Capítulo 5
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Llaman a la puerta una hora antes de que tenga que irme al trabajo, y sé sin ver que se trata de Theo y Lucy.
Él la trae a esta hora todos los domingos, dándome tiempo para que mi madre y mi padre vengan a pasar el rato con ella mientras yo voy por un par de horas al restaurante. El domingo no es un día movido, normalmente las personas prefieren pasar el rato en sus casas este día por las tardes luego de haber hecho sus salidas más temprano. Pero eso no me quita el trabajo que tengo que hacer hoy. Aunque es poco concurrido, siempre hay personas que prefieren una cena tardía en un restaurante antes que llegar a casa a hacer su propia comida.
Es por eso que mi madre debe quedarse con Lucy. La mayoría de los días mi padre la acompaña, pero otras veces solo viene ella porque mi padre visita a su grupo de amigos para jugar al póker.
Pero mi rutina hoy está siendo complicada gracias a que mis padres no van a poder venir.
—¡Hola, mami! —saluda Lucy con un abrazo rápido y luego corre dentro de casa—. Ven, papi.
Miro a Theo, esperando una explicación.
—Ella quiere mostrarme sus pinturas en acuarela y va a regalarme la que más me guste.
—Ah, eso —suspiro. Haciéndome a un lado, le dijo entrar—. Adelante.
Él pasa y camina directo hacia la cocina al tiempo que yo lo sigo. Theo no acostumbra a entrar a casa, prefiere mantenerse al margen, pero unas cuantas veces lo invito dentro a tomar un café mientras espera a que Lucy esté lista.
Me pongo al otro lado de la isla y tomo mi teléfono de la encimera para llamar a Brenda. Sin embargo, la llamada va directo al buzón de voz. Es normal que ella desaparezca los domingos, ella y Axel acostumbran a ir de paseo y se desentiende del móvil. Tenía esperanzas de que hoy pudiera ponerme en contacto con ella, pero parece que no va a ser así.
Suelto una exhalación mientras cierro los ojos un par de segundos y pienso en qué voy a hacer a continuación.
—¿Te ocurre algo?
Me sobresalto. Por un momento olvidé que Theo estaba allí, observando.
Estoy a punto de decir que no cuando una idea se me ocurre.
—¿Tienes la posibilidad de comunicarte con Axel?
Lo tomo por sorpresa, pero de todos modos busca su móvil en el bolsillo de su pantalón.
—No acostumbra a responder mis mensajes los domingos antes de las ocho, pero puedo intentarlo. —Empieza a buscar en su móvil—. ¿Por qué lo estás buscando?
—Estoy buscando a Brenda, pero ella no me responde, y no tengo quien se quede con Lucy esta noche —digo a la carrera, estresada. Theo me mira con preocupación—. Mamá y papá no pueden venir, mamá se torció el tobillo esta tarde cuando estaba en el jardín y papá la llevó al hospital. No es nada grave, pero no van a poder venir a cuidar a Lucy.
—No es necesario que se lo pidas a Brenda, yo puedo quedarme con Lucy hasta que tú regreses.
Me detengo, dudando. No me gusta pedirle favores a Theo, no porque él no vaya a ayudarme ni porque me lo eche en cara, sino porque él ya ha hecho su parte de la responsabilidad con Lucy y no puedo recargarlo de trabajo. Él también tiene cosas qué hacer.
—No quiero ser una molestia.
Pone los ojos en blanco, soltando el aire y esbozando una sonrisa pequeña.
—No es una molestia, voy a quedarme un rato más con Lucy. ¿Dónde está lo esforzado en eso?
Me debato entre hacerle caso o intentar seguir llamando a Brenda, pero no tengo tiempo. Tengo que estar en el restaurante en menos de una hora y solo estoy perdiendo el tiempo.
—Hay comida de sobra para los dos en el refrigerador para que ambos cenen y voy a tener mi móvil conmigo todo el tiempo por si me necesitan. —Él ríe, mirándome como si estuviera siendo graciosa. Y caigo en cuenta de lo que estoy haciendo—. Lo siento, por un momento olvidé que eres tan capaz como yo de cuidar a Lucy.
Él niega, restando importancia a mis disculpas.
—No te preocupes, sé que no viene de un mal lugar. —Se levanta y rodea la isla, poniéndose frente a mí, y me avasallan los recuerdos de todas las cosas que hemos pasado en esta cocina—. ¿Necesitas algo más?
Niego, con la garganta tan cerrada que no puedo hablar.
Luego de un minuto en el que me tranquilizo, le doy una sonrisa de agradecimiento.
—Gracias por hacer esto, te debo una.
—No me debes nada, estoy para ayudarte. —Luce como si quisiera decir algo más, pero da un paso atrás—. Ve, sé que tiene cosas qué hacer antes de irte.
Paso a su lado, prácticamente corriendo en dirección a las escaleras. Tenerlo cerca a veces me hace pensar en cosas ridículas o recordar cómo eran las cosas antes de que se volviera un adicto al trabajo. Theo era tan bueno conmigo y era tan feliz con él.
Cuando nos casamos, tenía la idea de que iba a ser para siempre. Lo amaba tanto que no creía que alguna vez pudiéramos separarnos. Ese tipo de recuerdos vienen a mí cuando es bueno conmigo y me recuerda a ese hombre. Trato de pensar en las cosas que hizo para que tomara la decisión de separarnos, pero a veces es difícil hacerlo cuando se comporta de esta forma.
En la parte superior de las escaleras, me encuentro a Lucy, y aprovecho para darle las buenas nuevas. Ella va a estar feliz con este nuevo arreglo, puedo asegurarlo sin temor a cometer una equivocación.
—Oye, la abuela no podrá venir a cuidarte porque se torció el tobillo.
Ella jadea.
—¿La abuela está bien?
—Sí, pero tiene el tobillo hinchado y tiene que evitar hacer esfuerzo sobre él, así que no podrá venir esta noche.
Ella frunce el ceño.
—¿Y con quién voy a quedarme?
Me aclaro la garganta.
—Tu padre se ofreció a hacerte compañía hasta que yo regrese.
Su cara se ilumina y una sonrisa atraviesa su cara.
—¡Sí! —Salta, haciendo que una de sus acuarelas caiga al suelo—. Eso es genial.
Sonrío por inercia.
—No dañes tus pinturas —advierto, pero mi tono rebosa de alegría contagiada por la suya—. Ve, anda a ponerte cómoda.