EPÍLOGO
El mundo no se detuvo. Nunca lo hacía. Pero algo… había cambiado. No en la superficie. No aún. El viento lo arrastraba. Lento. Persistente. Una sensación. Como si la tierra misma hubiese aceptado algo… sin comprenderlo del todo. A lo lejos, el mar se mantenía en calma. Demasiado. Y en esa calma… había más tensión que en cualquier guerra. Nadie lo dijo. Nadie lo vio. Pero algunos… ya lo sentían.