Me gustaría decir que el grupo que me fue asginado era increíble y que no aguantaba las ganas de trabajar con cada una de esas chicas. Pero eso sería una completa y absoluta mentira.
Nova-G, próximo grupo a debutar, estaba en boca de todos. El concepto de las chicas era llamativo y, desde el adelanto que había hecho la empresa un mes atrás, rebosaban los comentarios sobre lo hermosas que eran. Lamentablemente, cuatro de las siete no estaban para nada contentas al saber que, en poco tiempo, tomaría las riendas de sus ensayos. Si bien Vicente estaría para ayudar y supervisar, llegado el momento, debía hacerme cargo del grupo.
Todo mundo sabía que Vicente era, probablemente, uno de los mejores bailarines de Chile. Por ende, entendía que demostraran cierta reticencia a trabajar conmigo, lo que no justificaba que fueran un tanto maleducadas. No obstante, estaba decidida a sacar aquello adelante con éxito, ningún grupo de adolescentes me iba a arruinar el año.
Como primera clase, además de presentarnos, Vicente comentó que estaban trabajando en la coreografía de la canción debut. Por ahora, necesitaba ponerme al fondo para aprender el baile. Lo primero que hice fue ponerme al frente y comenzar a grabar.
—¿Puede hacer eso? -preguntó una de las chicas apuntando mi celular-
—No se preocupen, está bien. -Vicente les dedicó una linda sonrisa- Le servirá a ella para ver cómo va la coreografía y a ustedes para saber qué deben mejorar.
La primera grabación no sirvió de nada, o sí, para ver la cantidad de errores que comentían; tampoco sirvió la segunda, ni la tercera, ni siquiera la décima. Podía ver cierta frustración en la cara de Vicente, se notaba que era demasiado perfeccionista y, a esta altura, quería enfocarse en las particularidades de cada movimiento, no en errores básicos del baile. Asimismo, me di cuenta de que a las chicas les faltaba atención a los detalles, pero todavía no recordabanla coreografía completa, por lo tanto, no estaban pendientes de esos pequeños errores que arruinaban la visión general.
Estábamos tan concentrados en verificar el mismo paso, por milésima vez, que nadie notó cuandola puerta se abrió. No fue hasta que una de las chicas saludó a la persona que acaba de entrar que el resto notó su presencia. La altura de aquel hombre no pasaba inadvertida para nadie, tal vez fuera aquello lo que lo volvía más intimidante.
—Hola señor, es un gusto verlo. —hasta este momento no sabía que esa niña podía sonreír de esa forma. Pensé que había nacido con la cara de culo.
—Es bueno ver a nuestro nuevo grupo, supongo que se están esforzando el doble ahora que queda poco para su debut. -No podía decir que eso fuera una sonrisa en la cara de Ignacio, pero estaba segura de que era mucha más de la amabilidad que me había demostrado a mí hace algunos días-
—¡Por supuesto que sí! -dijo otra chica, con demasiada energía para mi gusto-
—Vicente -Ignacio mencionó al bailarín, sin embargo su mirada estaba puesta en mí- Pensé que necesitabas ayuda con el baile, de saber que necesitabas un camarógrafo podrías haber solicitado uno en el quinto piso.
—Si venías a molestar puedes retirarte. -Vicente mostró su mejor sonrisa- Tenemos mucho que hacer.
—¿No debería estar bailando? -esta vez me habló de forma directa-
—Necesita grabar para luego ir y aprenderse los pasos. Tal vez le lleve un par de semanas. -la primera en saludar a Ignacio habló de nuevo, podía notar su mala vibra y las ganas que tenía de hacerme quedar mal-
—En realidad, grabo para que vean los errores que han estado cometiendo. -intenté sonar desinteresada, pero fallé en el intento- la coreografía ya la memoricé.
—Si está tan segura entonces no le molestaría unirse al ensayo, señorita Valenzuela. Así puedo ver el progreso. -No era una simple evaluación, estaba claro que no confiaba en mi palabra, pero le iba a demostrar que no mentía.
—Por su puesto que no.
Dicho esto, esperé a que cada chica tomara su posición, cosa que demoró un poco más de lo esperado porque seguían confundiendo algunos lugares. Me ubiqué a la derecha, donde no molestaba en la formación e Ignacio podía observar perfectamente mi baile, haría que se tragara sus palabras una por una. Era la segunda vez que lo veía y ya lograba sacar lo peor de mí, quién sabe cómo iba a terminar esto, por ahora, solo podía pensar en hacerlo perfecto.
Vicente, disfrutando de la escena, dio una pequeñas indicaciones y puso la música. Realmente no era complejo, más allá de las posiciones que cambiaban constantemente, lo más complejo era el movimiento de manos, pero nada que no pudiera recordar.
Como siempre, di lo mejor de mí. Y segundos antes de que la canción terminara pude ver que Ignacio salía del lugar con evidente molestia o decepción por no verme fracasar. Si algo me caracterizaba era mi memoria, siempre fui la mejor memorizando coreografías en poco tiempo.
—Y así es como se hace. -dijo Vicente cuando la música terminó-
Cansada, con el pecho subiendo y bajando, fui hasta la esquina para buscar una botella de agua. Al voletar, vi siete pares de ojos enfocados en mí, perplejos. Tal vez, más de alguna había terminado con la boca abierta.
—¿Tengo algo en la cara?
—¿Por qué no nos dijiste que eras así de buena? —preguntó una de ellas.