Oneiria: Fragmentos de Cristal

CAPÍTULO 5: Espejismo

Tan pronto como el sonido estridente de la campana anunció el final de las clases, los pasillos se abarrotaron de estudiantes de todos los grados. Entre el alboroto, a Amelia le resultó agradable el aroma a detergente cítrico y productos de limpieza que impregnaba el ambiente. En su caminar pausado hacia la salida, charlaba con un animado Oliver.

Intentaba dedicarle toda su atención, pero con cada parpadeo, su mente boicoteaba sus esfuerzos, viajando de vuelta a la imagen del muchacho de ojos grises que le había sonreído en su letargo. No pudo evitar esbozar una sutil sonrisa al recordarlo.

—Si mañana saco un cero en el examen, me mudaré del país y me cambiaré el apellido. No soportaré la vergüenza de un cero, Lia. No de nuevo.

—Eso es bueno —respondió ella de forma automática, con la mirada perdida en el vacío.

Oliver la observó de reojo mientras acortaban la distancia hacia el pasillo principal. Una chispa de diversión iluminó sus ojos al percatarse de su flagrante distracción, y decidió ponerla a prueba.

—Estoy considerando seriamente ponerme un vestido rojo y bailar Personal Jesus en medio de la calle. Ya sabes… mientras balanceo mis caderas sensualmente.

—Suena bien…

—Luego seduciré a un vaquero con bigote y me iré con él a Texas; seré una esposa alocada que haga que todos sus amigos se enamoren perdidamente y se peleen a muerte por mí.

—Eso está genial… Espera, ¿qué? —Amelia parpadeó, saliendo abruptamente de su ensimismamiento.

—No me estás prestando ni un ápice de atención —soltó él una carcajada contagiosa mientras estiraba el brazo para desordenarle el pelo con cariño—. ¿En qué recóndito lugar anda tu mentecita que no me escuchas?

—Perdona, Olly, no lo hacía a propósito…

—Lo sé, Lia, te conozco desde los seis años —su tono se suavizó—. Si algo te tiene en ese estado de alienación, debe ser importante. ¿Me lo contarás?

Amelia vaciló, jugueteando con las correas de su mochila.

—Es que… tuve un sueño.

—Si son sueños húmedos, te detengo ahí, querida; no quiero los detalles escabrosos —bromeó él, guiñándole un ojo.

—¡Oliver! —El rubor encendió las mejillas de Amelia de inmediato y le propinó un suave golpe en el brazo—. No se trata de eso, en absoluto.

Oliver soltó una risa, levantando las manos en señal de rendición.

—Bueno, bueno, concedido. Pero si alguna vez quieres contarme un delirio de esos… también te escucharé —añadió con una sonrisa boyante y juguetona.

—Eres incorregible. —Luego, tras echar un rápido vistazo a su alrededor, se inclinó hacia él y susurró: —Soñé con un chico. Tenía la misma aura extraña que los otros muchachos que he visto antes… y también vestía de un blanco perfecto.

Oliver detuvo su caminata por un breve segundo, asimilando la seriedad en la voz de su amiga.

—¿Era apuesto?

—¿Acaso eso importa?

—¡Claro que importa! —exclamó él, reanudando el paso—. Si te tiene así de perdida y divagando por los pasillos, entonces debe ser portador de una fisonomía envidiable. Quiero saber qué tanto.

—No puedo decir eso…

—¿Por qué? ¿Por tu novio? —Oliver la observó con fijeza. El silencio repentino de Amelia operó como una confirmación absoluta—. Vamos, Lia, puedes admitir que alguien es apuesto o guapo; eso no quebranta ninguna ley moral. No es como si estuvieras ciega; el que te atraiga o te mueva el piso ya es un asunto muy diferente.

—Bueno… era apuesto —admitió ella algo nerviosa, desviando la mirada—. Tenía una sonrisa hermosa, y unos ojos…

—¿En serio estás segura de que no fue un sueño húmedo?

—¡Qué no! —Le dio un codazo más firme esta vez, aunque Oliver solo ensanchó su sonrisa—. Pero hablo en serio, Olly. Tenía esa pulsera con una perla rosa y, a diferencia de todos los demás que he visto, la de él brilló. Emitió una luz tan intensa y pura… fue lo más hermoso que haya visto jamás.

—Tu cara al recordarlo lo dice absolutamente todo.

—¿De qué hablan? —interrumpió la voz de Gabriel.

Se posicionó junto a ella, marcando una distancia deliberada de Oliver. Al toparse con su mirada, frunció sutilmente el ceño. El otro, lejos de sentirse intimidado, respondió con una sonrisa de medio lado; parecía disfrutar de la incomodidad del novio de su amiga. Gabriel apartó la mirada, centrando toda su atención en su novia.

—Amelia, espero que no estés perdiendo el tiempo en… distracciones innecesarias. El examen de mañana es importante para tu promedio.

Oliver rodó los ojos con fastidio, soltando una risita corta y carente de humor.

—Tranquilo, "Señor Necesario", solo estábamos debatiendo sobre mis supuestos sueños húmedos. No todo en esta vida se reduce a un libro de texto, ¿sabes?

La expresión de Gabriel se crispó con rigidez ante la insolencia. Ignoró la pulla de Oliver, tratando de mantenerse sereno.

—Vamos a la biblioteca. Necesitamos repasar los eventos de la Segunda Guerra Mundial.




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