Omnia I I "La Conspiración de la Sombra"

CAPITULO 3

CAP 3

JAQUE AL REY

Todos estaban reunidos en la gran sala.

Solo faltaba el Rey.

No se hizo esperar.

Al ingresar, avanzó sin titubeos hasta el centro.

Frente a él, el Gran Maestre y los consejeros mayores aguardaban en silencio.

Entonces habló.

—¿Quién de ustedes comprende lo que se avecina?

El silencio fue inmediato.

—Majestad

—dijo el Maestre—.

—Hemos sido convocados con urgencia.

—Así es

—respondió Sumum—.

—Y no por costumbre… sino por necesidad.

Las miradas comenzaron a cruzarse. —El reino de los pantanos ha empezado a moverse de forma distinta.

El Maestre entrelazó las manos.

—¿Distinta en qué sentido?

—En sus intenciones.

Un consejero joven intervino:

—¿Existe una amenaza directa?

—No… todavía.

La respuesta cayó como una piedra en el centro de la sala.

—Entonces hablamos de sospechas

—insistió el Maestre.

—No

—corrigió Sumum, firme—.

—Hablamos de anticipación.

Un leve murmullo recorrió la mesa. El anciano consejero tomó la palabra:

—El rey Palus mantiene su poder intacto. Su ejército no ha disminuido. No sería prudente subestimarlo.

—Nadie aquí lo subestima —

respondió Sumum.

Otro consejero añadió:

—Entonces debemos observar.

Sin provocar. Sumum comenzó a caminar alrededor de la mesa.

—Quiero saber si su ambición sigue siendo política… o si ya ha cambiado de forma.

Nadie respondió de inmediato.

—¿Y si no representa peligro? —preguntó uno. Sumum se detuvo.

—Entonces habremos actuado con inteligencia.

El Maestre asintió.

—¿Cuál será el siguiente paso?

El rey lo miró fijamente.

—Prepararnos.

Silencio.

—No buscamos guerra —

continuó.

—Buscamos entender antes de reaccionar.

—La asamblea observará cada movimiento

—afirmó el Maestre.

Sumum recorrió a todos con la mirada.

—Que nadie hable de traición.

Un consejero dudó, pero preguntó:

—¿Y si la traición ya está en marcha?

Esta vez, Sumum no dudó.

—Entonces no la enfrentaremos con miedo… sino con ventaja.

Esa frase ordenó la sala.

El rey dio un paso atrás.

—Esperaremos. Pero no estaremos quietos.

Sin agregar más, se retiró. Los consejeros no se dispersaron de inmediato.

El murmullo creció.

Algunos pedían cautela.

Otros, acción inmediata.

Por primera vez en muchos años, en las catacumbas de Tiemkush… la certeza había desaparecido.

Solo quedaba una idea clara:

El acuerdo había sido firmado.

Pero la confianza… no.




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