Borja Dorka era un hombre afable. Cuya única mayor fortuna, consistía en siete hijos, una hija y un renombre como leñador en el pequeño pueblo donde residían
Aunque su trabajo a primer vista parecía asfixiante y agotador. Le brindó la posibilidad de sustentar y educar a sus hijos . Incluso después del fallecimiento de su amada esposa
Con el paso de los años, el hombre no tenía fuerzas suficientes para ejercer su trabajo solo. Por lo que debía contar la mayor parte del tiempo con alguno de sus hijos. En una ocasión, un día como cualquier otro. Borja salió con sus dos hijos mayores de su cabaña. Despidiéndose de su hija y preparado para embarcarse a un día completo de trabajo.
En el camino, les sorprendió encontrar un anciano al límite de la muerte, al borde del bosque. Con rapidez, el leñador ordenó a sus hijos regresar a la cabaña con el hombre a cuestas. Preocupado más por la vida del desconocido, que por el día de trabajo a perder
El resto de sus hijos sorprendidos por la vuelta tan repentina. Lo estuvieron más, al ver el estado del invitado entrando por la puerta. Totalmente inconsciente. El cuarto hijo, tan veloz como un tigre de montaña. Bajó al pueblo a buscar un doctor. Mientras el tercer hijo preparaba una cama cómoda donde colocar el cuerpo. Luego el quinto hijo, intento lavar la herida con el agua caliente que el sexto hijo había preparado. Y el séptimo hijo, mantenía a la niña lejos de toda la escena.
Para cuando el médico llegó, el hombre ya había fallecido. Cargaba consigo una herida tan grande en el estómago, que no tardó mucho en morir desangrado. A pesar de los esfuerzos de los siete hijos.
El anciano, no era del pueblo y lamentablemente, no llevaba nada que lo hiciera identificable. Excepto, una bolsa pequeña con un pedazo de papel, un encendedor metálico y una brújula antigua. Al final del día. Borja Dorka se encargó del funeral y posterior del entierro.
No hubo mucho para decir, era un total desconocido. Sin embargo, las condiciones de su muerte continuaron siendo un misterio hasta unos días después. Cuando el tercer y cuarto hermano accidentalmente. Al colocar el papel cerca del fuego, revelaron el secreto plasmado en este ... un mapa
Un mapa del bosque donde usualmente trabajaban
Un mapa del área donde habían encontrado al anciano
Un mapa del tesoro... y sin lugar a dudas , uno que podría hacerlos ricos
El tercer y cuarto hermano celebraron con creces. Al caer la noche y regresar el resto de la familia. Decidieron mostrarle su descubrimiento
—¿Creen que alguien lo asesinó por este mapa? — preguntó el quinto hermano
— Podría ser posible y eso lo vuelve muy peligroso — murmuró el sexto de ellos
— !Eso no es importante! ¡Debemos decidir quienes iran a buscarlo! — gritó el tercero — Me ofrezco como voluntario
— No digas tonterías ¿No escuchaste las palabras "asesino" y "peligro" juntas?¡No es un juego de niños! — gruñó el mayor
— Sí lo pensamos con calma. No estaría mal encontrar poco de dinero. Blanche necesita ropa nueva — explicó el cuarto y los siete junto al padre. Pegaron sus ojos en la niña de doce años cubierta de vendas por todo el rostro. Usando un descolorido vestido marrón
— Tal vez, incluso un tratamiento adecuado para sus heridas — habló el padre con dolor
—¿Y qué pasa sí no hay nada o es solo una trampa? — preguntó preocupado el más joven de todos. Los mayores en cambio arrugaron sus rostros. Fue cuando el segundo le respondió
— En está vida, no hay nada sin riesgos
— Entonces, está decidido — gruñó el mayor — Vamos a descubrir que esconde ese mapa
Borja Dorka miró a cada uno se sus hijos y un escalofrío recorrió su columna. Sintió que algo muy malo sucedería, simplemente, no sabía qué y eso lo preocupaba
∆∆∆
Seis hermanos, en contra de todo pronóstico. Entraron al bosque cargados con sacos, cuerdas y sus hachas. Obligados por la curiosidad y la búsqueda de fortuna
— ¡Es a la izquierda! — gritó el tercer hermano
—¡Eres estúpido!¡Mira bien, ese es el río! — el cuarto arrancó el mapa de su hermano mayor y se dirigió al sexto — Félix, ¿tú que crees?
El segundo hermano ni siquiera permitió que el sexto emitiera sonido. Levantó la copia echa a mano, a partir del mapa original.
— Ese es el río — dijo señalando la línea dispareja que parecía ratificarse — Este es el árbol torcido que padre siempre ha querido cortar
— Tienes razón — asintió el quinto — Este pasaje lo conocemos y por este sitio, encontramos al anciano herido — dijo mientras señalaba los garabatos en el trozo de papel
— Debemos tener cuidado en esa área — murmuró el sexto un poco nervioso
— ¡Es más fácil de lo que esperaba!¡Pronto estaremos allí!— sonrió feliz el tercero y no se equivocaba.
Los hermanos conocía el bosque como la palma de su mano. Para el medio día, habían encontrado el final del camino y en este una gran cueva, cerrada por dos rocas aún más grandes.
—¿Ahora que se supone que hagamos? — preguntó el quinto
— Parece un maldito derrumbe — habló molesto el mayor
— ¿Crees qué haya sido a propósito? — el segundo hermano lucía preocupado. El resto poseía sus propias teorías
— Quizás no es la cueva el lugar. Sino algún punto de referencia. Ningún tesoro estará a la vista — el cuarto hermano acomodó sus lentes y comenzó a pensar con calma. Fue al recordar que exclamó — ¡Ahora recuerdo!¿No había algo escrito en una esquina del mapa?
El segundo hermano observó con calma el papel, pero en él no había nada
—¿Quién dibujo esto? — el mayor levantó el papel y el resto señaló al quinto hermano. El único que poseía dotes artísticos del grupo —¿Por qué no escribiste la palabra?
—¿¡Cómo iba a adivinar que era algo importante!? — ante la pregunta del mayor, se mostró ofendido. Antes de poder defenderse, el tercero lo interrumpió entre risas
— Pues ahora nosotros tendremos que adivinarlo — la broma cayó en el suelo porque ninguno de los presentes lo entendió y el tercero solo pudo hacer un silencio incómodo