En un páramo desconocido, oculto entre las brumas del tiempo y el olvido, se alzaba una torre sin salida en el territorio de los Forasteros. Este reino, conocido como la Dicha Efímera, había sido una vez un lugar de esplendor, pero ahora sus ecos resonaban con la tristeza de lo que había sido.
En lo alto de la torre, un curioso personaje habitaba, un ser cuya apariencia era más salvaje que humana. Morrigan Isolde, así se llamaba, era una figura cubierta de mugre, con las uñas crecidas y el cabello enredado como las lianas que rodeaban su prisión. Su vestimenta, hecha jirones y deshecha, parecía un tapiz olvidado de siglos pasados.
—¿Cómo pasan de rápido los días? —se decía a sí misma, mientras contemplaba la luz tenue que se filtraba a través de las rendijas de la torre.
De repente, una voz resonó en su mente, un eco de su propia desesperación.
—Quizás porque eres una bruja inmortal —replicó la otra Morrigan, la amarga.
—¡Matemos a los guardias y salgamos de aquí como guerreras! —exclamó la Morrigan guerrera, con un fervor que ardía en su pecho.
—¿Salir? ¿Qué cambio haría? Nos encontrarán de todas formas y nos volverán a traer aquí
—respondió la Morrigan original, su voz cargada de resignación.
—¡Lloremos hasta morir! —sugirió la amarga, con un tono de desesperanza.
—¿Y si escapamos y nunca volvemos? —propuso la guerrera, su mirada chispeante de determinación.
—¿Qué? —preguntó la original, sorprendida.
—Huir hacia donde se pone el sol y cabalgar hasta que no podamos más —respondió la guerrera, con una sonrisa desafiante.
Sin tener otra alternativa, ambas decidieron escuchar a la guerrera. Con manos temblorosas, tejieron una soga de ramas y, utilizando magia oscura, dieron vida a un caballo hecho de enredaderas y hojas secas. Cabalgando hacia el horizonte, se dirigieron al sol que comenzaba a renacer, dejando atrás la prisión de su torre.
A una distancia, en el mismo rumbo, Morel, un niño empapado en sangre, observaba con miedo los cadáveres que lo rodeaban. La noche había sido una masacre, amigos enfrentándose entre sí, casas reducidas a cenizas. Mientras caminaba con cuidado sobre los cadaberes, su mente divagaba, atrapada en pensamientos de Kamir. Tan absorto estaba que no notó la figura oscura que se acercaba velozmente
.—¡Quítate! —gritó una voz, pero ya era demasiado tarde. El caballo de Morrigan pasó por encima de él, aplastando su pequeño cuerpo.
Morel despertó lentamente, sus ojos entreabiertos revelaron a una mujer extrañamente parecida a Kamir, aunque su cabello era de un rojo ardiente.
—¿Quién eres tú? —preguntó, confuso.
—Soy tu salvadora, niño. Cuando el caballo te pisó, no dudé en sanarte —respondió ella con una sonrisa enigmática.
—¿Sanarme? ¿Cuántos días tardé en sanar? —inquirió Morel, aún aturdido.
—Tss —hizo ella, con una mueca que mostraba su desdén—. Mira, niño —dijo, sacando un humo mágico de sus manos. Era oscuro, profundo, como las sombras que acechan en la noche.
—Entonces, ¿eres una bruja?—Sí, y no soy cualquier bruja. Soy la hija del rey brujo Draico Breri Draiguer, y me llamo Morrigan Isolde.
—Hoo...
—¿Cómo que "hoo"? ¿No podrías decir algo más? —se quejó, sintiendo que el niño era un tanto simple -- tenias razón es algo tonto
—¿Tonto? Tú eres la que habla sola —replicó Morel, intentando alejarse.
— sola?, no no no jaja, estaba hablando con la Morrigan amarga - dijo señalando al vacio
- quien?, dijo Morel viendo que señalaba al vacio
- no las ves por que son "mis" amigas y no quiero que me las robes por que soy muy celosa - le dijo en tono amenasante
- lo siento
- no te disculpes, ella tampoco es para tanto, es arrepienta huele mal y siempre anda con la cabeza abajo como si el mundo se acabara, augh - dijo golpeándose ella misma
- por que te golpeas
- que?, no, fue la Morrigan amarga la que me golpeo
- si... claro- susurro Morel intentando alejarse, pero antes de que lo intentara ella la agarro del brazo
—Espera, aún no te presento a la otra —dijo Morrigan, señalando al vacío—. Ella es la valiente, la luchadora, ¡la campeonaaaaa! ¡Morrigan guerrera!
Morel miró, confundido.
—¿Otra?
—no, espera espera a veces no responde o simplemente no está. A veces se va por semanas y... me deja sola con la amargada, igual que todos. Así que ahora es tiempo de que te vayas —dijo, sentándose y ocultando su cabeza entre las piernas.
Al verla, una tristeza invadió a Morel.
—A mí también me dejaron solo, pero sé que volverá. Ella no me dejaría aquí.
Morrigan comenzó a reír, una risa amarga y sin motivo.
—¿De qué te ríes?
—¡Jajajaja!
—Ella me ama.
—¡Ajajajajajaj!
—No es gracioso —le dijo Morel, empujándola, pero su risa no cesaba.
—No sabes cuánto duele estar lejos de ella... —intentó decir, pero Morrigan le tapó la boca, sus ojos llenos de furia y precisión le dijo:
—¿Qué es el amor? ¿Acaso ese sentimiento es tan fuerte como pasajero? He visto a personas amarse tanto, pero siempre hay uno que ama más que el otro. El amor nunca es bien correspondido, y si lo es, siempre será pasajero. El amor más profundo se convierte en el odio más intenso, un odio que hace diez veces más de lo que el amor pudo haber hecho algún día. La traición es el cuchillo más filoso del mundo, desgarra hasta lo más profundo del corazón, lo agarra y lo hace pedazos, esparciendo cada parte de ilusión por doquier, dejando solo un hueco vacío que nadie puede llenar. Y si alguien lo intenta, quedará tan lastimado que el recuerdo nunca desaparecerá. He pasado por tantas cosas que la felicidad es solo una fantasía tan absurda como falsa. No existe la paz ni el "felices para siempre". No existe el amar por igual como el juzgar sin antes tener cierta preferencia, no existe la ayuda sin cobranza, y no existe el amor puro, pero sí el odio intenso. Ahora te pregunto, pequeño: ¿Ese amor era solo un sentimiento pasajero o era uno verdadero?