Oscuros. Origen de los oscuros. Guardianes 3.

Capítulo 27: Retos y verdades

Capítulo 27:

Retos y verdades

 

Sergio

 

Una lágrima recorre mi mejilla. La última derramada en el perturbador silencio. Mi juramento como guardián se ha manchado de sangre inocente. Les debo más que mis descontrolados sentimientos, les debo paz, libertad… porque la muerte no es suficiente cuando se trata de las Riquelme. No. Eso es solo el principio del infierno.

En tiempos pasados, luche por la seguridad de aquellos incapaces siquiera de percibir una chispa de magia. Ahora, soy una escoria del mundo. Mi juramento como guardián se ha manchado de sangre inocente. Sigo escuchando los gritos de desesperación y agonía de la chica, suplicando mientras el monstruo en que se ha convertido Nariel se alimentaba. Me senté en un rincón a observar, sin tener fuerzas para levantarme y abandonar esa maldita habitación, hasta que su voz fue silenciada por la muerte.

Todavía puedo sentir las uñas de Tanils hincadas en mi mente, retorciendo sus hijos para obligarme a hacer su voluntad. Estoy infectado con su magia, cada vez es más fácil doblegarme.

¿En qué me he convertido? Soy una marioneta de los oscuros. Un monstruo de garras y colmillos, que no es capaz de salvarse a sí mismo.

Mis esperanzas de obtener mi libertad se marchitan como una flor. Me parece imposible que pueda deshacer la marca de mi rostro, y aunque pudiera conseguirlo, eso no deshará mis acciones, no borrara mis recuerdos.

Entregar a esa chica fue el inicio de mi caído a un profundo abismo. Mientras que mi esposa, la bruja blanca, intenta eliminar a sus propias hermanas, yo hago que todos sus esfuerzos sean en vano. Ella puede estar avanzando cien pasos en su propósito, y yo, la hago retroceder unos mil.

¿Con qué cara voy a mirar a Selt, algún día? ¿Cómo voy a decirle que soy el cazador de la bruja oscura? Fuente de su alimentación, de su depravada satisfacción de extraer la vida.

—Te ves terrible —la sombra del joven demonio se ajusta a la jaula donde me han metido.

Vuelvo a ser un prisionero, o no, soy más bien un sabueso con una ajustada cadena y una pequeña celda de confinamiento. Barrotes que queman mi piel si intento tocarlos.

—Es justo como me siento.

La culpa me carcome por dentro. No solo por esa jovencita, sino por los otros que he traído desde ese día. Ya perdí la cuenta de cuantos han sido.

—¿Sabes que no es tu culpa, lobo? —sonrió, no porque lo sienta, más por lo irónico que es la situación, el joven demonio tiene compasión por mí.

—Si lo es. No importan las circunstancias, Simón. Al final son mis manos las que arrastran a esas pobres personas hasta aquí, es mi rostro el que ven antes de caer en manos de Nariel. Sé que intentas hacerme sentir mejor, pero soy culpable.

Las manchas de sangre, aunque se lavan, siempre quedaran grabados en mi mente, junto a sus gritos y súplicas.

—Si bueno, puedo entender cómo te sientes—. Aunque no puedo ver sus ojos, si percibir como se pierde en su propio calvario, en sus memorias más cuestionables—. Sonia era muy curiosa, ¿sabes? Ella siempre se interesaba en el origen de mi poder, no me juzgaba por quién era y me hacía sentir bien. Era la hermana menor con quien podría compartir mis nuevos descubrimientos. Lo que nunca vi fue el anhelo por mi poder. Ni siquiera cuando fui a esa cabaña, no fui capaz de leer sus verdaderas intenciones. Toda mi familia murió ese día.

Él muy poco habla de su pasado, algo le sucede.

—¿Ocurre algo?

—Las ataduras han vuelto a nuestras manos.

El cansancio me lleva hacia atrás, el pinchazo de quemadura me hace retomar la incómoda postura en el centro de la jaula. No hay mucho espacio para moverse. Permanezco encorvado desde hace como dos horas.

—¿Qué significa? —obvio hay una pesada cadena en mi cuello, pero él se está incluyendo, y hasta donde sé, no es libre a plenitud, aunque sí tiene sus beneficios.

—Alguien ha regresado al juego. Mi madre me advirtió de él y nunca lo había visto, pero está aquí, y pude reconocerlo.

La puerta del sótano es abierta. Una deslumbrante bruja con cabello rojizo entra muy sonriente. Está feliz la desgraciada, no siempre se puede estar en la cima, en ocasiones hay que tocar el fango, justo donde me encuentro. Nariel ha recuperado su jovialidad, belleza y vitalidad. Se ve muy sana, claro, su menú no tiene retrasos, ya no.

El demonio se tensa. En otra ocasión se hubiera esfumado de inmediato, sin embargo, sigue allí. ¿Tendrá algo que ver con esas cadenas que mencionó? Ja, el destino, la vida, o lo que sea se burla de nosotros. Obvio, la bruja oscura tiene el control del demonio de nuevo.

­—No te vayas, Simón. Ah, claro, no puedes irte cuando te plazca —se burla de él.

Ella arrastra una silla hasta acomodarse frente a la jaula. Puedo sentir el peso de su mirada en mi espalda.

—Bueno, parece que no puedo romper el lazo que existe entre ustedes dos. Siguen cubriéndose las espaldas. Recuerden que yo tengo las llaves de sus cadenas.

—¿Viniste a recalcar lo evidente? O, ¿estas hambrientas? —inquiero, no está aquí por eso, ni siquiera vino a humillarnos, ya se dio cuenta… parecía sensato robarle en su momento de debilidad, ahora que lo canalizo con las heridas de quemadura en mi espalda, me doy cuenta de que fue un error. ¿Cuál será nuestro castigo por tal osadía?




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