Os pido posada

Capítulo 5: A primera vista.

Adazla

—Todo estará bien, pequeña. -susurró el chico en mi oído mientras acariciaba mi pelo.

Me sentía tan bien al estar entre sus brazos, era como si él pudiera curar todas las heridas que tenía dentro de mi.

—Nada está bien -susurre lentamente y él m abrazo con fuerza —Deseo que ellos estén aquí, deseo que mamá y mis hermanos estén conmigo. Deseo ser feliz...

El chico suspiró mientras acariciaba mi cabello.

—¡Alan, Alan..! -escuche una voz detrás de nosotros y con vergüenza me aleje del chico.

No se que me había pasado, no se porque me lancé a los brazos de ese desconocido. No entendía porque al estar entre sus brazos me sentí segura. Me sentí como cuando mi padre me abraza.

Algo raro había pasado.

—¡Alan sin vergüenza ven aquí! Le diré a mamá que estás faltando a tu voto de castidad. ¡Ven aquí ahora mismo! -la voz del chico se escuchaba más cerca de mi todavía, logrando que la vergüenza se desatará en mi.

—¡Te voy a matar Adán! -grito él chico que antes me había abrazado.

Empecé a correr lejos de ellos.

Nunca en mi vida me había lanzado a los brazos de un desconocido, tal y como lo hice con ese chico.

Las lagrimas empezaron a salir de mis ojos, nublándome la visión.

—Adazla... ¿Qué sucede?

Me lancé a los brazos de Mara. Y ella me abrazó sin dudarlo ni un minuto.

—¿Que sucede? -verbalizo mientras acariciaba mi pelo.

—La extraño, los extraño.

—Se que lo haces cariño.. estoy consiente de que te falta tu madre pero no puedes dejar que esto te consuma. Adazla.. siempre que desees sentir que tu madre está cerca cierra tus ojos y piensa en que ella está abrazandote como esa última vez que lo hizo. Piensa en esas palabras que te dijo antes de marcharte, y luego de hacerlo sentirás a tu madre cerca de tí, tan cerca que el olor de su perfume se cuela por tus fosas nasales.

Cerré los ojos y tal como Mara dijo, vi a mi madre. Visualice su hermosa sonrisa y lo hermosa que se veía ese trágico día.

Sentí el amor en sus palabras tras desearme feliz cumpleaños, y ese último beso me supo a gloria.

Feliz cumpleaños a tí, feliz cumpleaños a tí, feliz cumpleaños Adazla -mamá entono estás palabras mientras sonreía  —Felicidades mi amor.

—Te amo, mamá. -dije mientras me lanze a sus brazos.

Esta fue nuestra última conversación.

La última vez que hable con mi madre.

—Tú por lo menos conociste a tu madre Adazla, tú la abrazaste y le dijiste lo mucho que la querías.. cosas que yo no pude hacer. Fuiste privilegiada en conocerla, así que aférrate al recuerdo de ella y cada vez que sientas que la extrañas cierra tus ojos e imagina que ella te vuelve a abrazar. Y de esa manera sentirás como ella está cerca de tí nuevamente.

Mara termino de decir estás palabras y posteriormente me abrazó con bastante fuerza.

Volví a cerrar mis ojos y esta vez la imagen de mi madre recostada en el césped mirando las nubes inundó mi mente.

—Adazla cariño, mi amor por usted es infinito, tan grande como el mismo cielo y tan profundo como el mar. Los amo con todo mi corazón. Ustedes son lo mejor que me pudo regalar la vida. Tú padre, Alán, Adán y tú, son el amor de mi vida y siempre lo serán.

Siempre.. siempre.

Abrí mis ojos y luego de hacerlo sonreí.

El recuerdo de mi madre lograba hacerme sonreír.

—G-gracias Mara. -susurre y ella me regaló una hermosa sonrisa.

—Para eso estoy a quien contigo Adazla. Cuenta conmigo siempre. Porque eres como la hermana que nunca tuve.

Negué con la cabeza mientras sonreía.

Solo a ella se le ocurría decir eso.

—¿Como la hermana que nunca tuviste, Mara?

La mencionada rodó los ojos y obvió las palabras de su hermana, y esto claramente molesto a la malvada Vera.

—Pues como no tienes hermana no te daré del bizcocho tres leches que conseguí. Jodete hay Marita.

Mara hizo una mueca y mismo tiempo se encogió de hombros. Restándoles importancia pero yo sabía que esto la tenía mal porque ella ama con locura el bizcocho de tres leches.

Vera se acercó más a nosotras, solo para torturar a su hermana, quien el ver la torta que mantenía Vera en sus manos sus ojos no pudieron despegarse de el.

—No seas mala por una vez en tu vida Vera y dale de ese manjar a Mara. ¿Dejarás que la pobre se muera con el deseo de degustar?

—Si. Si es por mi ella se morirá con el deseo de tener dentro de su boca una pequeña porción de este majar. -la vengativa de Vera sonrió tras decir estás palabras, logrando con esto que su hermana diera un paso hacia ella. —Aunque... Pensándolo bien te puedo dar una pequeña porción si admites que yo soy la mejor.

Mara enarcó.

—Puedes meterte ese el pastel por donde más te guste, porque yo no admire nada.

Mis ojos se colocaron en Vera y está no daba crédito de lo que había escuchado de los labios de su hermana.

—¡Por fin....! -celebro Vera —Tanto tiempo esperando esté momento y por fin llegó. Esto se merece celebrarlo.

Mara miró a la enérgica Vera y frunció el seño.

—¿Me puedes decir que rayos te pasa?

—Tenemos que celebrar, tenemos que.... -la vi sonreír mostrando sus dientes, pero poco después está sonrisa se convirtió en una mueca de dolor —¡Ahh....!

Una cámara de vídeo impactó con bastante fuerza uno de los pies de Vera, logrando que ella perdiera el equilibrio cayendo al suelo.

Y trágicamente con ella, el pastel  también calló.

—¿¡Maldición mira lo que hiciste hacer Adán!? Eres un grano en el maldito trasero.

Otra vez esa voz. Ese chico.

—Me duele -verbalizo Vera y yo me acerqué a ella. —¿Quien fue el maldito que me hizo esto?

Ella se levantó del suelo, totalmente cabreada. Y no era para menos.




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