One More Time

Capítulo 5: Cenicienta y los Siete Ladrones

— ¡Manos arriba!¡Entreguenos todo lo que posean! — Silver se mostraba enojada.

¿Cuántas cosas más debían sucederle antes de encontrar la dichosa casa?

Primero la miserable rana que la había engañado. Luego el caballero y el lobo. Siguiendo los dos idiotas parlanchines y finalmente, ladrones. Entre todas la cosas que podrían pasar en un bosque. Estar en el medio de un asalto, era remotamente el límite

— ¡Bandidos, Acasio!¡Bandidos de mala muerte han venido a despojarnos de nuestras pertenencias! — exclamó Don Quito tocando su estada — ¡No os dejaremos!¡No mientras yo , Don Quito de Predegales, esté presente!

— Cierra la boca, abuelo. Sí no quieres perder tu vida. Aprieta los dientes y danos tu oro — habló uno de los ladrones más cercanos a Silver

— Señor — murmuró Acasio — Lo más óptimo será una retirada estratégica

— ¡Tonterías, hombre!¡De los cobardes nada se ha escrito! — gritó Don Quito levantando su espada en el aire —¡Ronda de cobardes encapuchados os voy a ...

Antes de que pudiera terminar la simple frase. Una flecha proveniente de un árbol a la derecha, paso de largo . Cortando la mejilla derecha del hombre y clavándose en el suelo

— ¡Me rindo!¡No hay necesidad de perturbar a la muerte! — gritó asustado Don Quito y Acasio Galeta río estruendosamente

Silver sabía cómo terminaría este asunto. La rabia, parecía querer consumirla. Cuando uno de los ladrones se acercó a ella. Colocando la ballesta a pocos centímetros de su rostro y diciendo

— Tú también bruja. Suelta todo lo que tienes

—¡No soy una bruja! — se defendió, dando un buen pisotón en el camino de tierra

— No me importa quién demonios seas. Cómo si eres una princesa . Empieza a dejar caer todo lo de valor o , podemos comprobar cuál es tu valor en el mercado.

— Hay muchos ricos viejos, que le gustan las chicas jóvenes y excesivamente bonitas como tú — secundó otro ladrón , al comentario del hablaba

—¡Bruja!¡No molestes a estos nobles hombres que solo intentan sobrevivir en este inmundo bosque! — gritó Don Quito y al Silver fijar sus ojos en él

Se dió cuenta , que el larguirucho hombre . Ya se había quitado básicamente todo. Exepto la ropa interior . Su rostro de contrajo con disgusto, al ver el mal elaborado tatuaje en su pecho.

—¡Ese tatuaje!¿¡Dónde te lo hiciste!?¿¡Que significa!? — gritó ella colérica. Al recordar por un momento donde lo había visto

En el Palacio Real, justo en la mejilla del falso Príncipe. Poseían el mismo signo. Solo que más pequeño

— ¡No te muevas! — gritó el ladrón a su lado . Golpeando su pecho y haciendola caer al suelo

Su cuerpo cayó en el brazo donde llevaba la piedra preciosa incrustada. El dolor al impactar contra el suelo y ejercer presión sobre este. Fue sin lugar a dudas , algo nunca sentido en su vida. Los gritos llegaron , Silver chillaba y se contorcionaba en el suelo cubierta de lágrimas

—¡Se ha vuelto loca la bruja! — gritó Don Quito

—¡No diga eso , Don!¡Debe haberse golpeado muy duro!— regaño Acasio a su compañero y luego se dirigió al ladrón —¡Qué bruto!¡Mira lo que le has echo!¡Tenemos que ayudarla!

—¡Qué nadie se mueva! — gritó el primer ladrón — ¡Tú! — dijo señalando al que estaba justo al lado de Silver — Revísala

El ladrón se acercó. Pero al hacerlo una voz melodiosa llenó el lugar

— Dulce dolor ¿Cuándo te irás?Abandona este cuerpo. Permíteme respirar. Oh dulce dolor . Sin ti puedo respirar y sentir la inmensa y necesaria paz

El dolor de la chica disminuyó considerablemente a cada segundo que la canción transcurría

—¡Es la Rana! — gritó un ladrón

—¡Atrapenla! — dijo otro

—¡Dejen a la rana! — habló Silver. Quién se las había arreglado para arrojarle tierra en los ojos. En el momento en que se acercó a verla y quitarle la bayesta . Lo suficientemente rápido para apuntarle con ella

El silencio fue nulo

— Baja eso — el tono del primer ladrón fue suave comparado con las veces anteriores

— No y que ninguno se acerque a la rana — se giró hacia la susodicha y le dijo — La Casa de Galletas, no Acasio Galeta

— Ese soy yo — levantó la mano el hombre y la rana le brindó una mirada

— Errores que suceden — dijo esta

— ¡Ah!¡Ahora ya no cantas! — Silver lo miró casi gruñendo — Tenemos un trato. Tienes que llevarme a la casa de Galletas ¡Pero la maldita esfera se equivocó!

— Un momento — interrumpió uno de los ladrones. Quitándose la máscara negra, que todos llevaban sobre el rostro —Muñeca, ¿tienes un trato con la rana?¿Posees la esfera? Sabemos dónde está la casa de galletas

Silver quedó boquiabierta como pocas veces en su vida. El ladrón frente a ella , no parecía llevarle muchos años. Poseía un rostro hermoso. Lo observó de los pies a la cabeza y con cuidado. Se dió cuenta el cuerpo musculoso que portaba

—¿Sí? — murmuró ella utilizando ese tono de voz que también le salía. Como una delicada dama — ¿Queréis la esfera? — el chico asintió — Pero , ¿cómo me asegurarían que me llevarán a la casa sin quitarme la esfera?¿O qué simplemente me llevarán al lugar correcto?

—¿Y confías en él? — dijo señando a la rana

— Bendita confianza. Cómo eres necesaria ...

—¡Cállate! — giró Silver — Estamos en esta situación, por tu culpa. Dijiste que iríamos rápido y mira en que problema estamos

— Errores que suceden — dijo la rana , nuevamente

— Pues hace tres meses, también dijo que nos ayudaría y luego, simplemente despareció — confesó el ladrón sin máscara

— Recuerdo haberlos ayudado — la rana se mostró ofendida ante la acusación del ladrón

— ¡Mentiras! — gritó el primer ladrón

— Te mentirá a ti también — el ladrón apuesto intentó duramente convencerla

— Lo siento ¡El último rostro bonito en el que confíe, resultó ser un gordo barrigón con un garfio en la mano!

— Don Quito¿Escuchó a la nena? — murmuró Acasio

— Por supuesto, hombre. No haya dudas la respecto




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