Oreyet y Orefiyet

Capitulo 26 - La Búsqueda de Kamir

La vida trae y también quita, y a menudo el pasado se presenta como un eco distante, un susurro de sombras que atormenta el alma. A veces, es mejor ser olvidado que recordado. Kamir, en un intento desesperado por recuperar fragmentos de su historia, huyó hacia lo más profundo de aquel recóndito hueco, donde su pasado la llamaba con una voz seductora, casi hipnótica.

Perdida en sus pensamientos, buscó lo que tanto ansiaba: los tesoros de Draiker. Se adentró en la cueva, explorando cada rincón con fervor, mientras una voz en su mente resonaba con cruel sarcasmo: "Jamás vas a lograrlo, tú no tienes un pasado, no tienes un futuro, el tiempo te borrara como si nunca hubieras existido ". Sin embargo, su determinación era más fuerte que la duda que la acosaba.

Mientras corría, Kamir tropezó y cayó al suelo, el frío contacto con la tierra y las ramas la hizo tambalear. Se levantó con esfuerzo, sintiendo la fatiga en cada músculo. A su alrededor, las paredes de la cueva estaban adornadas con dibujos antiguos, pintados con una mezcla de colores que el tiempo había atenuado. Algunos eran más recurrentes que otros, pero todos contaban historias de un pasado glorioso. Entre ellos, un dragón adulto y sus dos cachorros pequeños danzaban en la pared, atrapados en un momento eterno. Kamir se acercó, tocando la pintura con la yema de sus dedos, recordando a Draiker con una mezcla de nostalgia y anhelo.

Recuerdo de Kamir

- Kamir?! ¿Dónde estás?** - preguntó Draiker, su voz resonando en la cueva como un canto lejano.

- ¡Aquí estoy! - gritó Kamir, su voz llena de emoción.

- ¿Por qué tienes tanta curiosidad de recorrer esta humilde cueva?- dice Draiker acercándose a ella con cuidado

- ¡De humilde no tienes nada! - replicó Kamir, con orgullo, adornada con coronas, joyas y telas finas que brillaban a la luz tenue.

- La avaricia es mala, además, la mayoría de estos tesoros pertenecen a los antiguos alfas que vivieron aquí - le dijo Draiker, despojándola de las joyas y arrojándolas a un lado con un gesto decidido.

- Vamos, aún tenemos que practicar. - le dijo dándose la vuelta

- Hablas como mi madre - respondió Kamir, recordando las lecciones de su infancia - Ella siempre insistía en que practicara, decía que mi padre era tan poderoso que podía controlar a una persona con solo mirarla

- Y era muy molesto - añadió Draiker, con una sonrisa.

- ¡Vaya! Debí haber practicado aún más; tal vez así no hubiera sido tan débil.

- Tienes un gran poder, Kamir. Lo que pasa es que aún no puedes controlarlo y ni siquiera sabes hasta dónde eres capaz de llegar.

- Por cierto, aquí hay muchas cuevas, grandes y pequeñas. ¿Cómo sabré dónde está la tuya?

- Solo sigue los dibujos; debe ser fácil, tu padre los hizo.

Fin del Recuerdo

Kamir comenzó a avanzar, sus ojos se posaron en los dibujos que la rodeaban, todos representaban a Oreyet y Orefiyet jugando, llenos de alegría. Un sentimiento de culpa la invadió al recordar los celos que había sentido por Oreyet, al verlo tan feliz con una familia unida. Al final, él no había estado tan solo.

Al acercarse a una luz tenue que emanaba de lo profundo de la cueva, recuerdos olvidados inundaron su mente, llenándola de preguntas sin sentido.

Kamir, reflexionando sobre el dolor que le causaba a Oreyet, se detuvo en seco, ¿Por qué sigo caminando? Esa pregunta la paralizó, y lentamente miró hacia abajo, observando sus pantalones negros, manchados y raídos, no sabia si eran de ese color desde el principio o lo eran por toda la mugre .

Sus zapatos, hechos de tela, estaban cubiertos de lodo, pero esta vez resistieron más que las anteriores. Decidió que lo mejor sería quitárselos.

- Listo - murmuró, despojándose de los zapatos, pensando que tal vez eran ellos los responsables de su lentitud. El lodo, realmente, era molesto entre sus dedos. Miró sus pequeños pies sucios y rajados hundirse en el pasto seco.

- ¿Por qué... por qué me duele tanto? - se preguntó a si misma, cayendo desvanecida al suelo.

Las lágrimas de sangre inundaron sus ojos, oscureciéndolos por un breve momento. Sintiéndose atrapada en un torbellino de emociones, cada parte de su ser deseaba escapar, pero era demasiado egoísta para pensar en alguien más. Desde el fondo de la cueva, se escuchaba la pelea entre Oreyet y Draiker, haciendo que cada paso se sintiera como una carga insuperable. Oreyet le pedía cada vez más magia para sanar sus heridas, y eso la agotaba. Con esfuerzo, se arrastró entre la cueva hasta llegar al tesoro de Draiker. Entre tanto oro, estaba lo que realmente importaba: la conexión con su pasado, las raíces que la unían a su historia.




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