Los seis hermanos quedaron mudos, ante el impresionante acto de magia que se presentaba ante sus ojos
— Ahí, yo no entró — dijo el sexto y se dirigió al árbol más cercano a sentarse a la sombra — Aquí los espero
El tercero río y el cuarto torció los ojos frustrado. El resto, se dirigió con cuidado a la cueva.
No hubo necesidad de prender antorchas, en el segundo en que pusieron un pie dentro. Grandes luces de colores, como luciérnagas en plena noche de verano. Elevaron su vuelo y quedaron estáticas el las paredes. Casi pegadas a ellas
El cuarto hermano se detuvo a observarlas. Sin embargo fue rápidamente arrastrado por el primero. Y después de unos pocos pasos. La cueva dejo de ser angosta y estrecha. Para volverse colosal y astronómica. Acompañada de un magnífico e infinito tesoro dentro. El cual se abría paso bajo lo que parecía, el esqueleto de un dragón muerto
Los hijos de Borja Dorka, lo pensaron mucho antes de bajar. Ahora comprendían porque el anciano había muerto o porque acabaron con su pobre vida.
Lejos de querer mancharse con los brazos vacíos. Sonrieron y sus ojos se llenaron con esa intensidad que los hombres llaman ... avaricia. Lanzándose hacia el brillante oro que como posesión, los llamaba. Echando en sus sacos y bolsillos todo lo que podían tomar
El quinto hijo encontró, algo que llamó su atención sin precedentes. Sobre un pedestal, tras una caja de vidrio, una botella de plata pura. Con incrustaciones de diamantes que hacían juego con la blanco pulcridad de la pieza y dibujos extraños tallados por todo su estructura. Fue para él, la personificación del arte. Uno al que nunca en su vida había visto y en qué sus más grandes sueños quería alcanzar ... el de un artista famoso. Capaz de crear monumentos tan finos y detallados. Si dudarlo mucho la tomó entre sus manos y no tardó nada, en comenzar el desatre
Un grito de pánico salió de la garganta del tercer hermano. Los viejos huesos del dragón comenzaban a moverse. Sus fauces se abrieron y de su boca, un fuego negro salió disparado como una advertencia sin precedentes
— ¡Corran! — gritó el mayor. Tomando del brazo al cuarto que se encontraba a su lado
El segundo rodó al suelo , golpeando su cabeza con un cofre de oro . Quedando totalmente inconsciente. El quinto se mantuvo aferrado a la botella, incluso cuando el dragón comenzó a disparar en su dirección
El primero logró, con dificultad, llegar al segundo e intentar despertarlo. Pero al no ver señales de movimiento. Lo subió a su espalda con ayuda del cuarto. Se dispuso, finalmente, a reunir al esto de sus hermanos y salir vivos tan rápido como pudieran.
Por mucho que lo intentó, la situación se encontraba lejos de lo favorable. Pues el tercero se encontraba en el suelo, completamente calcinado.
Los gritos de dolor se hicieron esperar. La desesperación tomó lugar y los hermanos no sabía que hacer. Habían perdido a uno de los suyos. El hermano mayor quedó estático en el suelo. Podía escuchar su voz risueña, haciendo bromas pesadas y allí, yacía muerto. La culpa lo alcanzó. Con su otro hermano a cuesta. Debió tomar una desición, una que en el fondo de su alma. Quebró cada pedazo de su ser
Dejarlo y huir
La suerte, después de aquella tragedia. Pareció sonreírle cuando cruzaron solo cuatro de ellos la entrada de la cueva
—¿¡Cómo demonios se cierra!? — gritó el cuarto
— Pimienta , pimienta — dijo el sexto asustado y sin necesidad de repetirlo una vez más. Tal como la inicio, las rocas cubrieron totalmente la entrada
— ¿Dónde está Octavio? — preguntó el sexto refiriéndose al tercer hermano. Las miradas perdidas en el resto . Las lágrimas y los gritos de frustración. Así como el silencio y la consternación . Fueron suficiente evidencia para comprenderlo. Y como el resto, el dolor tocó su cuerpo. Desgarrandolo por dentro
— ¿!Por qué!? — gritó el sexto —¿¡Por qué lo dejaron dentro!?¿¡Qué le diremos a papá y a Blanche!?
—¿Qué haremos ahora? — preguntó aún en shock, el cuarto. Quién por primera vez en su vida. Parecía ser un pregunta a la que él, no tenía la respuesta
El segundo hermano despertó viendo las lágrimas del primero. Caer efusivamente por su rostro y en poco tiempo el también comprendió la situación. Solo que a diferencia de los demás. Se mostró tranquilo y ajeno
— Creo ... creo que fue mi culpa — confesó el quinto — ¡Todo por esta porquería! — dijo mostrando la botella
—¿De qué demonios estás hablando?¡Todos tomamos tesoros!¡¿Estás diciendo que eso despertó al dragón!? — gritó el mayor
— No lo sé ... cuando lo saque de su vitrina . El dragón comenzó a moverse — cada palabra era pronunciada de manera entrecortada. Acompañada de gemidos, pausas y más lágrimas
—¿Es una broma , verdad?¡Tiene que ser todo esto una broma!¡No puede estar muerto! — el sexto negaba. Se enfrentaba a una visible negación
—¡Todo por esta basura! — gritó nuevamente el quinto y arrojó el precioso objeto al suelo. Sin conocer , lo que su acción tendría como consecuencia
Al entrar en contacto con el suelo. La botella de rompió en cientos de pedazos. En un pestañeo un humo blanco y espeso salió de los fragmentos rotos
—¡Libertad!¡Al fin! — la mujer que salía de los trazos. Se encontraba lejos de conocer el concepto de fealdad o decencia
El cuerpo desnudo se cubría solamente por la capa de cabello negro largo. El cual se aferraba como una segunda piel al cuerpo
— ¡Mis niños!¿Son ustedes mis salvadores! — preguntó ella con una voz peligrosamente dulce
Los hermanos por su parte lucían expresiones mezcladas con asombro, dolor y miedo
—¿¡Quién se supone eres tú!?¿¡Eres un demonio!? — preguntó molesto el mayor. Listo para lanzarse a atacarla. Se negaba a derramar más sangre de su familia ese día
— Por supuesto que no . Yo... soy ¡El hada madrina!