Se incorpora, incapaz de dar crédito a lo que escucha. Sus rodillas flaquean y la traicionan; vuelve a sumirse en el sofá e intenta asimilar las palabras de su padre. Contrae los dedos y clava las uñas en las palmas. Alza la vista; los ojos se le humedecen. Reprime el llanto.
—Eso es imposible. ¡Yo la vi! Estaba a un paso de él. Vi su pelo, vi su ropa blanca —su voz vacila—. ¿Cómo puede no ser real?
—Amelia, escúchanos. —Paul se acercó, tratando de ponerle una mano en el hombro; no obstante, ella retrocedió—. Has pasado por mucho estas semanas. El estrés de la radio, Harrison presionando, tus exámenes y presenciar una muerte tan joven de forma tan violenta... A veces el cerebro hace cosas extrañas para protegerse. A veces crea imágenes, llena espacios...
—¿Me están diciendo que me lo inventé? —Su voz sale cargada de indignación—. ¿Qué me estoy volviendo loca?
—Te estamos diciendo que necesitas descansar —intervino Raúl—. Mañana llamaremos al doctor Vargas; quizás sea una conmoción leve por el susto o simplemente agotamiento extremo.
Amelia se retuerce las manos en el regazo. La mirada compasiva de sus padres le duele más que un reproche. Para ellos, es un problema médico, un fallo en su psique. Baja la mirada, avergonzada.
—No necesito un médico —murmura, con los ojos llenos de lágrimas de impotencia; aun así, no alza la voz—. Necesito que me crean.
—Te queremos, Amelia. Por eso vamos a ayudarte a superar este trauma —concluyó Paul, dejando una caricia suave en su cabello. Un intento de consuelo que le bastó para desistir y aceptarlo.
Amelia guarda silencio y se limita a asentir con la mirada baja. Comprende que resulta inútil intentar convencerlos de lo presenciado, pues incluso ya empezaba a dudar de sí misma.
Sube a su habitación a oscuras, corre el cerrojo y avanza hacia el espejo grande adherido a la puerta del armario; no se reconoce. Si el mundo entero, incluidas las cámaras, negaba la existencia de aquellas figuras, carecía de todo argumento para contradecirlo.
¿Quiénes eran esos seres?
Su mente es un caos; ya no discierne entre lo real y lo imaginario, entre lo que ha visto y lo que ha ‘inventado’. Teme cerrar los ojos y volver a verlos, porque sabe que, si lo hace, perderá la cordura.
«Esto es una locura. ¿Y si realmente hay algo mal en mi cabeza? Tal vez papá tenga razón y todo el estrés me está pasando factura». El llanto le inunda las mejillas . «¿Soy yo la que está mal? ¿Hay algo malo en mí?»
Se sienta al borde de la cama, con la espalda encorvada y las manos aferradas a las rodillas. Si admite que lo que observó es cierto, su vida, tal como la conoce, se desmoronará para siempre. Pero la alternativa, que su equilibrio mental se esté rompiendo, resulta igual de aterradora.
La necesidad de una respuesta externa, de algo objetivo, se vuelve insoportable. Quiere encontrar al menos una explicación para sentirse segura. Ya fuera una cosa u otra, debía saberlo o, al menos, intentar hallarlo. Con movimientos torpes y temblorosos, toma el portátil del escritorio. El cursor parpadea en la barra de búsqueda.
Escribe, borra y vuelve a intentar.
"¿Alucinaciones de figuras blancas por estrés?" —Borrado.
"¿Soñar con alguien y verlo despierto?" —Eliminado; suena a locura.
«Es absurdo. ¿Cómo se supone que busque esto sin parecer desquiciada?»
Finalmente, con una mezcla de vergüenza y desesperación, teclea rápido: "Ver personas vestidas de blanco en sueños y realidad: significado". Presiona Enter. La pantalla se llena de una variedad de resultados.
Lee artículos de psicología sobre intrusión REM, un fenómeno en el que los límites entre el sueño y la realidad se disuelven por el agotamiento. Los textos señalan que el cerebro, bajo estrés extremo, proyecta arquetipos de "guías" o "figuras de autoridad".
Pasa a foros de experiencias espirituales: hilos titulados "Encuentros con seres de luz", "ángeles guardianes" o "visitantes de blanco". Los usuarios describen lo que vieron: figuras que traen mensajes, que cruzan dimensiones.
Leer aquello le provoca náuseas; no quiere ser "elegida", solo quiere dormir tranquila.
Encuentra sitios de interpretación de sueños: el blanco simboliza pureza, un nuevo comienzo. Sin embargo, soñar con desconocidos con ese atuendo refleja inestabilidad emocional e impulsividad.
Lejos de encontrar una salida, su mente se vuelve más difusa; lucha por comprender qué sucede.
«Tiene que ser el estrés. Son demasiadas cosas: los exámenes, Harrison y su absurda petición, el evento de la radio, los patrocinadores que faltan…». Intenta convencerse.
—Me niego a creer que es algo más —cerró el portátil—. Sí, solo es agotamiento, Amelia. Solo relájate y descansa.
Deja el equipo en el escritorio y se desliza bajo el edredón; tras unos minutos intentando despejar su mente, el sueño la vence.
Sentada frente al pupitre de madera, extrae una lapicera azul. Toma una bocanada de aire y la deja salir. El docente de historia recorría las filas con pasos lentos, depositando las hojas de examen boca abajo sobre cada mesa.
Editado: 24.06.2026