Operación eclipse

Ajuste de cuentas

El pasillo del Nivel 3 ardía.

Kael y Rina corrían entre explosiones, cubriéndose detrás de columnas de acero retorcidas. El pulso de la granada había dejado Roca Negra a medias: luces parpadeando, puertas trabadas, alarmas gritando en un loop infinito.

“¡Sector médico, 40 metros al este!”, gritó Rina, recargando su rifle. “Si Voss la tiene ahí, es porque quiere usarla de cebo”.

Kael no respondió. No podía. La idea de llegar tarde lo quemaba por dentro.

Doblaron la esquina y se encontraron con un escuadrón de 6 soldados de élite.

No hubo palabras.

Rina cayó a una rodilla y disparó en ráfagas cortas. Dos cayeron. Kael se lanzó hacia adelante, aprovechando la confusión, y desarmó al tercero con un movimiento que le rompió la muñeca. El cuarto lo apuntó, pero un disparo desde atrás lo tumbó.

Alya.

Estaba en la puerta del sector médico, con una bata manchada de sangre y una pistola que temblaba en su mano. Detrás de ella, 10 prisioneros más miraban con miedo y determinación.

“¡Te dije que vendría, idiota!”, gritó ella.

Kael sonrió por tercera vez en toda la operación.

“No hay tiempo. Voss está en el hangar. Quiere sacar a los prisioneros de la mina antes de que esto explote”.

“¿Explotar?”, preguntó Rina.

Kael miró hacia el techo. Podía sentirlo. Las vibraciones de las cargas que había puesto Rina antes de que la capturaran.

“Sí. Si no salimos en 5 minutos, Roca Negra deja de existir”.

---

El hangar era un infierno de metal y fuego.

Voss estaba en la rampa de su nave de escape, con 20 prisioneros encadenados a punto de subir. Entre ellos, el Coronel Daren, con el rostro destrozado y los ojos vacíos. Su hija no estaba ahí. Voss mintió hasta el final.

“¡Kael!”, rugió Voss al verlo. “Siempre fuiste un problema”.

“Y tú siempre fuiste un cobarde”, respondió Kael, saliendo a campo abierto. Rina y Alya lo flanquearon.

Voss sonrió y levantó la mano.

Los prisioneros encadenados se pusieron delante de él como escudos humanos.

“Dispara ahora, héroe. ¿Qué se siente?”

Kael no disparó.

En lugar de eso, lanzó el disco de datos al aire.

Rina lo entendió al instante. Disparó al disco.

No para destruirlo. Para activarlo.

El disco estaba programado para transmitir todo a la red global si se rompía. En 10 segundos, los crímenes de Voss y Varko estarían en todos los servidores del planeta.

La cara de Voss cambió.

“¡Deténganlo!”, gritó.

Los soldados abrieron fuego.

Kael se lanzó hacia los prisioneros y cortó las cadenas con su cuchillo. “¡Corran hacia la puerta oeste! ¡Ahora!”.

Alya cubrió la retirada con fuego de supresión. Rina se encargó de las torretas del hangar, una por una.

Voss sacó su propia pistola y apuntó a Kael.

“Todo esto por nada. Vas a morir aquí”.

Kael se detuvo.

“No. Tú vas a morir aquí”.

Se lanzó hacia adelante.

El combate fue brutal, corto, sucio. Sin honor. Sin reglas. Solo dos hombres que se odiaban, peleando en un hangar que se desmoronaba a su alrededor.

Voss era más grande, más fuerte. Pero Kael tenía algo que él no: nada que perder.

Un codazo a la garganta. Una patada a la rodilla. Un cabezazo que rompió la nariz de Voss.

Cuando Kael se levantó, Voss estaba en el suelo, tosiendo sangre.

“Eclipse… va a terminarte…”, escupió Voss.

Kael se inclinó.

“Eclipse ya terminó”.

Le quitó la pistola y la dejó caer al lado.

“Vas a vivir. Para explicar todo en un juicio público”.

Voss rió, ahogado. “No llegarán a salir”.

Tenía razón.

El techo del hangar empezó a ceder. Una viga gigante se desplomaba directo hacia donde estaba Alya, ayudando a los últimos prisioneros a salir.

Kael no lo pensó.

Corrió y la empujó fuera del camino.

La viga le cayó encima.

“Alya, sal!”, gritó. “¡Ahora!”.

Rina llegó a su lado en un segundo, intentando levantar la viga. Era imposible.

“Kael, no…”, susurró Alya, con lágrimas en los ojos.

Kael le agarró la mano.

“Escucha. Estás a salvo. Eso era todo lo que importaba”.

“¡No me dejes!”, gritó ella.

Él sonrió, con sangre en la boca.

“Nunca te dejé, hermana. Ahora vete. Vive por los dos”.

La explosión final sacudió Roca Negra.

---

Dos días después, en las noticias de todo el mundo:

_“El Almirante Voss y el General Varko arrestados tras la filtración masiva de documentos que prueban tráfico humano y contrabando de armas. La resistencia confirma la destrucción de la base Fortaleza Roca Negra. Se reporta un héroe anónimo que salvó a 57 prisioneros antes del colapso”._

En una cueva en el bosque de Varela, Alya colocó una piedra lisa sobre una tumba improvisada.

“No hay nombre”, dijo Rina a su lado. “No podemos decir quién fue”.

Alya asintió.

“No importa. El mundo sabe lo que hizo”.

Mateo se acercó y dejó una flor sobre la piedra.

“Se llamaba Kael”, dijo el niño. “Y era mi héroe”.

El viento movió los árboles.

Y por primera vez en años, Ciudad Némesis amaneció en silencio.



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En el texto hay: persecucion, combate

Editado: 14.05.2026

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