Otoño Eterno

Prólogo

El otoño en Ravenwick era más que hojas secas cubriendo el suelo: era un conjuro perpetuo. Las calabazas iluminaban las calles, los escaparates ofrecían brebajes que chisporroteaban en frascos y el aire olía a canela, humo de chimeneas y a secretos guardados demasiado tiempo.

Seraphina Blackthorne, bruja de linaje antiguo y alma rebelde, nunca quiso sobresalir. Le bastaba con preparar pociones en su pequeña tienda, leer libros bajo la luz de las velas y hablar con Nyx, su gato negro de ojos como brasas. Sin embargo, Ravenwick rara vez dejaba a alguien en paz por mucho tiempo.

Su mundo ordenado comenzó a tambalearse la noche en que Lucian Duskborne regresó. Vampiro arrogante, sonrisa torcida, ojos como noche sin luna. Desapareció del pueblo hace décadas tras un escándalo sangriento, y ahora volvía como si el tiempo no hubiera pasado, con la misma aura peligrosa y un sarcasmo que irritaba tanto como atraía.

Seraphina juró que lo detestaba desde el primer instante.
Lucian, en cambio, parecía divertirse demasiado encendiendo esa rabia.

Pero cuando una fuerza oscura empieza a romper la tregua que mantiene unidos a brujas, vampiros y lobos en Ravenwick, Seraphina y Lucian se ven obligados a colaborar. Lo que comienza como una alianza incómoda pronto se transforma en un vínculo imposible de ignorar, hecho de hechizos, colmillos y un deseo tan peligroso como inevitable.

En un pueblo donde el otoño nunca termina, amar a tu enemigo podría ser la más poderosa —y devastadora— de las magias.




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