EJÉRCITO DE TIEMKUSH
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VIDRAS – Centinelas del Silencio
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Dentro del poder militar de Tiemkush existen unidades de combate. Pero hay una presencia que provoca más temor que cualquier ejército. Se los conoce como los Vidras. No marchan en formación. No participan del fragor de la batalla. No buscan la gloria ni el reconocimiento. Ellos aparecen cuando todo termina. Los Vidras son centinelas y recolectores. Custodian los campos de combate y recorren el terreno con una calma inquietante, como si el horror no les perteneciera. Su misión es clara y absoluta: No debe quedar rastro. Cuerpos, armas, insignias, restos de campamentos… todo desaparece. El campo de guerra queda limpio, silencioso, intacto. Como si la batalla jamás hubiera ocurrido. Para el enemigo, el efecto es devastador. Quienes sobreviven regresan con relatos imposibles: Ejércitos enteros que desaparecen, compañeros que nunca fueron encontrados, guerras sin tumbas, sin memoria, sin prueba. La incertidumbre siembra el miedo. El miedo se convierte en leyenda. Y la leyenda protege a Tiemkush mejor que cualquier muralla. Presencia y naturaleza Los Vidras visten mantos oscuros que absorben la luz. Sus rostros permanecen cubiertos. Hablan poco. A veces, no hablan nunca. No celebran la victoria. No lamentan la muerte. Para ellos, la guerra no es combate. Es limpieza. Es cierre. Es silencio. El verdadero propósito Pero su tarea no es solo táctica. En Tiemkush creen que los campos de batalla abandonados atraen corrupción, rencor y fuerzas del hemisferio oscuro. Los Vidras evitan que la muerte se convierta en algo permanente. Ellos no recolectan cuerpos. Recolectan consecuencias. Por eso su sola mención provoca inquietud entre los enemigos. Porque enfrentarse a Tiemkush no significa solo arriesgar la vida. Significa algo peor: Morir… Y desaparecer sin dejar huella en el mundo.
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Kushkar – Los Que Emergen de la Tierra
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Los Kushkar son el golpe que la inicia. Son la fuerza de impacto de Tiemkush. No avanzan. No cargan. No anuncian su presencia. Aparecen. En medio del campo de batalla, cuando el enemigo cree dominar el terreno, la tierra se abre. No con estruendo. No con caos. Solo una grieta breve… y luego surgen. Uno. Tres. Diez. Forjados en la roca, los Kushkar son guerreros de gran tamaño y fuerza descomunal. Sus cuerpos están entrenados para soportar el peso de la piedra, la presión del subsuelo y el combate en espacios cerrados. No usan espadas. No usan lanzas. Su arma es el mazo de guerra. Pesado. Directo. Implacable. Su táctica es simple y aterradora: Localizar objetivos clave. Romper líneas de mando. Y neutralizar con golpes precisos y devastadores. No gritan.