¿oppas? No, gracias

​Capítulo 14 —La sombra en el cristal

Después de la victoria en la Gala de las Flores contra Hana Song, Thiago y yo caminábamos sobre nubes. Él se había vuelto más protector, si es que eso era posible, y yo sentía que finalmente Seúl me pertenecía un poco. Pero la paz en los negocios, al igual que en las series, es solo el preludio de un nuevo personaje entrando en escena.

​Sucedió durante una tarde de lluvia intensa. Estábamos en el vestíbulo de la torre corporativa, esperando que el auto llegara. Thiago revisaba unos mensajes en su teléfono cuando las puertas automáticas se abrieron y entró ella.

​Era la imagen de la perfección coreana: menuda, con una piel que parecía porcelana y una expresión de fragilidad que daban ganas de envolverla en una manta. Al vernos, sus ojos se abrieron con una sorpresa que me pareció demasiado ensayada.

​—¿Thiago? —Su voz era suave, casi un susurro—. ¿De verdad eres tú?

​Thiago levantó la vista y, por primera vez en mucho tiempo, lo vi descolocado. No era una mirada de amor, sino de alguien que ve un fantasma de su pasado que preferiría olvidar.

​—Min-Hee —dijo él, y el tono de su voz bajó varios grados—. No sabía que habías vuelto de Londres.

​—Llegué ayer. Mi padre me pidió que me integrara al equipo de inversores del puerto —ella se acercó, ignorándome por completo, y puso una mano delicada en el brazo de Thiago. Fue un toque ligero, pero marcado—. Te he echado mucho de menos. Han sido dos años muy largos sin nuestras cenas en el río Han.

​Yo di un paso adelante, haciendo que mi cabello rubio brillara bajo las luces del vestíbulo. No iba a permitir que me borraran del mapa en mi propia historia.

​—Ámbar, ella es Min-Hee Park —dijo Thiago, recuperando el tono profesional, aunque sin quitar la mano de ella de su brazo (lo cual me anoté mentalmente para reclamarle luego)—. Su padre es uno de los socios mayoritarios de la constructora. Min-Hee, ella es Ámbar Villalobos. Mi novia.

​Min-Hee me miró entonces. Fue una fracción de segundo, pero vi el escáner completo: evaluó mi ropa, mi altura y mi color de pelo. Luego, me dedicó una sonrisa de esas que las villanas usan para decir "pobrecita, no sabe dónde se metió".

​—Encantada, Ámbar —dijo con una cortesía gélida—. Thiago siempre ha tenido un gusto... ecléctico. Es refrescante ver que sigue siendo tan aventurero.

​—El gusto de Thiago ha evolucionado, Min-Hee —respondí, cruzando los brazos—. Ahora prefiere la realidad a los recuerdos de hace dos años.

​Antes de que ella pudiera replicar, ocurrió el "accidente". Min-Hee dio un paso hacia atrás, sus tacones de diseñador parecieron resbalar en el suelo húmedo por la lluvia y, con un gemido ahogado, cayó hacia adelante. Pero no cayó al suelo, claro. Cayó directamente en los brazos de Thiago.

​—¡Ah! Mi tobillo... —gimió ella, cerrando los ojos y apoyando la frente en el hombro de Thiago—. Lo siento, Thiago, creo que me he lastimado mucho. Me duele...

​Thiago la sostuvo por la cintura, con cara de no saber qué hacer.

​—Min-Hee, ¿puedes apoyarte? —preguntó él, preocupado por la caída pero incómodo por la cercanía.

​—No... creo que se ha roto —susurró ella, apretándose más a él.

​Yo me quedé observando la escena con una ceja levantada. Había visto esta jugada en Aterrizaje de emergencia en tu corazón, en Belleza Verdadera y en al menos otras cincuenta series. Era el Truco del Tobillo de Cristal.

​Me acerqué a ellos con una calma absoluta.

​—Déjame ver, Min-Hee —dije, agachándome frente a ella—. Mi tía es fisioterapeuta y me enseñó un truco para saber si un tobillo está roto o si es solo un espasmo... emocional.

​Tomé su pie con firmeza. Min-Hee intentó retirarlo, pero yo apreté justo en el punto donde sabía que no dolía si no había lesión.

​—Si estuviera roto, habrías gritado hasta el piso 20 —le dije en voz baja, asegurándome de que Thiago no oyera—. Pero mira qué milagro, la inflamación no aparece por ninguna parte.

​Me levanté y miré a Thiago, quien me observaba con una mezcla de duda y alivio.

​—Thiago, lo mejor es que llames a seguridad para que traigan una silla de ruedas y la lleven a la clínica del edificio. Yo me quedaré aquí con ella mientras tú vas por el auto. No queremos que te retrases para la cena con mi padre por un... pequeño resbalón.

​Min-Hee se enderezó de golpe, soltando a Thiago. Sus ojos destellaron con un odio puro que ya no intentó ocultar.

​—No es necesario —dijo ella, su voz recuperando toda su fuerza—. Puedo caminar. Creo que solo fue el susto.

​—¡Qué recuperación tan milagrosa! —exclamé, dándole una palmadita en el hombro—. Seúl es realmente un lugar de maravillas.

​Thiago nos miró a las dos, dándose cuenta de que la atmósfera acababa de cambiar de "accidente" a "zona de guerra".

​—Vámonos, Ámbar —dijo él, tomándome de la mano con fuerza—. Min-Hee, espero que tu tobillo mejore. Nos vemos en la reunión de mañana.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.