Orígenes de Sangre. El Clan Oculto

Capítulo 15 – Secretos de Sangre y Colmillos

El bosque se extendía frente a Meissa como una marea oscura y silenciosa, un océano de sombras que se agitaban suavemente con cada ráfaga de viento. Los árboles se mecían como guardianes antiguos, dejando escapar susurros que parecían voces atrapadas entre las hojas, ecos de un pasado que se negaba a morir. El cielo, aún teñido de los últimos tonos anaranjados del atardecer, se iba apagando lentamente, mientras las primeras estrellas se encendían con timidez en el firmamento. El aire estaba impregnado de un aroma húmedo, mezcla de tierra fresca, corteza y misterio.

Ella se adentraba sin titubeos, con pasos firmes, como lo había hecho aquella primera noche en que lo había visto, cuando todo comenzó a cambiar. El recuerdo de aquel encuentro, grabado a fuego en su memoria, parecía empujarla hacia adelante con una fuerza invisible. Cada rama crujía bajo sus pies como si marcara un compás secreto, cada sombra parecía observarla desde la espesura, con ojos invisibles y expectantes. Y, aun así, en su andar no había miedo, sino una certeza que le encendía la sangre: Darius aparecería.

Bajo el brazo llevaba un libro encuadernado en cuero, cuyo peso se sentía como una carga tangible y, al mismo tiempo, como un tesoro robado. Era el mismo que había tomado prestado —o, más bien, robado— de la biblioteca central de Eryden. El frío del cuero contrastaba con la calidez de su piel, y con cada paso parecía recordarle que dentro de esas páginas habitaban secretos que nadie debía conocer. No contenía más que unas cuantas líneas vagas sobre la Fruta de Luna de Sangre, pero bastaban para mantener su mente ardiendo, como una hoguera que no se apagaba. Cada palabra que había leído se repetía en su cabeza una y otra vez, hasta el punto de volverse un eco persistente.

Al llegar al claro donde lo había visto por primera vez, se detuvo. El lugar estaba envuelto en un silencio que no era vacío, sino expectante, como si el bosque entero aguardara lo que estaba por suceder. El aire allí era distinto, más frío, más denso, impregnado de un rastro que parecía anticipar lo sobrenatural. Meissa respiró profundamente, llenando sus pulmones de esa brisa helada que le erizó la piel.

—Sé que estás aquí —dijo en voz clara, mirando hacia la lejanía, sus palabras rompiendo el silencio como una flecha lanzada en la oscuridad.

Hubo un silencio prolongado, un espacio en el que solo el murmullo del viento entre los árboles osaba hacerse escuchar. Entonces, una figura se deslizó entre las sombras con la fluidez de algo que no pertenecía del todo a este mundo. Darius emergió del bosque como si la propia oscuridad lo hubiera parido, su silueta dibujándose lentamente bajo la tenue luz. Sus ojos rojos brillaban con intensidad, semejando brasas encendidas en la penumbra, y cada movimiento suyo era a la vez elegante y amenazante, como el de un depredador que podía atacar o proteger.

—No debería sorprenderme que me buscaras —comentó él con una ligera sonrisa, aunque su voz arrastraba un cansancio oculto, un peso que parecía ir más allá del simple agotamiento. Había en su mirada un rastro de tormenta, como si hubiera enfrentado discusiones que lo habían desgarrado por dentro.

Meissa no lo perdió de vista ni un instante. Alzó el libro y lo dejó sobre una roca cercana, el golpe seco del cuero contra la piedra resonando en medio del claro.

—Encontré algo —explicó con entusiasmo, sus ojos iluminándose—. Solo unas líneas, pero creo que son importantes. Hablan de un fruto prohibido que aparece cuando la luna se tiñe de sangre.

Darius arqueó una ceja y se acercó despacio, como si cada paso suyo desatara un magnetismo imposible de ignorar. El aire entre ambos se tensó, cargado de electricidad invisible.

—Así que no era solo una leyenda susurrada por los ancianos… —murmuró, sus labios curvándose con una mezcla de incredulidad y temor.

—No —lo interrumpió ella, cruzándose de brazos con firmeza—. El problema es que el texto es demasiado vago. No dice dónde, ni cuándo exactamente. Solo que florece bajo una “luna de sangre” y que quien lo consume obtiene fuerza y poder, pero… a cambio de un precio eterno.

La mención de aquellas palabras dejó un eco pesado en el aire. Darius extendió una mano y se inclinó sobre el libro, dejando que sus dedos pálidos rozaran las páginas desgastadas. El tacto reverente con el que acariciaba el papel antiguo revelaba el respeto que sentía hacia algo tan peligroso.

—Un precio eterno… —repitió en voz baja, como probando el sabor amargo de esas palabras—. Eso nunca aparece en las historias. Quizás por eso nadie se atrevió a buscarlo en serio.

El silencio que siguió fue profundo. Meissa lo observaba de cerca, intentando descifrar lo que pasaba por su mente. Había en él una dualidad extraña: la seguridad de quien había nacido con un destino de poder y la vulnerabilidad de alguien que cargaba demasiado sobre sus hombros. Sus ojos parecían un reflejo de esa lucha interna, un vaivén constante entre el deber y el deseo.

—Yo voy a seguir investigando —declaró ella con firmeza, rompiendo el peso del silencio—. Y si ese fruto existe, quiero saber qué significa en realidad.

Darius levantó la mirada lentamente, hasta encontrarse con la de ella. Durante un instante, el mundo entero pareció reducirse a ese intercambio silencioso. Era un vínculo sin palabras, un puente invisible que los conectaba más allá de los muros que la ciudad, sus familias y sus clanes pretendían erigir entre ellos.

Mientras tanto, en el sector de los lobos, la situación era muy distinta, teñida de otro tipo de tensión.

Kaisser se encontraba en una sala amplia de piedra y madera, donde las antorchas encendidas proyectaban sombras danzantes sobre los muros rugosos. El aire estaba cargado con el olor del humo y la fuerza de la tradición. Frente a él se alzaba un enorme estandarte con el emblema de la manada: una garra marcada sobre la luna creciente, símbolo de orgullo y de un legado que se transmitía de generación en generación. Allí, bajo ese símbolo, se encontraba su padre: Ulric Drakens.



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En el texto hay: destino, sombras, sobrenatural

Editado: 19.06.2026

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