Operación: Recuperar a mi ex

Prólogo

Prólogo

Theo

—Quiero el divorcio.

Una frase, tres palabras, una petición poco amistosa.

Solo eso bastó para destruir la creencia que tenía que mi matrimonio era perfecto. Llevo ocho años casado con Leia, tenemos una hija preciosa que es la copia de su madre, tengo un buen trabajo y no nos hace falta nada.

Pero parece que soy el único que piensa de esa forma.

—El divor… —Ni siquiera puedo terminar la palabra. Se me cierra la garganta con solo pensarlo—. ¿Por qué?

Leia suelta un suspiro, sacudiendo la cabeza. Parece frustrada y empiezo a preguntarme cuánto tiempo ha estado sufriendo para que llegue a esa conclusión que, desde mi punto de vista, parece precipitada, pero sé que para ella no lo es. Leia no es de las que se toma las cosas a la ligera, ella debió haber pensado esto un montón y debe tener suficientes motivos para dejarme.

Y yo necesito saberlos.

¿Cómo, si no, voy a arreglarlo?

—Que no lo sepas es insultante, Theo. —Se rasca la mejilla, su mirada en el piso. Esta situación no la hace más feliz que a mí. Está incómoda y al borde un colapso—. ¿Cuándo fue la última vez que salimos?

Lo pienso, y llego a una respuesta rápida.

—Hace unas semanas, cuando fuimos a ese restaurante nuevo en la magnificent mile. —Mis palabras van muriendo conforme las digo por la forma en que ella reacciona.

Ríe, negando.

—Eso fue hace dos meses —aclara—. No hemos tenido una cita en dos meses.

—Podemos salir más si es lo que te molesta.

Intento tomar su mano, pero ella se aleja de mí.

—No es por las citas, Theo. Es por todo un cúmulo de cosas. —Y empieza a enumerar—. No me ayudas en casa, he estado haciendo todo sola por meses; casi no le prestas atención a Lucy y no pasas tiempo con ella; vives metido en tu oficina y tu excusa siempre es que tienes mucho trabajo qué hacer. En algún momento de este último año, Lucy y yo dejamos de ser lo más importante para ti y fue reemplazado por esa estúpida empresa que has decidido fundar con Axel. —Hace una pausa para mirarme a los ojos—. No creas que no estoy feliz de que te esté yendo bien, pero no me gusta que nos dejaste de lado. Somos personajes secundarios en tu vida y no quiero hacer esto más.

Trago fuerte, sintiendo que cada palabras se clava en mi corazón, porque tiene razón. He estado tan ocupado que no he prestado atención a lo importante, y ahora mi esposa quiere separarse de mí.

Tengo que convencerla de que lo piense.

—Puedo cambiarlo, haré lo que sea, cielo, pero no me dejes. Yo… —Mi garganta se cierra y se me hace imposible continuar. Paso saliva y respiro profundo, tranquilizándome—. No puedo vivir sin ti, Leia.

Sus lágrimas se deslizan libremente por sus mejillas y, al verla llorar, mi corazón se aprieta y me pide que la consuele. ¿Puedo abrazarla o ella no quiere que la toque? Odio esto, no saber qué es lo que quiere mi esposa, y supongo que es lo que me he ganado por descuidarla tanto.

Pero yo debo intentarlo, debo hacer algo para que su dolor se vaya y quiera quedarse conmigo.

—No puedo, Theo —dice con la voz entrecortada.

Mi corazón se hunde y lo siento desgarrarse. Me duele, es el peor sentimiento que he tenido nunca. No tenía idea de que algo podía doler tanto, es como si me estuvieran arrancando el corazón del pecho.

¿Ella está sintiendo lo mismo?

Si es así, necesito arreglarlo. No puedo permitir que ella se sienta de esta forma.

Pero, ¿cómo lo hago?

Siento que ya no conozco a mi esposa, que me he estado perdiendo las cosas importantes y que ahora ella no es la misma. Y eso es peor que todo lo que puedo estar sintiendo ahora. Prometí amarla, cuidarla y ser todo lo que ella necesita, tanto para ella como nuestra hija, pero ahora estamos aquí, con ella diciéndome todo lo que he hecho para arruinar nuestro matrimonio, y no tengo idea de cómo solucionarlo.

—Haré lo que sea, Leia, solo no me dejes.

Ella se limpia las mejillas y me da una sonrisa de labios apretados, un gesto que carece de emociones.

—¿Sabes, Theo? Mi sueño siempre ha sido ejercer como chef y dirigir mi propia cocina, tal vez ganar una estrella michelin o simplemente cocinar para otras personas, pero ese sueño murió en el momento en que me dejaste sola con Lucy para cumplir los tuyos, teniendo que encargarme de esta casa, de nuestra hija y de nuestro matrimonio sola. —Hace una pausa en la que me quedo completamente en silencio y estático, no puedo decir absolutamente nada—. Creo que es momento de ver por mí y por el bienestar de mi hija. No podemos quedarnos aquí mientras tú decides si quieres ser parte de nuestras vidas o no.

Se levanta del sofá, ese sofá donde hemos pasado incontables días sentados hablando, riendo, viendo películas o simplemente haciendo nada porque nos conformábamos con la presencia del otro. Ahora, en ese mismo sillón, ella se ha sentado y me ha dicho que he metido la pata, la he dejado de lado a ella y a nuestra hija, y quiere dejarme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.