One shots: Stray kids

♪09♪

You make this Christmas, red and white~

Era un frío día de diciembre en Seúl. La ciudad se vestía con luces y adornos navideños, pero para Minho, esas decoraciones solo eran un recordatorio de la culpa y el cansancio que sentía tras meses de giras, ensayos y expectativas. Solo quería un momento de paz, un respiro del bullicio y la presión.

Decidió entrar en un pequeño café, escondido entre calles antiguas, buscando un lugar donde pudiera desconectar y tal vez, leer algo que le ayudara a olvidar por un rato su realidad. Al entrar, la calidez del lugar lo envolvió. La música suave, las risas moderadas y el aroma a café recién hecho le dieron la bienvenida. Sus ojos se posaron en una joven que, concentrada en su cuaderno, escribía con atención. Ella era una estudiante de literatura, con cabello largo y oscuro, y una expresión de concentración que reflejaba su amor por las palabras.

—¿Puedo sentarme aquí? —preguntó Minho, señalando la silla vacía frente a ella.

—Claro —respondió ella, sin levantar demasiado la vista—. Solo hay una mesa, pero no me molesta.

Minho se acomodó, sacó su libro y trató de sumergirse en la lectura, pero era imposible ignorar la presencia de esa joven. La magia de la Navidad parecía reflejarse en ella, en la forma en que escribía, en la tranquilidad que transmitía en medio del ajetreo.

Un par de horas después, ella se levantó para irse, dejando en la mesa un pequeño cuaderno de notas y un libro de poesía.

—Gracias por permitirme quedarme —dijo ella con una sonrisa tímida—. Feliz Navidad.

—Igualmente —respondió Minho, sorprendido por la calidez en su voz—. Espero que tengas unas felices fiestas.

Extrañamente, se sentía cómodo con ella, y sintió el alivio instantáneo en su pecho. Apenas empezaba el mes de Diciembre, y ya tenía una razón para disfrutar la navidad.

Por las festividades, las empresas De Kpop decidieron bajar un poco las actividades de sus artistas, para darles la oportunidad de descansar y visitar a sus seres queridos.

Por el lado de Minho eso fué totalmente imposible, su empresa solo dió tiempo para descansar y dar paseos, era otro año más sin poder visitar a sus padres y sus gatitos. Su único consuelo era aquella cafetería, que sin darse cuenta de había convertido en su favorita.

Porque podría ver a esa misteriosa chica.

Durante las siguientes semanas, Minho empezó a visitar ese mismo café, cada día a la misma hora. La rutina se convirtió en un refugio para él, un lugar donde podía ser solo Minho, sin etiquetas ni expectativas. Y, sin que él lo supiera, ella también comenzó a esperar su presencia.

Ella siempre estaba allí, estudiando, o simplemente leyendo con un café a su lado, su cabello castaño caía en suaves ondas y un suave sonrojo adornaba sus mejillas por el frío del día. Un gorro de lana color champagne
decoraba su cabeza, y un abrigo del mismo tono. Minho no podía evitar verla embobado por la paz y tranquilidad que transmitía, y hacia su terco corazón acelerarse.

Poco a poco, ella se acercaba a él, buscando sacarlo de esa zona de confort y pesadez con la qué llegaba cada día a la cafetería.

—¿Eres tú siempre aquí? —preguntó con una sonrisa, con el cuaderno en mano.

—Sí —dijo Minho, sorprendiendo por la confianza—. Este lugar se ha convertido en mi pequeña escapatoria.

—Yo también vengo aquí para escapar un poco. La literatura me ayuda a desconectar del mundo —dijo ella, con una mirada que brillaba con pasión—. Me llamo Soo Jin.

—Minho. Encantado —respondió, extendiendo la mano.

Desde ese día, sus conversaciones se hicieron más frecuentes. Hablaban de libros, de sus sueños y de las cosas que los hacían sentir vivos en medio de un diciembre que parecía más mágico que nunca.

Una noche, mientras la nieve comenzaba a caer suavemente, Soo Jin le mostró un poema que había escrito inspirado en la Navidad.

—¿Quieres leerlo? —preguntó nerviosa.

—Claro —dijo Minho, con una sonrisa sincera—. Me encantaría.

Ella leyó en voz alta, y en ese momento, Minho sintió que el mundo se detenía por un instante. La calidez de sus palabras, la sinceridad en su voz, le hicieron entender que en ese pequeño rincón de Seúl, algo especial estaba naciendo.

La voz de Soo Jin flotaba en el aire como un hilo invisible que unía cada palabra con el latido de Minho. El poema hablaba de luces que iluminaban la oscuridad, de abrazos que vencían el frío, de esperanzas que renacían en cada copo de nieve. Minho la escuchaba con atención, como si cada verso fuese un secreto compartido solo con él.

Cuando terminó de leer, hubo un silencio breve, pero cargado de significado. Afuera, la nieve seguía cayendo, y dentro del café, el murmullo de las tazas y las conversaciones parecía desvanecerse.

—Es hermoso —dijo Minho finalmente, con una sinceridad que hizo sonrojar a Soo Jin—. Nunca había sentido que la Navidad pudiera ser tan… íntima.

Ella bajó la mirada, jugueteando con el borde de su cuaderno.
—A veces escribo para recordar que incluso en los inviernos más fríos, siempre hay algo que puede calentarnos.

Minho sonrió, y por primera vez en mucho tiempo, sintió que alguien lo entendía sin necesidad de explicaciones.

Los días siguientes, la rutina en el café se transformó. Ya no era solo un refugio para Minho, sino un espacio compartido. Soo Jin llevaba siempre su cuaderno, y Minho empezaba a traer libros que pensaba podrían interesarle. Entre páginas y versos, comenzaron a descubrir que sus mundos, aunque distintos, tenían puntos de encuentro inesperados.

Una tarde, mientras el sol se escondía tras los edificios y el cielo se teñía de tonos rosados, Soo Jin le preguntó:
—¿Qué sueñas, Minho?

Él se quedó pensativo.
—Sueño con encontrar un lugar donde pueda ser yo mismo, sin miedo a decepcionar a nadie. Y creo que… este café, contigo, se acerca bastante a ese lugar.

Soo Jin lo miró con una mezcla de ternura y sorpresa.
—Yo sueño con que mis palabras puedan tocar a alguien, aunque sea una sola persona. Quizás ya lo están haciendo.




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