Oscuridad

5 - Alara y Shin – 3

Shin saltó por una ventana para terminar en el frente del templo donde había demasiados vehículos para su gusto, tanto plasma como misiles caían sobre él. Nada iba a tocarlo, pero la nave todavía no había salido del planeta. Los siths rebotaban ante sus sables recibiendo poderosas patadas y golpes, llenándose de ira para seguir peleando. En ese momento se percató de que haber entrenado a Alara había sido lo correcto, ya que no tendría problemas con ninguno de ellos. Pensando en ella, notó que ya estaba cerca. El frente del templo estaba en ruinas y una de las estatuas de Xania cayó detrás de él para anunciar un escuadrón de cazas. Cuando iba a compactarlos, recordó a su prometida y lo único que hizo fue hacerlos chocar entre ellos para que se pierdan en el horizonte. Su nave ya estaba en órbita y estaba listo para terminar con la pelea. Los cansados y lastimados siths eran los únicos frente a él, los soldados solo apuntaban con sus armas sin hacer nada. Gundar estaba en un balcón a sus espaldas mientras bajaba una escalera hacia ellos.
“Espero que se estén divirtiendo, lo único que ganaron fue ensuciar mi armadura.” Dijo jocoso Shin mientras notaba a sus amigos escondidos detrás de una fuente. “Mi artesana va a estar ofendida…”
Shin podía sentir la ira de sus enemigos en el aire.
“Te has ablandado, Shin. Antes habrías matado a todos tus enemigos con un solo golpe.” Dijo ofuscado Luthien. “Antes hubieras…”
“Eh, no sé, eres tan débil que prefiero que sufras de una larga y dolorosa existencia.” Respondió divertido Shin. “Estoy sorprendido con la acólita, terminó siendo la mejor de ustedes… Supongo que su maestro es el verdadero poder que queda en el Imperio.”
“Eres mucho más de lo que Xania decía, Ihsahan.” Dijo divertida la twi’lek. “Mucho más…” Agregó con lujuria. “Esta pelea… me está cansando. Ferocia va a tener que tomar sopa por unos meses…”
“Cierra la boca.” Gritó ofuscado Luthien. “¿Eso viniste a buscar? ¿Una nave?”
“Están pasando cosas más importantes que esta estúpida guerra de poder Luthien. Voy a proteger la galaxia, es mi deber y ustedes deberían correrse de mi camino. Todos han tenido la visión alguna vez…”
“No eres ningún héroe, Shin. Eres un sucio jedi y tu debilidad va a destruir al Imperio.” Dijo ofuscado Luthien.
“Los únicos débiles en este lugar son ustedes.” Dijo divertido Shin mientras miraba a los soldados revisando su cinturón. “Deberían volver a las raíces, siths…”
Shin tocó su comunicador un par de veces para enviarle un mensaje a Gundar, terminando con la granada entre ellos y los siths. El chiflido fue monumental y la explosión lumínica cegó a todos. Alara corrió hacia la parte trasera del templo, así que la siguió a ciegas luego de saltar hacia el tirador. Gundar voló sobre él mientras los Imperiales recuperaban la vista. El yate estaba esperando por ellos cuando tomó la mano de su prometida para seguir corriendo hacia la nave. Alara terminó en sus brazos mientras volaban directamente hacia la fragata.
“¿Estás bien?” Preguntó con cuidado Alara.
“Ahora sé porque Vera siempre está molesta contigo, Shin.” Dijo divertida Sanza.
“Nada que lamentar, no maté a nadie… Es más, salvé a Kaisa de ser absorbida por su maestro.” Dijo jocoso Shin mientras se quitaba la máscara. “Casi compactó un grupo de cazas…” Agregó rascándose la cabeza.
Alara lo besó con todo su amor.
“Gracias…” Dijo apenada cuando sus labios se separaron.
“¿Cómo te fue en el hangar? Seguro había robots…” Dijo divertido Shin mientras caminaban hacia la cabina.
“Alara los destruyó en un instante, tendrías que haberla visto.” Dijo divertida Sanza. “Esa fragata es todo un espectáculo.”
“Twinshadow. Tenemos que cambiarle el nombre, preciosa.” Dijo jocoso. “Buenas tardes…”
“Traes el delicioso aroma de la batalla, Shin.” Dijo pensante Lura. “Te preocupas en vano, Alara… ¿Lo viste bailar?”
“Es todo un espectáculo, esposa.” Dijo divertido Erdos mientras se sentaba en el asiento del copiloto. “¿Aprendiste eso, Alara?”
“No, es el único que conozco que puede usar esa habilidad.” Dijo pensante Alara mientras se apoyaba contra su novio.
“Instintos de Batalla.” Dijo divertido Shin mientras volaban hacia la parte oscura del satélite. “Esta es Kiun, hay una hermosa base militar que todo el Imperio ignora en este satélite. Es una estación de monitoreo y zona de entrenamiento militar.”
La nave estaba orbitando el satélite cuando Alara se aferró a él para mirarlo de cerca, Shin ya necesitaba un baño.

Shin caminaba a su lado directo a las habitaciones del capitán. Las puertas se abrieron para entrar en una pequeña oficina que llevaba a un comedor y terminaba en una coqueta habitación. Se tiró a la cama para hablar con su novio, que pasó directamente a bañarse.
“Son las ventajas de ser el capitán, tesoro.” Decía divertido desde la ducha.
“Eso parece…” Dijo pensante Alara mientras revisaba sus alrededores y sacaba la ropa de Shin. “Esto va a ser mejor que la tienda de campaña de Vitti… Tenemos agua caliente.”
“Tal vez pueda comprar una estación espacial…” Respondió sin cuidado. “Cuando estemos listos tengo que hablar con Cen, necesitamos hacer algunas modificaciones antes de ir hacia la Joya.”
“Entendido…” Dijo contenta Alara cuando Shin apareció envuelto en una toalla. “Todo salió bien.”
“Tuvimos un poco de acción esta vez…” Dijo divertido Shin mientras Alara lo desnudaba con un rápido movimiento de sus manos.
“No sueles esconderte de mí…” Dijo divertida mientras lo acariciaba. “No sé cómo sonar sexy…”
“A mí me gustas así, tesoro.” Dijo sonriente Shin.
El joven terminó en la cama con su prometida sobre él.
“No te odio, Shin.” Dijo con seriedad Alara.
“Lo sé.” Respondió pensante. “No deberías preocuparte por eso, estás aprendiendo…”
“Lo que siento es… real.” Dijo apenada Alara.
“Es normal, preciosa. Es lo que tienes dentro, pero ahora puedes usarlo para pelear… Pensé que ibas a pelear a mi lado.” Dijo sonriente Shin.
“No era necesario, Erdos estaba hipnotizado con tus movimientos.” Dijo divertida Alara. “Me encanta verte con tus sables…” Agregó mientras lo acariciaba. “La lujuria es más fácil… solo te necesito a mi lado.”
“¿Qué es lo que me quieres decir, Alara? No te guardes nada…” Dijo mientras se sentaba para apretarla.
“¿Esto te pasó a ti?” Preguntó con mucho cuidado. “¿Me odiabas cuando estabas en Korriban?”
“Para nada.” Dijo sonriente Shin. “Yo fui una rara excepción en la Orden, básicamente me alimenté de mi soledad y tristeza. No sé cómo explicar cómo me sentí cuando tu hermano me mostró mi funeral. Cuando noté que todo el amor que tenía no había tenido valor alguno…” Agregó apenado.
“Yo quería buscarte…” Dijo avergonzada Alara.
“Ahora lo sé, preciosa. En ese momento terminé en Korriban, no sé si quieres saber los detalles…” Dijo apenado Shin.
“¿Te sentías así? ¿Solo?” Preguntó con cuidado.
“Entre otras cosas, cuando te torturan es fácil odiar al torturador.” Dijo divertido Shin. “Solo torturan a los débiles en la academia, a los que no están listos para ser siths.”
“¿A eso te referías cuando…?”
“Rompieron mi temple primero, el dolor es un gran mensajero… En algún momento solo estaba sobreviviendo, en otro, el dolor era el combustible de mis puños.” Dijo con seriedad Shin. “Terminé siendo el monstruo que…”
“No digas eso…” Dijo apenada Alara. “Necesito que sepas que no te odio, si te odiara no estaría aquí contigo.”
Shin apretó las piernas de su novia para besarla con cariño.
“Lo sé, preciosa. No quiero que te guardes nada…” Dijo sonriente. “La próxima vez ven a pelear a mi lado, no tienes que temerle a la violencia.”
“Me entiendes demasiado bien, Shin…” Dijo apenada Alara.
“Es mi trabajo como futuro esposo…” Agregó mientras la manoseaba.
“Estúpido…” Dijo sonriente Alara. “Creo que voy a aprovechar que estás desnudo…”
Alara estaba quitándose la túnica cuando unos golpes los interrumpieron. Con cuidado, Alara fue a la puerta para encontrar a Eridia. Shin ya estaba vestido detrás ella.
“Eridia, gracias por venir.” Dijo sonriente.
“Mis disculpas, estamos listos para partir.” Dijo con cuidado la sith mientras los miraba con curiosidad.
Shin estaba apretando a Alara con mucho cariño.
“El capitán está listo.” Dijo jocoso para empezar a caminar por los fríos pasillos de la nave. “Después te doy un paseo, tesoro.”
“Ya estoy ansiosa.” Dijo divertida Alara mientras se aferraba a su brazo. “No me habías nombrado a Eridia.”
“Es una de las favoritas de Hussan…” Dijo al aire Shin. “Quería presentártela con el resto, pero decidió quedarse en este planeta. Solo muerde cuando se lo ordenas.”
La sith se sonrojó al instante.
“Espero que no sea una de tus novias…” Dijo celosa Alara.
“Has cambiado mucho, Shin…” Dijo con cuidado la purasangre.
“Aquí está la razón.” Respondió mirando a Alara. “¿Cómo estuvieron tus días en la oscuridad?” Preguntó sin cuidado.
“Sin sobresaltos…” Dijo pensante Eridia. “Todos quieren matarte, Shin. Deberías saberlo…”
“Eso me informaron.” Dijo jocoso mientras entraban al puente de control.
Shin sacó su holopad para conectarlo a una de las computadoras. Al cabo de unos segundos su tío estaba en las pantallas.
“Cen, tengo una… pequeña nave para modificar, recargar y reparar.” Dijo divertido.
“¿A qué te refieres con pequeña, Shin?” Dijo al aire el capitán.
Cen estaba mirando hacia otro lado, ya que parecía estar ocupado.
“Una nave capital…” Dijo al aire Mirana.
“Es una fragata.” Gritó de fondo Shia.
“Ah, Corellia. Shin, cuando llegues te envío los datos. Estoy… ocupado.” Dijo al aire Cen.
“Recuerda que puedes pedir ayuda, tío.” Dijo sonriente Shin.
“No te preocupes, nos vemos más tarde.” Dijo el capitán para terminar la comunicación.
Shin se sentó en una silla para empezar a tipear a toda velocidad mientras Sanza se sentaba a su lado para aprender de lo que hacía.
“¿Eras una de sus espías?” Preguntó con cuidado Alara.
“Era una de las sombras de Tharan, tu hermano.” Respondió con seriedad Eridia. “Ihsahan me hizo una espía. Si no fuera por él…”
“Es una gran sombra, Ali.” Dijo pensante Shia. “No tanto como tú, pero…”
“Tu técnica es formidable, Alara.” Opinó con respeto Eridia. “Me recuerdas a Shin.”
“Yo apenas estoy a su nivel cuando era mi padawan.” Dijo divertida Alara.
Todos sintieron un empujón para que la nave entrara en la hiperlane, anunciando que ya podían relajarse. Todos empezaron a caminar mientras ella miraba a Shin acercarse.
“Eridia era una de las favoritas de tu hermano, tesoro. Se la robé de las manos.” Dijo sonriente mientras acariciaba su espalda. “Necesitamos provisiones y chequear los sistemas de la nave. Vitti se va a ofender, pero va a hacerlo alguien más. Nos tomaría demasiado tiempo a nosotros tres.”
“¿Qué hacía para ti, Shin?” Preguntó con curiosidad Alara mientras se apoyaba contra su novio.
“Ella era una gran espía dentro de la Orden y entre mis enemigos.” Dijo pensante Shin. “A veces ayudaba a Artrisa y Shia cuando tenían que ser más silenciosas que de costumbre.”
“Es una gran espía.” Dijo al aire Mirana. “Si quieres ser una de las grises vas a tener que mejorar con tu sable, Eridia. Ya viste a la jedi.” Agregó con malicia.
“¿Cómo estuvo? ¿Esperó demasiado para pelear?” Preguntó con entusiasmo Shin.
“No, se lanzó al ataque en el momento que disparé.” Dijo jocosa Shia.
“Terminó siendo aburrido…” Agregó a la pasada Erdos. “Vamos a explorar la nave, Shin.”
“Siéntanse como en casa.” Dijo sonriente Shin. “Estoy orgulloso de ti, tesoro…” Terminó mientras la apretaba.
“Solo usé lo que me enseñaste…” Dijo apenada Alara.
“Es toda una fiera, Shin…” Dijo divertida Mirana. “Usó esos relámpagos dorados…”
“¿Ya no te cansan?” Preguntó con curiosidad Shin.
“No, pero no son como los tuyos…” Dijo pensante Alara. “Pensé que iban a cambiar…”
“Ya vas a poder usar los correctos, tesoro. Recuerda que aprendiste esa técnica de la manera difícil.” Dijo pensante Shin.
Eridia lo estaba mirando con mucha curiosidad.
“¿Qué pasa?” Agregó sonriente.
“Lo siento…” Dijo apenada la sith.
“Es normal, Eridia. Nosotras lo miramos por unos meses hasta que nos acostumbramos a su estúpida sonrisa…” Dijo al aire Shia mientras se marchaba. “Voy a conseguirme una habitación…”
“Mejor no la dejo sola…” Dijo al aire Mirana.
Shin los guio por los pasillos para terminar en una oficina, donde revisó unos cajones para preparar té. Sonriente, se sentó junto a Alara.
“Eres todo un capitán, Shin.” Dijo divertida su prometida. “¿Ya pensaste los títulos?”
“No sé, Archivista es uno, Artemios no va a cambiarlo…” Dijo al aire Shin.
“Primero es un gran título…” Dijo sonriente Alara.
“Puede ser…” Agregó mirando a la sith. “No voy a envenenarte, Eridia.”
“Lo sé, solo estoy… pensando. Nunca he entendido a los jedis y tú… pareces uno de ellos.” Dijo pensante.
“Yo soy yo…” Dijo divertido Shin. “Lo primero que vamos a hacer es descubrirte un poco, eres más que un arma del Imperio, eres una persona. Después veremos, mi hermosa prometida va a ayudarte a entender la famosa luz.”
“¿Y ella puede…?” Preguntó con curiosidad.
“Está en eso…” Dijo sonriente Shin. “¿Qué te parece?”
“Que no me gusta odiarte…” Dijo apenada Alara.
“Es solo el primer paso, después uno puede conectarse con sus emociones de otra manera. Solo necesitas abrir la primera puerta.” Dijo sonriente Shin. “Eridia puede ayudarte, ella es sutil como Hussan.”
“Entiendo…” Dijo al aire Alara mientras se pasaba a su falda.
“Tenemos a Hussan ocupado, Eridia. Te encargaré algunos detalles más tarde, puedes relajarte por lo pronto. A menos que tengas algo para informarme.” Dijo sonriente Shin mientras apretaba a su prometida.
“Tengo algunos detalles, tu nombre pasó por todas las bocas en la Orden, pero nadie conoce tu cara.” Dijo pensante Eridia. “Por otro lado algunos siths han desaparecido…”
“Están esperando en las sombras por el momento para atacar, es normal.” Dijo pensante Shin.
“Eso asumí, pero… no sé. Me gustaba tu Imperio, Shin. Estaba orgullosa de protegerlo.” Dijo apenada Eridia.
Alara estaba pensando en lo que había escuchado de él en Dromund Kaas.
“Tienes una fama espectacular en Kaas.” Dijo sin cuidado.
“Es el Guardián del Imperio, fue una sorpresa para todos cuando…” Respondió al instante la sith.
“Lo siento, Eridia. Es complicado…” Dijo apenado Shin. “Es una lástima que no hayan aprendido nada de lo que hicimos.”
“Tengo información de la milicia también, todos están con los ojos en la operación secreta, nadie sabe que es, pero todos quieren entrar…” Dijo al aire Eridia. “Supongo que el misterio eres tú.”
“Estamos protegiendo a la galaxia y pronto tendrás los detalles. La República también está haciendo todo en secreto, no quieren exponerse.” Dijo pensante Shin.
“Puedo marcharme…” Dijo al aire Alara. “Siento que estoy en el medio de algo.”
“No es necesario, Alara.” Dijo con cuidado Eridia. “Todo lo demás que tenía para decir son nimiedades.”
“Deberías descansar, Eridia. Te llamo para la comida.” Dijo sonriente Shin.
“Con su permiso…” Dijo pensante la sith para perderse en la puerta.
“Va a necesitar ayuda…” Dijo al aire Shin mientras metía las manos en las túnicas de Alara.
“Shin…” Dijo divertida Alara.
“Recién estabas listas para atacar, preciosa… Ahora es mi turno.” Dijo sonriente Shin mientras la apoyaba con cuidado sobre la mesa.
Alara estaba encantada con su nueva vida con su padawan.



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Editado: 13.09.2023

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