El golpe seco de la compuerta lateral al cerrarse ahogó de inmediato el rugido exterior de la tormenta y el eco de los disparos, pero la tensión dentro de la cabina seguía siendo una masa sólida y asfixiante. Los potentes motores General Electric T700 del Black Hawk aullaron a su máxima capacidad cuando el piloto tiró del colectivo con violencia, forzando una ascensión vertical agresiva. La fuerza de la gravedad nos empujó a todos contra el suelo metálico texturizado y los asientos de lona. Afuera, las copas de los pinos de la Sierra Madre Occidental se sacudían bajo el huracán secundario de nuestras palas, mientras la aeronave ganaba altitud para ocultarse en la densa capa de nubes bajas y gélidas.
El interior del compartimento de carga quedó sumido en una penumbra rota únicamente por el brillo mortecino de las luces rojas tácticas. El aire era denso, saturado por el olor penetrante a neopreno empapado, lodo arcilloso, sudor frío y ese rastro químico y amargo de la pólvora quemada que se había incrustado en las fibras de nuestros uniformes negro mate.
Me quité el casco táctico con un movimiento lento, sintiendo el alivio instantáneo del aire acondicionado de la cabina golpeando mi frente empapada de sudor. A mis pies, Max, el pastor alemán, se dejó caer de costado con un soplido sordo. Tenía el pelaje erizado y cubierto de costras de barro seco, pero sus ojos oscuros permanecían fijos en mí, alerta a cualquier cambio de presión en mi postura. Le pasé la mano por el lomo áspero para calmarlo, sintiendo el latido todavía acelerado de su corazón contra mis dedos enguantados.
A mi derecha, Dante apoyaba la espalda contra el fuselaje de metal vibrante, con la cabeza inclinada hacia atrás y los ojos cerrados. Sostenía su subfusil con una sola mano, descansando el cañón caliente sobre su rodilla. Su rostro lucía demacrado bajo la iluminación roja de combate. Una línea de sangre fresca, provocada por una astilla de madera que un impacto de la .50 había hecho volar en el claro, le cruzaba el pómulo izquierdo hasta perderse en la mandíbula.
—Estuvimos a un par de pulgadas de quedarnos a sembrar pinos en ese barranco, Comandante —comentó Dante sin abrir los ojos, con la voz pastosa por la fatiga acumulada.
—El margen de error en un despegue vertical bajo fuego de saturación pesada siempre es estrecho —respondió Kael desde el asiento contiguo. Su voz, limpia de cualquier rastro de adrenalina, mantenía esa cadencia matemática que a menudo desquiciaba a Dante—. Sin embargo, la destrucción del bloque del motor de la pick-up hostil redujo la capacidad de guiado del tirador enemigo en un 94%. El fuselaje absorbió impactos no estructurales. Estadísticamente, estábamos a salvo antes de despegar el tren de aterrizaje.
Dante soltó una carcajada ronca que terminó en una tos seca.
—Estadísticamente dice el tío... Dile eso a los tipos de la tripulación que están revisando las líneas de fluido hidráulico en la parte trasera ahora mismo.
Giré la cabeza hacia el fondo del compartimento de carga para verificar el estado de los evacuados. Allí, protegidos por el enorme volumen corporal de Logan y Alberto, se encontraban los doce civiles de San Ignacio del Buey. El contraste era desgarrador. Las mantas térmicas plateadas que Jackson les había colocado crujían con cada movimiento rítmico de la aeronave, reflejando destellos rojizos sobre sus rostros pálidos y cubiertos de hollín. El pequeño Luis se había quedado profundamente dormido, acurrucado contra el pecho de su hermana Sofía. La joven mantenía los ojos muy abiertos, fijos en las vigas del techo, procesando en silencio el shock de haber sobrevivido a un mercado de esclavos humanos. El anciano del pueblo miraba nuestras armas con una mezcla de temor y reverencia sagrada. Habían sido rescatados, pero el precio psicológico de haber estado en las garras de la organización de Noman tardaría años en pagarse.
El intercomunicador de mi orejera parpadeó con una luz verde intermitente, quebrando la relativa calma de la cabina. La voz del piloto principal entró de golpe, desprovista de los formalismos habituales de navegación y cargada de una seriedad inusual.
—Comandante Blake, tenemos una transmisión prioritaria de la Base Lobo Negro. El general Román exige un enlace de datos directo con su terminal táctica de campaña. No es para el reporte de bajas estándar, señor. Sus órdenes son que conecte la encriptación de canal Alfa de inmediato. El general se escucha... alterado.
Fruncí el ceño. Un general de división con la experiencia de Román no se "alteraba" por un conteo de munición, bajas enemigas o un fuselaje dañado. Algo de extrema gravedad se había roto en la periferia de la operación.
—Jackson, activa la terminal de campaña —ordené, incorporándome y avanzando hacia la consola central del helicóptero—. Román quiere línea directa ahora mismo.
Jackson, cuyos dedos ya mostraban los sutiles temblores propios del bajón de adrenalina, abrió la robusta maleta de polímero militar que resguardaba la computadora táctica de espectro completo. Conectó los cables de interfaz al sistema de comunicaciones satelitales del Black Hawk y tecleó la secuencia de autenticación biométrica.
—Canal Alfa establecido, Comandante —anunció Jackson, dando un paso atrás para dejarme el espacio frente a la pantalla de cristal líquido de alta resistencia.
La imagen digital se materializó en tres segundos. El general Román no estaba en su escritorio de la oficina de comando; se encontraba de pie en el centro de la sala de crisis táctica, rodeado por oficiales de enlace del Estado Mayor de la Defensa y analistas senior del Centro de Inteligencia Militar. Las luces principales de la sala estaban apagadas y la enorme pantalla de proyección del fondo mostraba una cascada de líneas de código binario y flujos de transferencia de datos globales que parpadeaban en un tono azul eléctrico muy agresivo.
—General, aquí Blake —reporté, cuadrando los hombros por puro instinto—. Los doce civiles están a bordo. Registramos daños estructurales menores en la aeronave de extracción por impactos de .50, pero el equipo Lobo Negro está intacto y sin bajas. La infraestructura de Noman en el sector de Chihuahua ha sido desmantelada.