El ruido del tráfico, el olor de los puestos de comida callejera y el bullicio de la plaza, cosas a las que aún no me acostumbraba del todo, caminar entre las calles desde muy temprano y con el estómago vacío, no es por nada pero no me sentía capaz de usar el transporte público apesar de tener 17 años, apesar de que llevaba tres meses en este país tercermundista y un mes desde que empecé a asistir a la preparatoria, un nuevo entorno, totalmente distinto, ¿Cómo comparar... Londres con México por ejemplo?, y no lo digo como forma de desprecio, si no porque literalmente es como cambiar de universo, por suerte aprendí español gracias a un tío que precisamente vive en este país, ahora también vivo con él.
Sin darme cuenta había llegado a mi salón, mis pies me dirigieron a mi asiento automáticamente, una butaca con la paleta llena de groserías y corazones con iniciales posiblemente talladas por estudiantes hace cinco años.
—¡Hey!—Se acercó Fernando a toda velocidad —Justito estaba pensando en ti— arque una ceja —¿Suadero o Pastor?— Soltó sin más, sin un hola o un buenos días, la verdad me había acostumbrado a ello de alguna manera.
—No lo sé.
—¡Ándale!, es cuestión de vida o muerte — dramatizo.
—emmm...¿Pas...tor?
—¡JA!— exclamó derrepente para girarse a otra bola de estudiantes a unas sillas más alla— Ves wey, hasta el gringuito sabe que los de pastor están a toda madre.
Gringuito, otra cosa a la que me había acostumbrado y Nop, la verdad no había probado ninguna de las obsiones que me había dado.
Fernando volvió a mirarme a mi —Ahora, ¿Salsa verde o roja?.
Mi respuesta quedó en el aire, justamente en ese momento había entrado Sebastián, Sebastián Hernández, pero la razón por la que llamo la atención no fue porque se tratase de el chico más guapo o popular de la prepa, no, todo lo contrario, le habían puesto el pie y había caído de cara contra el piso, mientras "el toro", (como se hacía llamar Armando) y su pandilla se reían a carcajadas.
—Camina bien, pinche pata chueca —le grito el toro, ese tipo regordete y extremadamente grande con los dientes chuecos, pero eso solo hacia crecer esa aura que atemorizaba, incluso a mi, en verdad, preferiría no meterme en un problema con él, era capaz de romper cada uno de mis huesos y quizá de usarlos como palillos para los dientes, quien lo diría, que un heredero de la mafia Inglesa asustado por el bully de la Escuela.
Sebastián ni se inmutó, se dedicó a recoger sus cosas que había rodado por el suelo, apenas pudo tomar un lápiz y un cuaderno cuando los otros tres compinches del toro se habían levantado pisando el resto del material, romoiendolo, haciéndolo inservible mientras se reían como grupo de hienas.
Los demás estudiantes y los que iban llegando solo miraban, y rodeaban la escena, sin decir nada, incluyéndome. Observe como le llegaron a pisar la mano a Sebastián, que aún estaba arrodillado tratando de salvar algunas cosas, apenas y soltó un chillido de dolor.
Cuando finalmente todo estaba hecho añicos el grupo volvió a sus butacas, burlándose de la expresión de Sebastián y burlándose mientras lo señalaban con el dedo como si se tratase de la comedia más divertida del mundo.
Sebastián se levantó finalmente y a paso rápido se sentó en su asiento, al fondo, como si se ocultara del mundo. Lo seguí con la mirada, hasta que apoyo los brazos sobre la paleta y enterró su cabeza en ellos, como si fuese a hechar una siesta.
Me daba rabia, y no sabía porque, desde que llegué habia visto como esos tipos de burlaban de él y le hacían "bromas" pesadas, por ejemplo, hace dos semanas pintaron el asunto de su butaca con pintura roja o cuando colocaron cientos de caracoles y lombrices en su mochila..¡Y el idiota no decía nada!, solo mantenía la cabeza gacha, como si pidiera perdón por su existencia.En verdad me molestaba, me enojada a un más en qué me molestará en siquiera mirarle.
Desde el primer día que llegue me propuse tener un perfil bajo, por mi situación principalmente y no llegar a decir "hola, mi nombre es Phillip Ivanov Rackfliel, hijo de Harry Rackfliel, parte de la mafia y vine a este país para esconderme cuidado conmigo porque cuento con armas nucleares", bueno quizás exagere pero el punto es ese, nadie debe saber mis orgines, ya que empezaría el pánico, aparte no quería problemas de ningún tipo, ni crear lazos que sabía que cuando regresara a Inglaterra se cortarían para siempre, razón por la que rechazaba a todo aquel que se me acercara...Fernando fue la única excepción, se me pego como garrapata y no pude hacer más....pero volviendo al tema, Sebastián era un dejado, entendería que quizá también le tenía al toro, ¿Pero porque soportarlo?, podría decirle a algún profesor, a sus padres o cambiarse de escuela o de clase, o por lo menos si iba a soportar aquello , actuar como si no le importara , sin mostrar debilidad.
Me sacaba de quicio tener que ver eso, la razón por la que yo no habia nada era porque precisamente no era asunto mío, no me importaba y no había razón para meterme , no era de mi incumbencia y aún así me molestaba.
Quizá solo era que odiaba a los idiotas.
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Editado: 11.06.2026