Orquest

Capítulo 01: Thayer Vexley

El primer semestre había sido difícil; hacer amistades, memorizar cosas que antes no tenía ni idea de que existieran, trabajos prácticos y exámenes, visitas de profesionales, los profesores fastidiosos y explotadores habían sido un poco de la causa de su cansancio.

Hasta el segundo semestre, donde unos orbes oceánicos cruzaron la puerta del salón y se presentaron ante la clase, explicando que estaba retomando sus estudios después de haberlos pausado por casi tres años debido a problemas personales. Y, sin embargo, allí estaban, mirando en su dirección, o quizás al lugar vacío a su lado, porque fue directo a donde fue a sentarse, sacando un par de cuadernos y bolígrafos, dejando su mochila debajo del pupitre.

Hasta que se volvió a verla.

Su sonrisa se ampliaba al mismo tiempo en que extendía una de sus manos en su dirección.

—Thayer Vexley.

Dijo, mientras levantaba las cejas, y abría y cerraba la mano, esperando una respuesta que no tardó en llegar con un sólido y cálido apretón de manos.

—Orquest Delaine.

Su sonrisa se amplió aún más en lo que extraía su mano y ladeaba la cabeza, parte de su cabello yendo más a un lado que al otro, y sus ojos se achicaban ante su confusión.

—¿Orquest? ¿Escuché bien?

Recibió un asentimiento como respuesta.

—Es bonito, y poco común.

—Lo sé, mamá me lo puso para manifestar que siempre haya orden en mi vida.

—¿Y funcionó?

—Hasta ahora no he dado problemas, así que...

Una risa discreta y baja escapó de sus labios mientras negaba y abría uno de sus cuadernos.

Haciendo ruido con la punta del bolígrafo de tinta negra se dispuso a prestar atención a clases, llevándose el tick, tick del bolígrafo las palabras de la profesora que escribía en la pizarra. Inevitablemente, su mirada volvía a esa chica de ojos tapioca sentada a su lado, con el nombre tan poco común que nunca se le había pasado por la mente escuchar.

Y esos ojos tan oscuros pero a la vez tan brillantes que jamás creyó que volvería a ver (ni siquiera unos que se le asomaran), pero allí estaba, acompañada con una bonita sonrisa, por una voz tranquila y directa, y una personalidad distante y cálida a la vez.

————

Mientras corría por los pasillos y sus ojos la buscaban después de clases, se preguntaba como alguien con esa altura y complexión podía caminar tan rápido y perderse entre las personas, pero eran esos ojos y esa voz que le harían reconocerla a donde fuese que estuviera. Por eso, ralentizó sus pasos cuando la vio hablar con una chica más alta que ella, que traía el cabello pintado en azul echo una trenza y unas prendas sueltas.

Y, al parecer, ambas notaron su presencia porque se volvieron a verlo.

—¿Lo conoces?

Preguntó la chica de trenzas en un susurro que no pretendía serlo y terminó llegando a él.

Orquest asintió.

—Es Thayer, mi compañero, acaba de retomar sus estudios.

Y, como si hubiese leído sus pensamientos, ella asintió a él para que se acercara y le sonrió antes de hablar.

—Thayer, ella es mi amiga, Maris—apuntó hacia ella—. Maris, él es Thayer, mi compañero de clases.

Él extendió su mano, más Maris tardó un poco en devolver el saludo, pues al parecer estaba demasiado concentrada en examinarlo.

Sus cejas se arrugaron, sus labios formaron una línea recta y sus ojos se pasearon por su cuerpo y rostro y, cuando correspondió, el saludo no duró más de dos segundos.

Ella asintió y se volvió a Orquest, bajó un poco y susurró.

—Ten cuidado.

El entrecejo de Orquest se tensó al igual que sus labios y su mirada se contorsionó en confusión al escucharla y verla marcharse tan pronto como lo dijo, mostró su incomodidad ante la situación con una diminuta sonrisa.

—¿Necesitabas algo?

Su voz cambió. Él lo notó, pero sonrió.

—Solo quería preguntarte si tenías con quién almorzar.

—Mi amiga me acaba de dejar, así que-miró hacia donde se fue Maris y volvió a verlo con una sonrisa—... no. Ahora no tengo con quién almorzar.

—Genial—dijo, en voz alta, pero sonrió nervioso al analizar sus palabras ante la expresión ajena—. No, digo, que mal que te haya dejado, pero... ¿quieres almorzar conmigo?

Su sonrisa se ensanchó al recibir una respuesta en forma de risa acompañada de un asentimiento.

————

Te gusta el color negro.

Thayer dejó de comer para voltear a verse y a su mochila.

Sonrió.

—Eres observadora.

—Necesito serlo si estoy siguiendo la carrera de Periodismo, ¿no?

Bufó.

—Tienes razón—admitió—. Sí, me gusta el color negro, pero es porque dicen que contrasta con el color de mis ojos. ¿Tú que piensas? ¿Tienen razón?

Orquest se quedó con el trozo de pan cerca de la boca, lo recorrió con la mirada hasta detenerse en sus ojos: Tan azules y profundos que, si no supiera que son unos simples ojos, pensaría que se está ahogando. No. Es más como si alguien la tomara del cuello y metiera su cabeza en el mar mientras sus manos lo golpean para que la suelte, pero ese se niega.

Parpadeó.

Desvió la mirada pasando saliva y dejó a un lado la pieza de pan.

—Mh. También coincido con ellos. Son demasiado azules—sin pensar, soltó una risa que le hizo temblar los labios y la garganta.

Está nerviosa.

—¿Puedo preguntar—comenzó, cambiando de tema—... Por qué pausaste tus estudios?

Thayer dejó el refresco en la mesa, se cruzó de brazos y abultó los labios antes de responder.

—Mamá enfermó, así que tuve que cuidarla y trabajar al mismo tiempo, ya que mi hermana era menor en ese tiempo y no podía cuidarla, y tampoco era una opción que ella dejara sus estudios.

—Oh. ¿Y cómo está ahora?

Allí estaba, ese brillo característico en sus ojos que le hicieron saber que estaba preocupada y a la vez le tenía lástima.

—Mucho mejor-sonrió—. Ya ha sanado, así que pudo volver a cuidarse ella misma.



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En el texto hay: #frontera #desapariciones

Editado: 20.05.2026

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