—Estoy emocionada por compartir otra noche con ustedes, lista para traerles noticias que les alegrarán el corazón y quizás alguna advertencia para que no se me desvíen del camino. Tenemos tanto de qué hablar que el reloj ya me está mirando con mala cara, así que seré breve... porque hoy no estoy sola.
Amelia ladeó la cabeza hacia Oliver y le dedicó una mirada cómplice. Él se ajustó los audífonos de diadema sobre su cabello con calma y se aproximó al micrófono mientras una sonrisa de suficiencia le curvaba los labios.
—Como me encanta consentirlos, y porque colapsaron mi bandeja de entrada pidiéndolo... hoy nos acompaña el único, el incorregible, el dueño de nuestros corazones: ¡nuestro querido Lince!
—Hola a todos, familia —la voz de Oliver entró con una energía juguetona—. Estoy feliz de volver a ese espacio y gracias por la insistencia. Nuestra querida Aria se resistía a dejarme salir al aire; sospecho que le aterraba que terminaran dándome más amor a mí que a ella. —Oliver le guiñó un ojo a Amelia, cuya risa se filtró por el micrófono—. Es un poco posesiva con su audiencia... pero bueno, no se lo crean, en el fondo me extrañaba tanto como ustedes.
—Modera ese ego, Lince, que el estudio es pequeño y no vas a caber —bromeó ella, mientras sus dedos se movían con destreza sobre la consola para deslizar el fader—. Pero antes de la gran bomba que les tenemos preparada, vamos a calentar motores con un poco de The Neighbourhood. Disfrútenlo.
En cuanto los acordes de la canción se filtraron por el dial e inundaron sus auriculares, Amelia pulsó el interruptor de mute; el indicador carmesí de su micrófono se extinguió y con esta, la energía de Aria. Se desplomó contra el respaldo de la silla, ocultando el rostro entre sus manos.
Oliver no demoró ni un segundo en reaccionar. Se quitó los audífonos, dejándolos reposar sobre su cuello, y se inclinó sobre la mesa. Su mirada, usualmente llena de un brillo juguetón, se transformó en preocupación pura.
—Lia... —Su voz ya no era la de "Lince", era la de Olly—. No tenemos que seguir con esto si no te sientes capaz. Podemos soltar la noticia del concurso ahora mismo y cerrar el programa. Óscar entenderá que estás agotada.
Amelia alzó la vista. Las ojeras de sus ojos se acentuaban bajo la luz fluorescente del estudio. Le dedicó una sonrisa débil, de esas que no llegan a los ojos.
—Estoy bien, de verdad. Solo... es el cansancio. No pude dormir bien anoche. Entre el accidente y... bueno, siento que mi cerebro no deja de emitir estática. Solo necesito un café cargado.
Oliver extendió la mano y le oprimió los dedos con suavidad sobre la mesa, un gesto que valía más que mil palabras.
—En cuanto salgamos de aquí, te llevaré a nuestra cafetería favorita. Te compraré el café más grande y cargado del menú, con ese extra de caramelo que te gusta. Mi invitación, por supuesto.
Amelia se inclinó y lo rodeó con un abrazo.
—Gracias, Olly. No sé qué haría sin mi Lince.
La melodía rítmica de Sweater Weather se desvaneció, cediendo el paso a una reverberación tenue que Amelia aprovechó para ajustar su micrófono.
—Gracias a The Neighbourhood por ponernos en el mood correcto. —dijo Aria, su voz fluyendo con una calidez renovada—. Ahora, Lince, creo que ya no podemos ocultarlo más. Siento que el sitio web va a colapsar si no soltamos la bomba que llevamos meses preparando.
—Tienes razón, Aria. La bandeja de entrada está a punto de entrar en combustión espontánea —Oliver se inclinó hacia el micro, el aro de plata de su oreja destellando bajo la luz roja—. Hoy, oficialmente, abrimos la convocatoria que muchos de ustedes estaban esperando.
—¡Así es! —exclamó ella—. Lanzamos oficialmente nuestro concurso anual: "Destácate por lo que eres".
—El nombre lo dice todo, amigos —añadió Lince con un tono más serio y motivador—. No buscamos la cara más bonita ni el vídeo mejor editado. Queremos talento genuino, gente que tenga algo que decirle al mundo y no haya encontrado el micrófono adecuado.
—Seis ganadores vendrán aquí, a esta misma cabina —continuó Aria—. No solo para ser entrevistados, sino para protagonizar un programa especial donde mostrarán su arte en vivo para todo el país. Estarán acompañados por tres artistas invitados que, como nosotros, creen que el talento no tiene límites.
—Y por supuesto, el premio incluye becas de formación, cortesía de nuestra querida Academia de Música y Arte de la ciudad, para asegurar que su trayectoria siga en ascenso. —Concluyó Oliver con una sonrisa que se notaba en su voz—. Vayan al enlace en nuestro portal, rellenen el formulario y envíen ese video demostrando por qué merecen ser escuchados. Tienen hasta el 15 de este mes. ¡Corran, que el tiempo vuela!
Tras una hora de interactuar con la audiencia, atendiendo llamadas de jóvenes desbordantes de ilusión: desde uno que cantaba ópera en las calles hasta uno que escribía poesías sobre el acoso escolar, el programa llegó a su fin.
El silencio que siguió fue denso. Amelia se recostó contra el respaldo de la silla giratoria, soltando un suspiro largo mientras se frotaba las sienes. Oliver deslizó su silla con suavidad hacia su dirección.
—Me lo prometiste, Lia —dijo en un susurro—. Y no me vengas con que es el cansancio. Te he visto la cara que salimos de tu casa. Por favor, cuéntame.
Editado: 05.06.2026