El Hotel Shilla se alzaba ante nosotros como un palacio de cristal. El aire estaba cargado del perfume de miles de flores importadas, pero para mí, olía a emboscada.
Bajé del auto de Thiago sintiendo el peso de mi vestido rojo. No era un vestido, era una declaración de guerra. Mi cabello rubio caía en ondas perfectas, brillando bajo los focos de la entrada. Thiago se acercó, se ajustó el saco del esmoquin y me ofreció su brazo.
—Recuerda el plan, Villalobos —susurró cerca de mi oído—. No eres la acusada. Eres la invitada de honor que viene a reírse de los rumores. Si alguien te mira mal, sonríe como si supieras un secreto que ellos no.
—He visto suficientes episodios de La gloria para saber que la mejor venganza es la elegancia, Santoro —respondí, apretando su brazo—. Vamos a darles el final de temporada que se merecen.
Al entrar al salón principal, el silencio se expandió como una onda de choque. Las cabezas se giraron, los susurros cesaron y las copas de champán quedaron suspendidas en el aire. Allí, en el centro de un círculo de la alta sociedad, estaba Hana Song, la villana de esta historia, junto a un Kang-Dae que palideció al vernos.
Hana se acercó a nosotros con esa gracia letal de una pantera. Llevaba un vestido blanco inmaculado, diseñado para hacerla parecer pura, pero sus ojos inyectaban veneno.
—Ámbar... qué sorpresa —dijo Hana, su voz era como seda sobre cuchillas—. No sabía que las personas bajo investigación por ética profesional tenían ánimo para fiestas. ¿No deberías estar empacando tus maletas para volver a... tu país?
Sentí que el salón entero contenía el aliento. Thiago dio un paso adelante, pero le puse una mano en el pecho. Esta era mi escena.
—Vine porque me pareció que tu gala necesitaba un poco de color real, Hana —dije, recorriendo su vestido blanco con una mirada de fingida lástima—. Y sobre la "investigación", me temo que tus fuentes son tan baratas como el editor que retocó esas fotos. Es increíble lo que algunos hacen cuando no pueden ganar un contrato de forma honesta, ¿verdad, Kang-Dae?
Kang-Dae desvió la mirada, incapaz de sostener mi seguridad. Pero Hana no se iba a rendir.
—Eres valiente, lo admito —sonrió Hana, acercándose más—. Pero Thiago no podrá protegerte siempre. Aquí en Seúl, las flores que no pertenecen al jardín terminan siendo arrancadas.
—El problema, Hana —le respondí, acercándome a su oído para que solo ella me escuchara—, es que yo no soy una flor. Soy el incendio que quema el jardín entero si intentas volver a tocar a mi familia. Sé que tú filtraste las fotos. Y también sé que tu revista está a un hilo de perder sus patrocinadores si el video de seguridad de la terraza —el que Thiago ya recuperó— sale a la luz.
Hana se quedó petrificada. Sus nudillos se pusieron blancos alrededor de su copa.
—¿Video? —preguntó con un hilo de voz.
—Uno en el que se ve claramente a Kang-Dae intentando chantajear a Ambar mientras ella lo rechaza —intervino Thiago, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Resulta que mi familia no solo tiene acciones en este hotel, también instalamos las cámaras. ¿Quieres que lo proyectemos en la pantalla gigante ahora mismo o prefieres publicar una disculpa pública mañana?
El poder cambió de manos en un segundo. Hana miró a Kang-Dae con odio; él la había metido en esto y ahora ella estaba en riesgo.
—Tienen hasta la medianoche para limpiar el nombre de Ámbar en todos los portales —sentenció Thiago, rodeando mi cintura con su brazo—. Vámonos, Ámbar. Esta fiesta se ha vuelto terriblemente aburrida.
Salimos del salón con la frente en alto, dejando a los villanos destrozándose entre ellos en medio de sus flores de lujo. Cuando llegamos al aire fresco de la noche, solté todo el aire que tenía guardado.
—¡Eso fue increíble! —exclamé, abrazando a Thiago—. ¡Viste su cara? ¡Fue exactamente como en el clímax de un drama!
Thiago se rió, pero esta vez me atrajo hacia él con fuerza.
—Te lo dije, Villalobos. Eres una fuerza de la naturaleza. Pero no te acostumbres a las amenazas; prefiero cuando usas esa energía para discutir conmigo sobre qué vamos a cenar.
—Cualquier cosa que no sea veneno de Hana Song me parece bien —reí.
Thiago me miró bajo la luz de la luna de Seúl, y por primera vez, el "chico fastidioso" y la "rubia soñadora" estaban en perfecta sintonía. Habíamos ganado la batalla, pero sabía que en Seúl, la realidad siempre tiene un giro más preparado.