Os pido posada

Capítulo 32: Juntos.

Adazla

Llegó el día tan esperado por Vera.

—¿Donde se metió Mara? -pregunto ella sin dejar de mirarse en el espejo. —Ella dijo que iba a buscar mi pulsera, pero esta es la hora en la que no ha llegado. ¿Sera que le ocurrió algo?

Ante la pregunta de Vera sonreí.

—No te preocupes cariño. Ella está bien. Muy bien diría yo. -gire mi cabeza hacia Nicole. —Y tú también muy pronto estarás bien.

—Claro madre. -acoto ella sin apartar los ojos de su reflejo en el espejo —Pronto seré una mujer casada. La más feliz de todas.

Claro, la más feliz de todas.

—Vera hija, ya es hora. -Marco el padre de mi amiga entró a la habitación. Y los ojos no lo pudo apartar de ella. —Estas hermosa cariño. Eres la novia más bella que mis ojos han podido ver.

—Padre... -Vera se colocó sobre sus pies. —Pense que no tendría la oportunidad de vivir este momento contigo.

—Siempre estaré para tí, mi Fresita. -Marco acortó la distancia que los separaba y cuando estuvieron frente a frente él la abrazo. —Su padre siempre estará junto a ustedes. Nunca lo olvides.

Padre e hija se abrazaron demostrando con esto el gran cariño que nos se tienen.

—Es hora cariño, tengo que llevarte con tu futuro esposo.

—Ya es hora. -murmuro Vera sintiendo. —Tengo que ir con mi futuro esposo.

—Estas a tiempo de arrepentirte hija.

—No tengo porque arrepentirme madre. Esto es lo que quiero, lo que deseo.

Nicole se acercó a ella.

—Después no digas que no te lo dije, hija. Porque de guerra avisada no muere soldado.

—¿Qué quieres decir madre?

Nicole se encogió de hombros.

—Todo a su tiempo Vera. Todo a su tiempo. -verbalizo Marco sin dejar de observar a Nicole. —Vamos hija antes de que el novio me apunté con un arma.

Vera tomó el brazo que su padre le ofrecía y dudosa camino con él.

—Estoy loca por ver ese espectáculo.

—¿Usted sabe lo que mi hermano hará? -Nicole asintió con una gran sonrisa en sus labios. —Adelanteme algo, para que no me caiga de sorpresa.

—Lo siendo cariño pero no puedo decirte nada. Se lo prometí a tu madre.

—Ni que fuera a llevársela a punta de pistola del altar. -tras verbalizar estás palabras Nicole sonrió.

—No estas muy lejos de la realidad, querida.

¿Robársela a punta de pistola?

Eso tengo que verlo con mis propios ojos.

Me apresure a salir de la habitación tras escuchar la marcha nupcial.

—Que empiece el show.

Hice una mueca la ver la falsa sonrisa que tenía Vera en sus labios.

La falta de comunicación es un maldito problema.

Me coloque en mi lugar respectivo. Y tras hacerlo escuché la voz de Christian.

—Quiero casarme contigo, cariño. -enarque una ceja. —Muero por verte enfundada en un vestido de novia. No te imaginas todas las veces que he fantaseando contigo, amada mía.

Christian se atrevió a colocar una de sus manos en mi pierna.

—Estate tranquilo Moussier -susurre disimuladamente. —Si no lo haces tendré que imponerte un doloroso castigo.

—¿Serias capaz de negarme lo que es mío?

—¿Tuyo? No me hagas reír.

Christian se tensó.

—¿De quien más sería si no es mío?

Ante esta pregunta no dude en contestar.

—Es de un hombre alto, fornido y....

Mis palabras quedaron en segundo plano al escuchar el gran murmullo que se había formado.

Giré mi cabeza y mis ojos se abrieron como platos al ver a mi hermano Alán caminar hacia el altar con más de cinco hombres armados.

Ni que fuera a llevársela a punta de pistola del altar.

—¿Qué crees que estás haciendo, idiota? -verbalizo Vera cuando giro sobre sus pies. —¿Quien te crees para irrumpir en mi boda?

Alán acortó la distancia que lo separaba de Vera y con una sonrisa en los labios habló.

—Eres mía Vera, por eso no puedo dejar que te cases con ese idiota.

—¡¿Estas loco?!

—Si, estoy loco pero, loco por tí.

Abrí mi boca ante esta confesión de Alán.

—¡Ese es mi hijo...! -la voz de mi madre se alzó por encima de las demás, ganando con esto que el abuelo aplaudiera.

—¡Ese es mi nieto...!

Vera rodó los ojos.

—Vete, antes de que te saque con mis propias manos.

—Atrévete. -Alán desafío a Vera con estas palabras y ella se enfureció. —Y verás en acción a un Alán que no conoces, preciosa.

Vera le entrego el ramo a su madre y posteriormente se acercó a Alán.

—Marchate Alán Estrada. Vete de una vez por todas. -dijo Vera, mirándo fijamente a Alán. —Porque tú no tienes nada que hacer aquí.

—Te equivocas Vera. -mi hermano dió un paso hacia adelante, para acortar más la poca distancia que lo separaba de Vera. —Estoy buscándote a tí. A mi mujer, a la madre de mi hija.

Tras Vera escuchar estás palabras se colocó más blanca que la leche.

La pobre había entrado en un estado de shock, y eso era lago entendible.

—Por eso no te puedo dejar casar, solo con un hombre te casaras y ese hombre seré yo.. -acoto Alán y posteriormente se atrevió a colocarse el cuerpo de Vera sobre sus hombros.

Causando que ella girará.

—¡Sueltame....! Colocame en el piso Alán Estrada si no quieres que te rompa todos los huesos. -verbalizo Vera mientras se removía incómoda.

—Señoras y señores, para lastima del novio está boda se termina aquí pero, no se preocupen que más pronto de lo que piensan estaremos celebrando nuestra boda. -lo vi sonreírle a los invitados y posterior empezó a caminar hacia la salida.

—¿Hey tú... a donde crees que vas?

—¿Es que no ves que me estoy robando la novia? O es que necesitas que devolvamos la escena hacia atrás. 

—No te la llevarás. Sobre mi cadáver.

Alán enarcó una ceja.

—Pues tendrás que dejar dejar que acribillen tu cuerpo, porque me llevara a mi mujer y tú ni nadie podrá impedirlo. 

—Alán, suéltame...

Vera se removió incómoda y golpeó la espalda de Adán.

—Padre, mamá. ¡Ayúdenme....!




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