Epílogo
“All right, 반복된 시소게임
이제서야 끝을 내보려 해…”
¿Treinta? ¿Cuarenta? ¿Cincuenta?
Había perdido la cuenta de las veces que había escuchado decir “otra vez”.
¿Podían cortarse las cuerdas vocales por exceso de uso? Ni siquiera se trataba de eso, simplemente estaba agotada. No podía conseguirlo, no puedes lograr transmitir un sentimiento que no sientes. Y, a estas alturas, dudaba que pudiera sentir cualquier cosa.
El calor era otro factor insoportable, las gotas de sudor corrían por mis sienes. Poco a poco podía notar la sequedad en mi garganta. La botella de agua junto a mí se había vaciado hacia al menos una hora, pero ni siquiera había parado para ir al baño, menos podría ir por otra botella.
Un zumbido en la parte inferior de mi cabeza comenzaba a hacerse presente, tal vez un pitido en el oído derecho… ¿siempre estuvo ahí?
De pronto la música dejó de sonar, solo en ese momento noté que había dejado de cantar.
—Tal vez deberías evaluar si tienes TDAH o es simple falta de profesionalismo.
El comentario mordaz retumbó en las paredes de la pequeña cabina de grabación. No era necesario observar al dueño de esas palabras para imaginar la sonrisa irónica que, probablemente, adornaba su rostro.
No podía responder, el calor era cada vez más sofocante. Las paredes parecían estar cada vez más cerca de mí. Tal vez iba a morir por aplastamiento.
—Te estoy hablando, si no quieres… -pero dejé de escuchar. Necesitaba salir de ahí, me retumbaba la cabeza-
Miré a mi alrededor, pero todo era negro. Solo cuatro paredes, ¿dónde estaba la maldita puerta? Algo estaba mal con este lugar porque solo se sentía más oscuro con el pasar de los segundos, estaba comenzando a dolerme el pecho y, por alguna razón, me costaba un poco respirar.
Intenté enfocarme en mi respiración. Uno, dos, tres, cuatro… Necesitaba salir de aquí. Cuando por fin pude enfocarme en algo, noté la pequeña manilla plateada. Como si fuera la última gota de agua en el desierto corrí a tomarla. Abrí de inmediato, saliendo al fin de ese agujero. Sentí una mano tomar mi brazo, pero necesitaba aire. Con un movimiento brusco logré soltarme y corre a una segunda puerta, abrí con torpeza y tropecé al salir, terminé de rodillas en el pasillo, pero al menos ya podía respirar.
—¿Acaso estás loca? -de nuevo esa maldita voz- ¿Por qué mierda te comportas así?
—¡Basta, basta, basta! -grité cansada-
Un silencio sepulcral inundó el pasillo, no me importaba si había más personas, estaba harta de todo y, simplemente, no aguantaba más. Me levanté con rapidez, provocando un leve mareo, pero no me importó en ese momento, necesitaba sacar todo lo que me venía guardando hace mucho tiempo. Tomé el poco valor que había reunido y levanté la cara.
—Esto es abuso de poder, no puedes tenerme ahí diciendo “otra vez” por cuatro horas sin darme descanso alguno. —al parecer había comenzado a gritar.
—No estaríamos cuatro horas en esto si supieras hacerlo bien… —lo interrumpí porque no podía escuchar de nuevo un argumento tan estúpido.
—¿Y cómo se supone que lo haga bien si no me dices lo que está mal? —No mentía en eso, él se encargaba de decir que estaba mal y que había que repetirlo, pero no se encargaba de dirigir, explicar qué quería o cómo podía mejorar, estaba haciendo algo a ciegas porque al señor se le ocurría que no era suficiente.
-No soy tu profesor para enseñarte cómo debes hacerlo.
-Y, te recuerdo, que yo no soy cantante. Te estoy haciendo un favor, pero tú… —esta vez él me interrumpió.
-No es un favor si te pagan por ello.
-Pues, te informo, que ni todo el dinero del mundo es suficiente para aguantar a alguien como tú. Se supone que eres productor, mínimo deberías actuar como uno y hacer bien tu trabajo.
-No te atrevas a meterte con mi trabajo Sofía, no tienes ni una maldita idea de lo que es hacer música.
-Esto no es por la música, el problema eres tú.
Algo extraño cambió en su mirada, no estaba segura de si había tocado algún punto sensible, pero ya no había vuelta atrás. Pude notar que sus manos se volvían puños, su mandíbula se tensó por la fuerza con la que estaba apretando los dientes. Avanzó un paso provocando que quedáramos a centímetros. El ambiente era más tenso aún, si es que eso era posible. Bajó un poco la cabeza, eliminando algo de la gran altura que nos diferenciaba.
—El que te creas una artista no te da el derecho a basurear el trabajo de los demás. Limítate a hacer tu trabajo y si no puedes, como parece ser el caso, dilo y dejo de perder el tiempo. —dijo todo casi en un susurro.
Retomó su altura normal dispuesto a darse la vuelta para volver a su estudio, pero no estaba dispuesta a dejar eso, así como así. Rápidamente avancé a la puerta para interponerme en su camino.