Capítulo 4
Theo
Le dije expresamente a Lucy que no comentara nada sobre la nueva vecina, pero tenía que suponer que lo haría de todos modos porque no le cayó bien.
Lucy es del tipo celosa, odia que una mujer se me acerque con intenciones coquetas. Siempre lo he atribuido a que solo me ha visto con su madre y nada más, pero empiezo a pensar que no quiere verme con otra mujer en serio. No es un juego, es algo serio para ella, y lo ha demostrado esta mañana. Puede ser un rasgo hereditario, dado que su madre es muy celosa.
O lo era. No sé cómo son las cosas con ella ahora.
Nah. ¿A quién quiero engañar? Apuesto a que todavía es así y me enojaba hasta el cansancio que desperdiciara esa faceta de ella en el odiota de Leo. Él no se merece su lado celoso.
Volviendo a la vecina, al salir del apartamento para llevar a Lucy a la escuela, nos encontramos a la nueva vecina en el pasillo, y ella era toda sonrisas cuando nos vio. Lucy no mintió en ninguna de las cosas que dijo la mujer, se nota que le interesé, pero yo espero haber sido lo suficientemente claro al decir que no podía ayudarla.
Eso no cambia que Lucy esté enojada con la mujer. Al menos sé que será de ayuda para mantenerla a raya.
—Lucy, sabes que tu padre puede tener una novia, ¿cierto? —comenta Brenda y le lanzo una mirada interrogante.
¿Qué está haciendo?
Pero Brenda no me mira, sino que mantiene su atención en Leia y Lucy. Lucy ahora tiene el ceño fruncido y parece que se va a echar a llorar en cualquier momento, y Leia está… Creo que estoy imaginando cosas porque luce como si estuviera molesta con Brenda por decir eso.
—No quiero que papá tenga una novia —refunfuña Lucy, apunto de iniciar un berrinche en toda regla—. No vas a tener novias, ¿verdad, papi?
Mi primer instinto es decir que no, pero quiero ser un poco malo. No con Lucy, ella no se merece pasarlo mal, pero Leia ahora tiene sus ojos en mí y está expectante, como si de verdad le interesara mi respuesta.
¿Leo tenía razón y ella no me ha olvidado, y todo este asunto le está dando celos?
Espero no equivocarme con esto.
—No me voy a quedar soltero toda la vida, Lu —musito, pero mis ojos están Leia.
Ella aparta sus ojos luego de un segundo, adoptando una expresión indiferente.
—No puedes esperar que tu padre se quede solo para siempre, él tiene derecho a tener una novia y casarse.
Lucy jadea, llevándose una mano al pecho mientras las lágrimas corren por sus mejillas. La estoy lastimando, pero le voy a explicar luego lo que estoy haciendo.
Ella me va a perdonar.
—No te puedes casar otra vez, papá —lloriquea—. No quiero a otra mujer cerca. Le voy a hacer cosas malas, como poner un pescado en su bolso o pintar su cabello de azul.
Sí que puede ser dramática a veces.
—La mujer con la que me case te va a caer tan bien que no vas a querer hacerle eso.
Porque va a ser tu madre.
Me guardo ese pensamiento para mí y le doy una sonrisa tranquilizadora. Pero ella está muy enojada, tanto que gira sus ojos y se cruza de brazos, alzando la barbilla.
Voy a tener que pedirle perdón con un helado, por lo visto.
—Miren la hora, tengo que ponerme manos a la obra —Leia cambia de tema, levantándose de su silla y besando el pelo de Lucy—. Que la pasen genial en el planetario, cariño.
—Pero quería ver a Ambrose hacer volteretas con las tortillas —se queja Lucy, hundiendo los hombros.
Su madre, por otro lado, no está muy feliz en este momento .
—Tenemos mucho trabajo y las tortillas no van a hacerse hasta dentro de dos horas, y ustedes tienen que irse, ¿no? —Me mira, esperando una respuesta.
Oh, vamos, ella no me deja divertirme a su costa nunca. Es frustrante que ni siquiera puedo regodearme en sus celos un minuto entero.
—Vamos, Lu, puedes ver las tortillas otro día.
Leia se relaja y me decepciona que quiera deshacerse de nosotros con tanta premura. A veces, cuando se comporta de esta forma, me pregunto si debo hacer un mayor esfuerzo para olvidarla y dejarla en paz de una vez por todas. Sería más sano para mí y mi corazón maltrecho, mi presencia definitivamente no es algo que ella tolere.
Pero no puedo apartarme.
No puedo, lo he intentado y siempre regreso al punto de partida. Mi corazón se niega a olvidarla y no puedo ir en su contra.
—Adiós, cariño —se despide Leia mientras salimos de su oficina hacia la puerta trasera del restaurante—. Te llamo para saber cómo te fue el planetario.
—Adiós, mami —farfulla Lucy, sin querer despedirse de verdad.
Salimos del restaurante, pero no voy tan lejos cuando Leia me llama. Mi corazón salta ante las posibilidades, pero mi emoción muere cuando veo su cara circunspecta. Me acerco a ella, mirando sobre mi hombro para abrir el auto para Lucy.
—Te escucho —digo una vez Lucy abre la puerta trasera y trepa dentro.