Os pido posada

Capítulo 23: La verdad.

Adalet
(Mamá de Adazla)

Observó la foto de mi pequeña, y una lágrima sale de mis ojos.

—Te extraño mi amor. Daría todo lo que tengo por volver a verte otra vez. Ver esos hermosos ojos mirarme fijamente, sentir tu calor corporal ligarse con el mío. Escuchar tu dulce voz llamarme mamá. No sabes cuánto te extraño cariño. Te extraño Adazla. Te extraño... -abrazo contra mi pecho la fotografía de mi pequeña y lloró.

Descargo toda mi tristeza llorando.

—Adalet, hija... -la voz de mi padre inunda la habitación por completo, pero aún así no dejo de llorar. —Lo siento cariño. Siento haber tenido que guardar este secreto para mí. Perdóname..

¿Secreto? ¿De que secreto mi padre habla?

—¿Se-secreto? -dije entre cortada.

Papá se encargó de secar mis lagrimas.

—Descubrí que mi nieta nunca murió... Adalet, tú hija y él están vivos.

Tú hija y él están vivos.

¿Vivos?

—No puede ser posible, papá. Yo vi el auto incendiarse, lo vi con mis propios ojos.

—Todo fue plan de Débora. -negué con la cabeza.

Esto no es verdad. Me niego a creerlo.

—¿Como sabes eso tú? -mi padre suspiro. —¡Dime papá!

—Un buen amigo hizo la investigación hija. Cuando él vio el parecido que tiene la chica contigo la empezó a seguir y luego de ver a ese hombre me confirmó que ambos están vivos. Débora planeó todo, hija. Fue ella quién te alejó de tu hija y de ese.... Hombre. Esa mujer destruyó tu familia...

Una lágrima brotó de mis ojos, pero en esta ocasión no era de tristeza. Más bien era de rabia.

—Si esa mujer tiene que ver en todo esto, yo misma te juro que la mato. -mi padre abrió los ojos como platos —Ahora mismo vamos por ella, papá. Qué alisten el helicóptero.

Me levanté de la cama y sin esperar las palabras de respuesta de mi padre salí de la habitación.

—Voy por tí Adazla. Mamá va en camino. -camine con determinación por el pasillo. Y justo antes de empezar a bajar las escaleras escuche la voz de mis dos terremotos. Alán y Adán.

—Mamá... ¡Mamá!

—Deja de gritar idiota. -sonreí al ver a mis dos hijos caminar con paso rápido hacia mi.

—Mami, a este amargado le hace falta un buena sección de sexo. Le regalé un viaje a Acapulco par aque valla a excavar la cueva de la mujer enmascarada.

Vi a Alán perder los pocos estribos que tiene, así que antes de que matará Adán intervine.

—Adán... -lo mire fijamente y él se encogió de hombros. —Comportate por Dios. ¿Cuando dejarás de ser un hombre?

—Cuando embarace a una mujer.

—Yo no tendré hijos... Seré soltero para toda la vida y excavare todas las cuevas que yo quiera.

—Me divertiré cuando llegue a nuestra casa la noticia de que preñaste a una mujer hermano. Ese día sera el mejor de mi existencia. Te lo prometo.

Adán rodó los ojos. Y yo solté una pequeña risa.

—Hay hijos míos. Qué haré yo con ustedes.

—Amarnos.. -contesto uno de mis  amargados queridos. Porque él primero siempre será el padre de mis hijos.

—Hijos míos. Iremos todos a Acapulco. -Adán soltó una gran carcajada. Mientras que Alán frunció su seño. —Iremos a traer de regreso a su hermana. Y si tengo suerte a su padre también.

Ambos abrieron los ojos como platos.

—¿Nuestra hermana? ¿Nuestro papá? ¿Qué rayos está pasando mamá? -cuestiono Alán.

—Una auténtica bruja nos alejó chicos. Pero yo no permitiré que esa mujer se salga con la suya, esa víbora venenosa conocerá de lo que soy capaz.

—¡Esa es mi super mami! -Adán se acercó a mí para abrazame con fuerza. —¿Como es nuestra hermana mamá? ¿Es tán hermosas como tú?

—Idiota claro que nuestra hermana es hermosa -Alán golpeó el brazo de Adán. —¿O es que piensas que una belleza como nuestra madre daría un producto feo?

Alán cuando se pone de coqueto, es incontrolable.

—Para nada hermano.

—Dejen de decir babosadas y vamos de una vez por todas... -alce mis manos y agarre a mis dos hijos por las orejas.

—Mamá, deja de ser tan dura... -se quejo Adán y yo apreté con más fuerza su pobre oreja. —¡A...uch!

—Si no te callas será peor idiota. -tras estás palabras apreté la oreja de Alán. —¿Y eso porque fue?

—Por gusto...

Mis dos hijos replicaron y yo solté una gran carcajada.

—Dejen de comportarse como niñitas.

—Mamá tu vien sabes que no tenemos nada de una niña.

—Traiganme un nieto y no lo pongo en duda. -Adán se quedó en silencio —Eso si, no puede ser con cualquier mujer. ¡Eso sí que no! La madre de mis nietos tienen que ser íntegras, con valores y seguras de sí misma.

—Conozco un par de locas con esos adjetivos mamá. Pero dicho sea de paso se que no te van a gustar.

Enarque una ceja.

—Una loca y la otra amargada.

—La loca para Alán, y la amargada para tí, Adán. ¡Las quiero conocer!

—¡No...!

—¡No.....!

—Esas dos chicas serán mis nuestras, ya lo verán. -tras estás palabras solté las orejas de mis hijos. —Ellas llenarán está casa de muchos bebés. Y serán su talón de Aquiles...

Los dos hijos míos se miraron fijamente a los ojos.

—Hey ustedes... ¿Qué hacen hay parados como estatuas? Vamos a por mí nieta. Vamos por ella... -sonreí al ver a mi padre totalmente entusiasmado. —Vamos por la pequeña Ada... ¡Vamos, vamos!

—Vamos por tí mi amor, vamos por ustedes. -susurre mientras empezaba a bajar las escaleras.

 

Me cuanto el helicóptero aterrizó, todos nos bajamos y caminamos hacia el auto. El cuál nos llevaría a la que era mi hogar.

—Mamá, como es nuestro padre. -gire mi cabeza hacia Alán.

—Eres una copia exacta de él cariño.

—¿Y yo? ¿De quién soy una copia exacta?

—Eres mi copia pero en hombre.

Alán se burló de Adán. Y mi pequeño pica flor se cruzó de brazos.

Mire hacia adelante y vi a mi padre guiar al chófer del automóvil.




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