Oreyet y Orefiyet

capitulo 28 - El Legado de las Sombras: La Caída del Alfa

Los cielos, antes azules y serenos, se habían transformado en un profundo tono morado, como si el mismo firmamento llorara la pérdida de un rey. Desde las penumbras de las montañas, los lamentos de los dragones resonaban, entremezclándose con sus gemidos, en una sinfonía de dolor. Las palabras de la tragedia se alzaban en el aire:

"¡El Alfa ha muerto! Su hijo lo ha matado. Demos la bienvenida al nuevo Alfa."

En el suelo, yacía el noble cuerpo de Draiker, su esplendor marchito, mientras Oreyet, el joven dragón, lo contemplaba con una mezcla de desafío y compasión. A su lado, herido y desgastado, mostraba su dominio, aunque en su corazón sabía que Draiker anhelaba la muerte.

—¿Por qué lo permitiste? —preguntó Oreyet, la curiosidad brillando en sus ojos.

—¿Por qué no? —respondió Draiker, arrastrándose por el suelo, su cuello quebrado y sus patas destrozadas. Oreyet, al verlo, sintió una repugnancia que lo invadía.

—No creas que te vas a escapar —dijo Oreyet, abalanzándose sobre él, decidido a arrancarle las alas.

—Jajaja —rió Draiker—. Hace tiempo que no sentía tanto dolor. Pero sabes, pequeño, el mayor dolor es amar a alguien un día y odiarlo al siguiente.

—Prefiero odiar que amar.

—Sí, claro. Díselo a Kamir.

—¿Qué?

—Di que la odias, pero aún así no puedes dejar de amarla.

—No entiendo lo que es el amor. Lo que siento es solo el eco de un sentimiento que no es mío. En el momento en que enlace con Kamir a través del hizarry, fue cuando ella se enamoró de Kimiri; yo solo reflejé ese sentimiento.

—Jajaja, entonces, ¿por qué no puedes olvidarlo? —preguntó Draiker, dejando a Oreyet nervioso y sin respuesta.

—Bueno, pequeño, a diferencia de lo que te dije, yo no logré odiarte. Así que este dolor será pasajero, pero tú, que ahora me odias, nunca olvidarás lo que sentirás en el futuro.

—Nunca entenderé tus palabras —dijo Oreyet, acercando el filo de su cola para atravesarlo—. Pero ya acabó tu tiempo en este mundo.

—Está bien, pero déjame lavarme el hocico. No quiero ir informal, ¿entiendes? —dijo Draiker, arrastrándose hacia un canal del río. Allí, su cuerpo ensangrentado se sumergió, dejando que el agua lo bañara y esparciera su sangre, mientras observaba a Oreyet con un extraño gesto.—Estoy listo, pero antes de irme, debes saber algo.

—¿Qué?

—Oreyet, yo no soy tu padre. Tu padre era mi hermano, Draikerhy.

Los ojos de Oreyet se abrieron como destellos al escuchar aquellas palabras. Los recuerdos de Draiker inundaron su mente, y la verdad de su linaje lo golpeó con fuerza. La maldición, Orefiyet y su destino se entrelazaban en su mente.

—¡Explícate! —gritó, furioso.

—Yo maté a mi hermano por las mismas razones que tú. Pero cuando estaba a punto de morir, dio a luz a dos huevos y los nombró Oreyet y Orefiyet. Cuando nacieron, quise matarlos, pero la maldición dice que dos cachorros son hermanos y enemigos por toda la vida, solo cuenta a dos ahy lo entendi. Cuando intenté tener hijos, no pude. Por eso los conservé, eliminé todo rastro de existencia de Draikerhy para que todos pensaran que ustedes eran mi descendencia, y así mi linaje no muriera.

—¿¡Qué!? ¡¿Por qué?! - grito Oreyet confundido ¡¿Por qué hay tantos secretos en mi historia?!

—Nuestra historia, pequeño. Sé que conservaste a los hijos de Orefiyet porque esos serán tus hijos. Tú no podrás procrear, ni ahora ni nunca.

—¿Por qué lo dices con tanta seguridad?

—Porque es así. Mi padre tampoco era mi padre, y él tampoco pudo tener hijos. De entre los dos cachorros, uno nace estéril.

—Eso no lo tienes seguro, y te lo voy a demostrar. Haré que Kamir me cure con su magia.

—Jajaja, pequeño, eres tan confiado. ¿En tus recuerdos, cómo sabes lo que es verdad y lo que no lo es?, pequeña fiera —terminó diciendo, con un destello de burla en sus ojos.

—Porque yo confío en ella —dijo Oreyet, atravesando el cuerpo de Draiker con su cola, poniendo fin a su vida. Entre los gritos desgarradores de dolor, Oreyet esperaba escuchar las últimas palabras de aquel a quien un día había llamado padre.

—Hasta pronto, pequeño —dijo Draiker, lanzando su último suspiro. Mientras Oreyet retiraba su cola y arrojaba el cuerpo de Draiker a un lado, lanzó un rugido al cielo, nombrándose el nuevo Alfa. Todos los demás dragones lo rodearon, formando un círculo, y en un acto de adoración, lo veneraron como su Alfa, inclinando sus cabezas ante él. Oreyet, observando el cuerpo de Draiker, lo devoró sin cuidado, desde la cabeza hasta la cola, sin pensarlo dos veces. En su mente solo había una pregunta:

¿Kamir, dónde estás para decirme que esto es mentira?

Más allá, lejos del combate, Kamir contemplaba la argolla que le había quitado a Draiker. No hacía más que admirarla, intentando descifrar los extraños gráficos grabados en ella.

Ya estaba amaneciendo, un nuevo sol salía con rayos destellantes que reflejaban el oro de la argolla, iluminando un charco que, a su vez, se reflejaba en los ojos de Kamir. Lentamente, su mirada se desvió, recordando lo que había hecho en el pasado. Su vida entera había sido una cadena de desgracias; las personas a su alrededor tenían los ojos salidos o incluso reventados. Nada le había salido bien. Su madre había muerto por su culpa, su primer amor resultó ser su hermano, quien también intentó matarla. Su segundo gran amor fue Oreyet, quien, además de tratarla mal, no sentía nada hacia ella. Y recordando el primer trato que habían hecho, sabía que después de que ambos consiguieran lo que querían, se separarían para siempre. Aunque lo más probable era que Oreyet la mataría, siempre le había recordado eso.

Lentamente volteo su mirada al cielo recordando las palabras de Draiker

Recuerdos de Kamir

—Cuando el sol salga, yo estaré muerto y Oreyet se nombrará el nuevo Alfa.

—¿En verdad no puede ser de otra forma? —preguntó ilusionada.




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