Orígenes de Sangre. El Clan Oculto

Capítulo 5 – El Campo de las Bestias

El rumor corrió por todo el Instituto de Eryden antes del mediodía: habría un enfrentamiento en el campo de deportes.

Al principio, nadie quería admitir que lo había escuchado. Todo parecía un simple murmullo entre pasillos, una de esas historias que los estudiantes inventaban para sobrellevar la rutina de clases. Pero pronto el rumor se convirtió en certeza, porque cada mirada, cada gesto y cada palabra dicha en voz baja apuntaban hacia lo mismo: en cuanto sonara la última campana de la mañana, el campo dejaría de ser un espacio de entrenamiento y se transformaría en el escenario de un combate.

No era oficial, por supuesto. Ningún profesor lo había autorizado, ni figuraba en los anuncios que cada día se repetían por los altavoces. Sin embargo, todos sabían que cuando los muros no podían contener el orgullo, la única salida estaba en ese lugar. El campo era el único espacio sin rejas, un terreno abierto y extenso, creado con la intención de que todos los estudiantes pudieran entrenar juntos. Irónicamente, aquella aparente libertad lo había convertido en el sitio perfecto para los choques más intensos, un lugar donde ninguna reja impediría que la rabia y la rivalidad hablaran por sí solas.

El rumor creció como un incendio imposible de controlar. Para la hora del almuerzo ya no quedaba estudiante que no supiera lo que estaba por suceder. Algunos lo esperaban con emoción, como si fuese un espectáculo que rompería con la monotonía de los primeros días de clases. Otros lo temían, conscientes de que cualquier enfrentamiento entre razas podía escalar a niveles peligrosos.

Meissa llegó al campo acompañada de Lariza y Sonya, empujada casi a la fuerza por la multitud que se agolpaba en las gradas. Los pasillos habían vomitado estudiantes hacia aquel espacio abierto, como un río de cuerpos y voces que no podía detenerse. Desde su posición en la tribuna, la tensión era tan palpable que parecía vibrar en el aire: tres grupos perfectamente delimitados, enfrentándose en el centro como si fueran ejércitos rivales a punto de iniciar una guerra.

A la izquierda, seis integrantes del equipo de fútbol americano humano esperaban con los cascos bajo el brazo y la furia brillando en los ojos. Estaban acostumbrados a imponerse en los pasillos y en las canchas, a ser admirados por su fuerza y disciplina. Ahora, su papel parecía el de guardianes de la “pureza” humana, como si su deber fuera demostrar que ningún monstruo debía pisar el mismo suelo que ellos. Rayan, su capitán, encabezaba el grupo. Sus músculos tensos y la forma en que apretaba los dientes dejaban claro que no pensaba retroceder.

En el centro del campo, los vampiros se agrupaban en un círculo cerrado. Sus movimientos eran calculados, casi ceremoniales, como si quisieran dejar claro que no necesitaban levantar la voz para hacerse respetar. Darius estaba al frente, y su sola presencia bastaba para eclipsar al resto. Era alto, de hombros firmes y mirada profunda, con una calma inquietante que contrastaba con el nerviosismo general. A su lado, como dos sombras inseparables, se encontraban Viktor y Elian, sus mejores amigos, cuya frialdad en el rostro parecía más cortante que cualquier colmillo.

Al otro extremo, los hombres lobo se mantenían erguidos, expectantes. Llevaban los collares en forma de garras brillando bajo el sol, como recordatorio de la fuerza que aún permanecía contenida. Entre ellos destacaba Kaisser, con el cabello revuelto, los músculos marcados y una expresión de desafío que no necesitaba palabras. A su alrededor, dos compañeros lo imitaban, tensos, listos para responder a la más mínima provocación. Su sola postura hacía pensar en una manada preparada para lanzarse al ataque.

—Esto va a terminar mal… —susurró Sonya, llevándose una mano al pecho, como si pudiera detener la aceleración de su propio corazón. Sus ojos se movían nerviosos, incapaces de elegir a dónde mirar, atrapados entre el miedo y la curiosidad.

Lariza, en cambio, parecía fascinada. Sus labios se curvaron en una sonrisa que desentonaba con el ambiente cargado de tensión.
—O va a ser lo más interesante que nos pase en todo el semestre —replicó, con un brillo de emoción en los ojos.

Meissa no apartaba la vista de Darius. Había algo en él que lo distinguía de todos los demás: no parecía un chico a punto de pelear, sino un rey que ya sabía que la victoria le pertenecía desde antes de comenzar. Su serenidad contrastaba con el frenesí de los demás, y ese contraste lo volvía aún más imponente. Cuando sus ojos rojos se alzaron un instante y se detuvieron en ella, Meissa sintió un estremecimiento recorrerle la espalda. Era como si supiera que lo observaba, como si ese contacto visual, breve pero intenso, hubiese sido buscado a propósito.

El primero en romper el silencio fue Rayan. Dio un paso al frente y levantó la voz, clara y potente, asegurándose de que todos lo escucharan.
—¡No los queremos aquí! —exclamó, extendiendo el brazo hacia los grupos rivales—. Ni vampiros ni lobos. Este instituto es nuestro.

El rugido de desaprobación recorrió la multitud como una ola. Algunos humanos lo apoyaron con vítores y aplausos, reforzando su posición. Otros, en cambio, bajaron la mirada, incómodos, como si no compartieran el mismo fervor. Del lado de los vampiros se alzaron sonrisas burlonas, gestos de burla que parecían cuchillos en la piel de los que se ofendían. Los lobos, por su parte, mostraron los colmillos con un gruñido bajo, un recordatorio de que no eran precisamente enemigos fáciles de intimidar.

Kaisser fue quien respondió, con su voz grave resonando como un trueno que retumbó en cada rincón del campo.
—Si no nos quieres aquí, ¿por qué no lo demuestras con tus propias manos? —dijo, avanzando un paso hacia Rayan. Su tono no era un simple reto, sino una invitación peligrosa, cargada de furia contenida.

Los murmullos aumentaron en las gradas. Algunos estudiantes se pusieron de pie, inclinándose hacia adelante para no perder detalle. La tensión se había vuelto insoportable, como un relámpago a punto de estallar.



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En el texto hay: destino, sombras, sobrenatural

Editado: 24.02.2026

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