Capítulo 3
Leia
No juego cuando digo que todo mejoró con respecto a mi vida profesional cuando Theo y yo nos divorciamos.
Un par de meses después de que él se fuera de la casa, me contactaron de un restaurante que estaba a punto de abrir para ofrecerme un puesto en la cocina. Pensé que sería de ayudante de chef, dado que no tenía ninguna experiencia, pero era para darme el título mayor. Estaba tan sorprendida que lloré al llegar a casa y me dije a mí misma que me lo merecía.
Tuve algunos problemas conmigo misma con eso de dejar a Lucy con mi madre para poder tomar el puesto, pero Theo fue de mucha ayuda y me tendió la mano cuando más lo necesité. Todavía tuve que pedirle algunos favores a mis padres, como los días en los que a Theo no le tocaba quedarse con Lucy, pero luego me acostumbré a mi nueva normalidad.
Ahora dirijo la cocina con más facilidad. Todavía me da miedo algunas veces y he llorado en un par de ocasiones cuando algunos comensales han hablado pestes de mi comida, pero he aprendido que no se puede complacer a todo el mundo, y eso está bien.
Esa tarde de viernes llego a la cocina una hora antes del resto para ver cómo van con las reposiciones. Los distribuidores de productos del mar vienen hoy a hacer una entrega y quiero estar allí para supervisarlo.
Cuando pongo un pie dentro de la cocina, una voz conocida llama mi atención y de inmediato sonrío.
—Leia, has llegado.
Voy hacia ella y la abrazo fuerte.
—No sabía que venías hoy.
Brenda me responde con un encogimiento de hombros.
Ella es, a todas luces, la dueña, aunque el lugar esté a nombre de su esposo.
Brenda está casada con Axel, el mejor amigo de Theo. Al principio estuve negada a aceptar el trabajo porque creí que era una forma de Axel de disculparse en nombre de Theo, pero Brenda me explicó que había sido ella la que quería que yo estuviera a cargo de la cocina y que mi ex esposo no tenía nada que ver con ello.
Me convenció rápido porque, bueno, sería una tontería no aceptar una oferta así.
Desde entonces, Brenda y yo nos hemos convertido en buenas amigas.
—Estaba de paso y quise venir a saludar.
La llevo hasta la pequeña oficina a un costado de la cocina. Aquí es donde los chicos y yo hacemos el papeleo y guardamos todos permisos sanitarios.
Brenda cierra la puerta detrás de ella y se gira hacia mí con una sonrisa contenida.
—¿Pasa algo?
Ella pone cara de pena.
—¿Cómo lo estás llevando?
Le conté sobre Leo hace un par de días en una llamada y no hemos vuelto a hablar de ello desde entonces. Fue una conversación breve porque no quería dar detalles y debí suponer que eso iba a terminar en el momento en que ella apareciera en mi puerta o por aquí.
—Bien, supongo —suspiro—. No está doliendo lo que debería y eso me preocupa.
Brenda hace una mueca que me indica que tiene algo en la punta de la lengua, pero prefiere no decirlo. Tengo curiosidad y a la vez tengo miedo de lo que pueda salir de su boca, así que espero pacientemente por su decisión, esperando que sea la menos molesta.
—Necesito saber los detalles.
Ah, quiere tener toda la información en su poder para dar una opinión que, estoy segura, va a ser contraria a lo que pienso o lo que quiero que diga.
Tomo aire y me preparo decir hasta el color de camisa que llevaba Leo ese día, porque estoy segura de que Brenda querrá saber todo.
—Me tomó por sorpresa —empiezo a relatar—. Me pidió hablar mientras Lucy estaba en la ducha y supe que iba a decir algo incómodo.
—Que digas que fue incómodo y no doloroso dice mucho de tu relación.
La ignoro por el bien de mis emociones.
—Dijo que era mejor terminar porque no estaba seguro de que lo nuestro pudiera ir bien si no supero a Theo, que sentía que siempre estaba siendo comparado y que nada de lo que hacía o decía era suficiente para Lucy y para mí porque ya Theo hecho o dicho lo mismo, y que no quería vivir bajo la sombra de mi ex marido. —Arrugo la nariz, sin poder creer que Leo haya dicho eso—. Terminó su discurso diciendo que, en el momento en que deje a Theo atrás, lo busque.
Brenda alza las cejas y se muerde los labios, apartando la vista. Parece que no quiere decir lo que tiene en mente y su actitud me pone en estado de alerta. No creo que vaya a gustarme lo que tiene para decir, pero también quiero escucharla.
Es bueno tener otra opinión a parte de la mía y la de Lucy.
—Bueno, el hombre sí que tenía varias cosas guardadas —comenta al fin, sin decir nada más.
La miro con ojos entornados, esperando algo más que no llega.
—¿Eso es todo?
Ella sonríe incómoda.
—No, pero tengo miedo de darte mi opinión.
—Me gustaría saberlo, de todos modos.
Brenda alza los hombros, como si dijera silenciosamente que yo lo estoy pidiendo y que luego no lo tome en su contra.