Orígenes de Sangre. El Clan Oculto

Capítulo 20 – Choque de Voluntades

El campo de deportes estaba vacío, solo ocupado por la brisa que arrastraba hojas secas y el eco lejano de los estudiantes en la cafetería, mezclándose con el canto lejano de algún pájaro nocturno que aún no se había retirado a sus nidos. El aire parecía impregnado de un silencio expectante, de esos que hacen que cada sonido se perciba amplificado, como si el mismo ambiente contuviera la respiración a la espera de algo inminente.
La luz de la luna iluminaba tenuemente el lugar, proyectando sombras alargadas de los postes y las vallas del terreno, como si fueran dedos oscuros extendiéndose hacia el suelo. La humedad del césped, aún fresca tras el rocío, desprendía un aroma terroso, mezclado con el polvo seco de la pista de atletismo. Era un escenario extraño: un campo tan cotidiano en el día, pero que bajo la penumbra nocturna adquiría una apariencia fantasmal, casi ritual.

Meissa y Darius permanecían frente a frente, en un silencio extraño, cargado de preguntas sin respuesta. La tensión flotaba en el aire como si cada hoja temblara a su alrededor, suspendida en una atmósfera densa que parecía encerrar sus cuerpos en un círculo invisible. Meissa podía sentir el latido de su corazón en los oídos, cada golpe retumbando con fuerza, como si se encontrara en la antesala de algo decisivo. El tiempo se estiraba, segundos que parecían minutos, minutos que se sentían como horas.

—Darius… —empezó a decir ella, con voz suave pero cargada de inquietud. Sin embargo, antes de que pudiera continuar, una sombra se alzó detrás de ambos.

La figura emergió entre los árboles que delimitaban el campo, avanzando con pasos firmes y decididos. Cada crujido de las ramas bajo sus pies sonaba como una advertencia, un presagio que helaba el aire a cada metro que se acercaba.

Kaisser había llegado, con el ceño fruncido y los ojos brillando de manera anormal, intensos y cargados de alerta. El colgante en forma de rasguño que colgaba de su cuello despedía un resplandor tenue, casi imperceptible, pero que parecía reaccionar a una amenaza invisible que solo él podía sentir. Esa luz temblorosa dibujaba reflejos inquietantes en su piel y le confería una apariencia aún más intimidante.

—¿Qué haces aquí con ella? —expresó el lobo, su voz ronca y cargada de desconfianza, resonando en el campo como un golpe sordo que se propagaba entre las gradas y el asfalto vacío.

Meissa lo miró sorprendida, retrocediendo un paso, tratando de encontrar las palabras adecuadas para calmar la tensión. El aire parecía haberse vuelto más pesado, dificultándole la respiración.

—Kaisser, no es lo que piensas…

—¡No me importa lo que piense! —interrumpió con firmeza, clavando sus ojos en Darius, que permanecía inmóvil, evaluando la situación con esa calma arrogante que siempre parecía acompañarlo—. Ese brillo en mi collar no es casualidad. Algo pasa… y tú estás en el centro de ello.

Darius arqueó una ceja, con esa calma arrogante que lo caracterizaba y que a veces rozaba lo desconcertante. Su postura relajada contrastaba con la tensión del momento, como si disfrutara de ver a los demás desbordados por emociones que él dominaba con frialdad.

—¿De verdad crees que ella te necesita para protegerla? Si quisiera hacerle daño, créeme, ya lo habría hecho.

La tensión se cortó en el aire como una navaja, vibrando entre ellos y envolviendo a Meissa en un escalofrío que le recorrió la espalda de arriba abajo. Dio un paso atrás, consciente de que los dos estaban a segundos de enfrentarse, con el corazón golpeando fuerte en su pecho, tan fuerte que casi podía jurar que los demás lo oían.

Pero el conflicto se intensificó aún más cuando una tercera figura apareció en escena, emergiendo de la sombra de las gradas con paso decidido y mirada intensa.

—¡Basta ya! —la voz de Rayan resonó con fuerza, cortando el aire como un látigo invisible. Su tono no admitía interrupciones, y la vibración de sus palabras se sintió en los huesos de quienes lo escuchaban. El chico caminó hacia ellos con paso firme, los ojos llenos de determinación y celos, la tensión en su postura casi palpable, como si cada músculo de su cuerpo estuviera a punto de estallar.

—Meissa, no entiendo por qué sigues perdiendo el tiempo con ellos. Tú y yo teníamos algo real, algo que ninguno de estos dos puede darte.

—Rayan… —Meissa intentó detenerlo, pero él continuó sin escucharla, su orgullo y su rabia nublando cualquier intento de comprensión.

—No voy a quedarme cruzado de brazos mientras un vampiro y un lobo se pelean como animales por ti. ¡Tú eres mía, Meissa! —exclamó con rabia contenida, la intensidad de sus palabras haciendo vibrar el suelo bajo sus pies, como si el eco de su voz buscara grabarse en la misma tierra.

El ambiente explotó en un instante. Darius dio un paso hacia él, con la sombra de una sonrisa peligrosa en sus labios. La energía que emanaba de él era tan palpable que el aire parecía comprimirse entre los dos jóvenes, vibrando en ondas invisibles que hacían que la piel de Meissa se erizara.

—¿Mía? Cuidado con tus palabras, humano… podrías terminar lamentándolo.

Kaisser gruñó con fuerza, sus colmillos apenas visibles mientras la energía del collar vibraba aún más, resonando en un zumbido bajo y constante que aumentaba la tensión, como si el metal mismo respondiera al peligro.

—Si alguien toca a Meissa será pasando sobre mí cadáver.

Meissa apretó los puños, frustrada por la disputa que se había descontrolado a su alrededor. Sentía que cada palabra pronunciada por ellos era como una piedra arrojada a un río ya desbordado.

—¡Ya basta! ¡No soy un trofeo para que se peleen!

Pero sus palabras parecían perderse entre las chispas de odio que brotaban entre los tres. La tensión era tan fuerte que parecía que el aire mismo temblaba, cargado con electricidad estática. Cualquier movimiento en falso podía encender la chispa de una guerra que no tendría vuelta atrás, y la luna parecía observarlos en silencio, como testigo de la inminente confrontación.



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En el texto hay: destino, sombras, sobrenatural

Editado: 05.07.2026

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