Operación: Recuperar a mi ex

Capítulo 1

Capítulo 1

Leia

Dos años después.

Hay algo en las rupturas que te hace pensar si tú eres el problema, si es tu culpa que las cosas no funcionen.

No soy del tipo de persona que le gusta victimizarse, me autoanalizo un montón como para creer que no cometo errores. Pero eso no quiere decir que no tenga mis momentos de victimización.

¿Fue un error dejar a Theo?

No lo sé, quiero suponer que sí. Él ha mejorado desde que estamos separados, ha sido un excelente padre para Lucy y es un buen hombre. Le está yendo bien, así que quiero creer que fue lo mejor para nosotros separarnos.

Mi corazón no piensa lo mismo, pero lo ignoro lo más que puedo por mi bien y el de mi actual relación.

¿Cuál es el problema?

Que parece que no he estado ignorando a mi corazón demasiado bien o Leo, mi novio, no estaría frente a mí ‒en el mismo sofá en el que estaba sentada cuando le dije a Theo que quería el divorcio‒ diciendo que no he superado a mi ex esposo y que por eso nuestra relación no ha podido prosperar.

Hay una cosa de las relaciones intensas que son un problema, y es que siempre comparas. Leo es un buen tipo y me gustaba porque era lo contrario a Theo, tanto físicamente como en su personalidad. Mientras Theo era risueño y divertido, Leo es serio y sus bromas son ocasionales. No digo con esto que sea aburrido, pero no va a conseguir nada si en algún momento decide ser comediante.

Lo suyo son los números.

Siguiendo con las comparaciones, Theo es relajado y optimista, a Leo le gusta tener todo controlado para que nada se salga de sus manos, y esa es una cualidad que me gusta un montón. Theo es desordenado y ayudaba poco en casa, Leo prefiere tener todo en orden.

Eso también me gusta, no voy a negarlo.

Luego tenemos las diferencias físicas. Leo es rubio, de ojos claros y complexión delgada, pero atlética. Theo es castaño, de ojos oscuros y un cuerpo bien trabajado.

Admito que extraño ver ese cuerpo, y si nos guiamos por el montón de tiempo que ahora pasa en el gimnasio y por la forma en que sus camisas se aprietan en sus brazos, puedo decir que está mejor que antes.

Me recrimino ser así de salida, pero no puedo dejar de mirarlo de reojo cuando está cerca.

Lo único que comparten, y que odio totalmente, es su amor por el trabajo. Sin embargo, Leo ha podido equilibrar su vida profesional con su vida personal, por ello hemos durado un año juntos.

Pero parece que, ahora, la del problema soy yo.

—...niego a vivir bajo la sombra de tu ex marido, Leia —está diciendo mientras yo me pregunto si se está proyectando o es cierto—. Tanto tú como Lucy no dejan de nombrarlo siempre, y siento que no soy suficiente. Si hago algo, Theo lo hizo antes y fue mejor, si digo algo, ya Theo lo había mencionado antes, si se me ocurre una idea, ya a Theo se le había ocurrido e hicieron planes para ello. —Sacude la cabeza, negando—. No puedo hacer esto más. Arregla las cosas con tu ex esposo, supéralo, y luego búscame.

Parpadeo, sin saber muy bien qué decir.

—Lo siento si te hemos tratado así, no era nuestra intención.

Leo abre la boca, pero no dice. Parece sorprendido por mi respuesta, no sé por qué.

—¿Eso es todo?

Dejo ir un suspiro cansado.

—Si te sientes de esa forma, no puedo detenerte de irte, Leo. Mi ex esposo va a seguir formando parte de nuestras vidas porque es el padre de Lucy y es genial en ello. —Me encojo de hombros—. Hace lo que tiene que hacer y pasa mucho tiempo con Lucy porque es su padre. Si hace cosas que tú querías hacer con nosotras es porque es su trabajo, no porque quiera molestarte de alguna forma. Y yo lo he superado, pero lamento que no lo veas.

Arquea una ceja, riendo con ironía.

—¿Estás segura de que lo superaste?

Tengo en la punta de la lengua decir que sí, pero la palabra no sale de mi boca.

Leo sonríe, se levanta y camina hacia mí, inclinándose para besar mi mejilla.

—Te quiero, cariño —murmura contra mi mejilla—. Cuando tu corazón sea libre, búscame.

Se va y me quedo sentada en el sillón con la mirada perdida. Lucy me encuentra en la misma posición unos minutos después.

—¿Estás triste?

La miro, mi ceño fruncido.

—¿Por qué lo preguntas?

Ella se mueve incómoda de un pie a otro.

—Los escuché a Leo y a ti hablando —admite bajito y con vergüenza, aunque su pasatiempo favorito sea escuchar conversaciones ajenas a escondidas—. ¿Él no va a volver?

Me encojo de hombros.

—No lo sé.

Ella baja la cabeza, aunque no parece muy triste. De hecho, cuando vuelve a levantar la cabeza, me da una sonrisa que no augura nada bueno.

—¿Eso quiere decir que puedes volver con papá? —pregunta esperanzada y pongo los ojos en blanco.




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