—En verdad no entiendo porque no quieres venir.
—Por que no quiero, así de simple, no debe haber un por qué para todo.
Fernando bufo, ambos caminábamos por el pasillo, el profesor de Filosofía no había llegado, y como justamente era la última clase la teníamos libre, algunos habían decidido irse a casa de una vez y otros como Fernando y yo habíamos decido quedarnos a pasear por la instalación comiendo alguna botana de la tienda.
Fernando seguía insistiendo con locura sobre lo de ir a un festival, ¿De que?, ni idea, solo decía : Desfile, diversión, comida, juegos, más comida...
Realmente no quería ir, no me agradaba salir a decir verdad, las únicas veces que salía era para ir a la escuela o cuando Fernando me jalaba a la plaza a buscar cosas de a 10 pesos en las chácharas ,como las llamaba él.
—Aver, güerejo —Se coloco frente a mi con un dedo acusador — Tienes que ir porque me vas a acompañar, si voy solo mis jefes no me van a dejar.
—Invita a alguien más.
—¡No puedo!, ¡Todos prefieren ir con sus novias en lugar de conmigo, su amigo de toda la vida!
—Aja.
—¡Ándale we!, sal de ese caparazón —comenzo a darme golpes en la cabeza.
—Tengo cosas que hacer— mentí sujetando su mano para que parara de agredirme.
—A ver, ¿Que cosas? —inquirio.
Suspire, estaba por inventarme cualquier estupidez pero un estruendo capto nuestra atención, era como si se hubieran estampado contra los casilleros.
—¿Que fue eso?— soltó Fernando, poniendo una expresión sería.
No conteste, me dispuse a seguir mi camino derecho, pero Fernando me tomo por el codo y sin darme tiempo de replicar porque comenzó a correr a dónde había surgido el ruido, realmente era un chismoso en potencia, nos detuvimos de forma abrupta, escondidos tras la pared, asomando la cabeza.
Era Sebastián, tirado , al parecer el era quien había sido aventado contra los casilleros blancos, jadeaba y tenía sangre que caía de su frente, ¿Que tan fuerte se había pegado?.
Abrí más los ojos y Fernando se cubrió la boca con la mano al ver cómo el Toro lo tomo del cabello y le planteo un puñetazo en la cara, y luego otro.
—Maldito marica— fue lo que le alcance a escuchar antes de que estampara al chico a los casilleros nuevamente para después largarse de ahí.
Fernando están en shock y yo solo podía controlar las tremendas ganas de gritarle "¡Defiendete Tonto!", ni idea de cuánto tiempo paso , quizá solo unos segundos, Sebastián se levantó y hecho a correr sin percatarse de la presencia mia y de mi amigo.
—Pobre tipo— dijo Fernando enderezandose y pasando una mano por su nuca
—Es un idiota —murmure con los puños apretados.
Fernando me miró con el ceño fruncido, al parecer había logrado oírme.
—¿Que?, es la verdad, debería hacer algo al respecto —dije poniéndome un poco a la defensiva.
Fernando negó con la cabeza —No creo que estemos en posición de decir eso, nosotros lo pudimos haber defendido pero no lo hicimos.
—Para no meternos en problemas.
—Y por eso también no se defiende —Refleciono el chico— el toro es capaz de matarte a puñetazos y si Sebastian se revelará o intentara defenderse quien terminaría pero sería él.
Torció la boca, tenía razón, pero aún así no dejaba de ser una piedra en el zapato.
—¿Y porque lo molestan?— decidi preguntar para romper el tenso silencio, más aparte realmente no sabía el transfondo de eso, como llegue mucho después, solo vi como molestaban a Sebastián, pero no sabía el porque.
—Ppr rarito.
...
—¿Eh?.
—Si, por rarito.—volvio a decir Fernando.
—¿Que se supone que significa eso?.
Fernando parecía buscar las palabras para explicarlo, sin embargo no pudo responder porque justamente al profesor Ramirez se le había ocurrido acercarse a dónde estábamos.
—¿Que hacen aquí?— pregunto cruzándose se brazos.
—Ya nos íbamos, no vino el profe de filo... entonces teníamos hora libre —,Explico Fernando.
El profesor entrecerró los ojos, buscando alguna señal de sospecha —entoces ayúdenme antes de irse— miro su reloj— si, ayúdenme, tú , Torres lleve las cosas de mi escritorio a mi carro— saco las llaves de su bolsillo y se las aventó a Fernando —Y cuidado con escaparte. Y tú Ivanov —ahora me señaló a mi —Ve al ático y tráeme mi saco que deje secando, se mojo de café y tuve que colgarlo allá.—explcio brevemente para luego chasquear los dedos —Pero rápido que debo irme volando de aquí.
Fernando y yo fuimos por caminos distintos, subí por la escalera a paso normal, no me importaba ni afectaba que el profesor Ramirez llegará tarde a dónde sea que tenía que ir.
Llegué a la puerta de metal que daba a la azotea, el aire choco contra mi rostro, pude ver qué estábamos a una buena altura, era la primera vez que subía , podía ver las casa de distintos colores , la plaza y el kiosco, suspire, era lindo pero extrañaba mi casa, deje de mirar el paisaje para buscará dichoso saco, lo vi, colgado en un tendedero improvisado, me acerque para descolgarlo pero algo en mi vista de reojo llamo su atención, gire mi cabeza a un lado.
Mi corazón derrepente había subido a la garganta, era Sebastián, sabía que era el, el cabello castaño un poco más largo que el de los demás y el uniforme de la escuela que le parecía quedar dos tallas más grande, aparte de aquello no se cómo es que supe reconocerlo, pero estaba parado en la parte donde no había balcón, donde una caída sería mortal... él iba a saltar
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Editado: 11.06.2026