Operación eclipse

La sombra en el equipo

La lluvia caía a cántaros sobre Fortaleza Roca Negra.

Kael revisó por última vez el cronómetro en su muñeca. 02:59 a.m.
En 60 segundos, el Coronel Daren cortaría el campo de fuerza desde el puesto de control externo. 8 minutos para entrar, robar los registros de las minas y salir antes de que Voss se diera cuenta.

“Posiciones”, susurró Kael.

Rina estaba en el techo del puesto de avanzada, cubriendo con su rifle. Dos ex-prisioneros, Marcos y Lena, estaban con él en la base del muro. Nerviosos, pero firmes.

El aire zumbó.

El campo de fuerza frente a ellos se apagó con un chasquido sordo. Un agujero negro de 3 metros en la barrera azul.

“¡Ahora!”, ordenó Kael.

Corrieron.

Cruzaron el muro sin que sonara una sola alarma. Demasiado fácil.

“Algo no cuadra”, dijo Rina por el auricular. “Los sensores internos siguen activos. Si Daren cortó el campo, debió apagarlos también”.

Kael frenó en seco frente a la puerta de servicio.

Demasiado tarde.

Las luces rojas estallaron.

Trampillas se abrieron en el suelo y del techo bajaron cuatro torretas automáticas.

“¡Emboscada!”, gritó Lena.

Kael la empujó hacia atrás justo cuando una ráfaga de plasma le pasaba donde había estado su cabeza.

“Rina, sácanos de aquí!”, gritó.

Silencio en el auricular.

“Rina, responde!”

Solo estática.

Marcos maldijo. “Nos vendieron”.

Kael lo entendió en ese instante. Daren nunca iba a traicionar a Voss. El archivo que le mostró era real, pero Daren se lo entregó a Voss hace 12 horas. Todo esto era una trampa para capturar a Kael y a los fugados de una vez.

Una voz familiar resonó por los altavoces de la base.

“Bienvenido, Kael. Esperaba que fueras más listo”.

Era el Coronel Daren.

“¿Por qué?”, escupió Kael, disparando a una torreta hasta hacerla estallar. “¿Dinero? ¿Miedo?”

“Miedo no”, respondió Daren con calma. “Lealtad. Voss mantiene a mi hija viva. Está en una de sus ‘instalaciones médicas’. Si yo fallo, ella muere”.

Kael sintió la rabia subirle a la garganta. Otra vez, otra persona usando a su familia como excusa.

“Entonces muere con él”, dijo.

Se lanzó hacia adelante. No contra las torretas. Contra la puerta de control que estaba a 15 metros. Si lograba cerrarla manualmente, cortaba el suministro de energía de las torretas.

Lena lo cubrió con fuego de supresión. Marcos no lo logró. Una ráfaga le dio en el pecho y cayó sin un sonido.

Kael llegó a la puerta. Metió la mano en el panel.

Y entonces la puerta detrás de él se abrió.

No eran guardias.

Era Rina.

Pero no apuntaba a las torretas.

Apuntaba a Kael.

“Rina...?”

Su rostro estaba pálido, los ojos vacíos. En su sien tenía un pequeño dispositivo pegado. Un inhibidor neuronal. Control mental de grado militar.

“Lo siento, Kael”, dijo ella, con voz plana, como si leyera un guion. “Voss me capturó cuando saliste del campamento Delta. Dijeron que si no cooperaba, mataban a tu hermana”.

El mundo se detuvo.

Alya.

“Déjala ir”, dijo Kael, levantando las manos lentamente. “Tienes lo que quieres. Yo”.

Rina no bajó el arma.

“Descarga el archivo en el terminal. Ahora”.

Kael miró el terminal al lado de la puerta. Si descargaba el archivo ahí, Voss tendría acceso completo a todo lo que había robado. Y podría borrar las copias.

Y Alya moriría igual.

Detrás de él, las torretas recalibraron. Tenía 3 segundos.

Kael sonrió.

“Trato hecho”.

Metió la mano en el terminal.

Pero en lugar de conectar el disco, sacó una granada de pulso pequeña que había escondido en la bota.

La activó y la dejó caer.

“¡Agáchate!”, gritó.

La explosión electromagnética cegó las torretas, friyó el inhibidor de Rina y dejó todo el pasillo a oscuras.

Rina parpadeó, cayendo de rodillas. El control se rompió.

“Kael... lo siento...”, susurró.

“No hay tiempo”, dijo él, tomándola del brazo y levantándola. “Alya está en Roca Negra. Nivel 3. Sector médico”.

“How...?”

“Porque Voss es predecible. Usa a la familia para controlar. Siempre la tiene cerca”.

Las alarmas reales sonaron ahora. Guardias reales venían por el pasillo.

Kael miró a Rina.

“Plan cambia. No robamos archivos. Robamos a mi hermana”.

Rina asintió, levantando su rifle con manos temblorosas.

“Entonces vamos a sacarla”.

Los pasos de los guardias se acercaban.

Kael sacó su cuchillo.

“Por Marcos. Por todos los que no salieron de Delta”.

Y corrieron hacia el sonido de los disparos.



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En el texto hay: persecucion, combate

Editado: 14.05.2026

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