Oreyet y Orefiyet

Capitulo 35 - pasado de Oreyet

En el instante en que Oreyet abrió los ojos, se encontró en el vasto y majestuoso reino de los dragones, un lugar donde las montañas se alzaban como titanes y los ríos cantaban melodías antiguas. A su lado, descansaba Orefiyet, su hermano, envuelto en un sueño profundo y sereno, como si aun continuara en el huevo.

Para Draiker, el padre de ambos, no había mayor felicidad que contemplar a sus hijos recién nacidos, liberados de la cáscara de sus huevos. Era un momento sagrado, un sentimiento que lo envolvía como un cálido manto, un amor que jamás había experimentado. Las estrellas mismas parecían brillar con más intensidad en ese instante, reflejando la alegría que vibraba en su corazón.

—No te pongas tan sentimental —interrumpió una voz altiva, resonando en el aire como el eco de un trueno distante.

—No es que tú te pusieras diferente cuando nació tu hijo, Draicob —replicó Draiker con un tono juguetón, recordándole la primera vez que vio a su propio retoño.

—¡Jajaja! Tienes razón, no soy quien para opinar —respondió la voz, riendo con un tono que traía consigo el peso de la experiencia.

Oreyet, aún aturdido por la luz del mundo exterior, observó cómo Draiker se asomaba a ellos, su figura imponente iluminada por el resplandor del alba. Con un movimiento suave y cuidadoso, Draiker los limpió con su lengua, un gesto de amor y protección. Sin embargo, al posarse su mirada en Draicob, Oreyet sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal y se escondió, asustado, en un rincón de su nido. Era un instinto natural, uno que lo instaba a ser cauteloso. Por el contrario, Orefiyet, con su carácter audaz y curioso, no mostró temor alguno. Se acercó al recién llegado con una confianza innata, como si ya conociera los secretos que habitaban en el corazón de aquel extraño.

—Este es tímido —dijo Draicob, su voz resonando en el aire como el canto de un cuervo. Era un hombre de estatura imponente, con una piel blanca y pálida que contrastaba con la brillante armadura dorada de oro que adornaba su figura. Su capa roja ondeaba a su espalda con el viento, y su cabello negro como la noche caía en ondas sobre sus hombros. Sus ojos, de un color cambiante como la aurora boreal, centelleaban con una luz intensa, brillantes como un par de luciérnagas en la oscuridad. A pesar de su presencia intimidante, había en su rostro una sonrisa confiable, como si prometiera seguridad en medio del caos.

—Este es desconfiado y el otro bastante confiado —observó Draicob, señalando a Oreyet y a Orefiyet con un gesto divertido.

—¿Por qué? —preguntó Oreyet, su curiosidad superando su miedo inicial.

—Cuando Draikery y yo éramos cachorros, yo era el desconfiado —respondió Draicob, su tono nostálgico, como si recordara un tiempo lejano lleno de aventuras y desafíos.

—No hagas suposiciones —le dijo Draicob con un guiño, su voz impregnada de un aire de camaradería, pero Draiker lo sabia, sabia que al final uno de sus hijos moriria y lo peor era que su asesino seria su propio hermano.

- todo puede cambiar, no tengas nada por seguro

- en verdad crees que puedes cambiar tu destino?, fue escrito desde antes de que nacieras - le dijo Draiker mirándolo a los ojos

- ya veras que mi hijo vivirá- dijo Draicob seguro y con la cabeza en alto mirando al cielo como si observara el futuro

- y tu?-

- yo que?

- que pasara contigo?, acaso tu historia quedara con un "murió pero lo logro"

- jajaja- rio altivamente - aun no lo entiendes pero... algún día sabrás que harías cualquier cosa por ellos

Así, en el corazón del reino de los dragones, comenzó una historia entrelazada con lazos de sangre y amistad, donde la confianza y la desconfianza coexistían, y donde la verdad y la valentía se forjarían en el crisol de sus destinos compartidos. La vida de Oreyet apenas comenzaba, pero ya sabía que el camino por delante estaría lleno de maravillas y oscuridades, y que cada encuentro, cada mirada y cada decisión lo llevarían a descubrir no solo su lugar en el mundo, sino también el verdadero significado de la lealtad y el amor.

La vida de Oreyet apenas comenzaba, pero ya sabía que el camino por delante estaría lleno de maravillas y oscuridades, y que cada encuentro, cada mirada y cada decisión lo llevarían a descubrir no solo su lugar en el mundo, sino también el verdad...




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