esencia. Por eso Palus se mueve en silencio, en una carrera que nadie ve. Busca un sucesor verdadero, no un cuerpo prestado. Busca una continuidad legítima que le permita soltar la eternidad que ya no se siente como don, sino como desgaste. Porque sabe que si el mito se vuelve realidad, Si el fuego lo alcanza, Su reino no perderá solo un rey… Perderá la única conciencia que lo ha guiado desde que la niebla cubrió el cielo.




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