Otra chica enamorada de ti.

Parte única.

Otra chica enamorada de ti.

Por Valentina Coss.

Sales por la puerta de la discoteca con mi suéter en manos, el sueño ha nublado tanto mi cabeza que incluso he olvidado el frío. En mi defensa, mi sentido del tacto ha estado adormecido desde que me abrazaste más temprano, cuando el sol todavía no se ponía y nos encontrábamos justo en este punto, en la entrada de una discoteca que pronto olvidaré.

En ese momento, me di cuenta que ya no siento tu calor. Probablemente ya no siento nada, tal vez solo me desperté entumecida sabiendo que te iba a volver a ver y fue extraño porque soñé con ser la chica de tus sueños y en su lugar, me convertiste en otra chica más que solía estar enamorada de ti.

—Saliste tan rápido que pensé que no te alcanzaría —dijiste y con una de tus radiantes sonrisas me ofreciste mi propio suéter.

No te hagas ideas, no salí rápido porque estuviera huyendo de ti. Mi hermana está tan borracha que tuve que salir corriendo detrás de ella para evitar una tragedia y si sigo esperando a la intemperie, no es por ti.

—Gracias —te digo brevemente, mamá dijo que no fuera descortés.

Me sonríes con ternura y puedo verlo: hay alguien usurpando tu rostro. Me resulta realmente incómodo, pero mi primo sigue dentro de la discoteca, espero que vomite en el baño y no en mi automóvil. Podría irme y dejar que mi tía venga enfurecida por él, pero no eres el motivo de que yo huya esta noche.

—Me alegra que hayas venido hoy —dices con suavidad, como si me contarás un secreto íntimo.

Yo solo puedo pensar: ¿quién eres tú? Haces honor a mis más infantiles fantasías con tu encantadora sonrisa, tus mejillas sonrosadas por el alcohol y la dulce mirada con la que me prometes que toda tu atención está en mi. Nunca fui todo lo que tú querías, ¿por qué ahora sí? ¿Quién crees que soy? ¿en quién crees que me convertí?

Soy incapaz de contestar a tu declaración. ¿Estoy feliz de haber venido hoy? Un juego de piedra, papel y tijera me designó como la conductora de esta noche, mi hermana está tumbada en el asiento trasero de mi automóvil sin conciencia alguna y dudo que mi primo recuerde que le dije que nos iríamos pronto. No es mi noche de ensueño.

—Estás muy pálida —dices sujetando mi mano de repente—. Tú mano está helada. Creo que te vas a enfermar.

Te arrebato mi mano en un impulso poco cortés. Lo siento, ¿sí? Si hago demasiada presión sobre tu piel, te vas a esfumar y quedará una nube de humo a mi alrededor; el fantasma del cuento que me vendiste para que te quisiera me va a embrujar y perseguir. Tu rostro decae entonces y siento vergüenza porque lo prometo, lo superé. Te superé.

—Sigues molesta conmigo —dices y me quiero reír, pero no quiero que parezca que me estoy burlando de ti.

—Creo que estoy molesta con alguien que ya no existe —confieso, confiando en que estás lo suficientemente borracho para no entender y recordar.

¿Cuánto tiempo puedes estar molesta con un recuerdo? No existimos, no como solíamos hacerlo. Por lo tanto, si estuviera enamorada, si estuviera molesta, sería de tu recuerdo y eso sería un poco triste porque tengo muchos recuerdos y son mucho más encantadores que el tuyo. Tú eres más como... mi constante desilusión. Culpa mía, fui yo quien se aferró, soy yo quien sueña con volverte a encontrar, pero no a ti, sino a una versión más joven, más risueña y solidaria. Busco a un fantasma, una cruel fantasía.

—Sigo aquí —me prometes.

—No lo haces —te aseguro—. No lo hago.

—¿Y si esto es obra del destino? —me preguntas y el deja vu me golpea; así hablabas de otras chicas conmigo, me has convertido en una de esas chicas—. ¿Y si debíamos encontrarnos nuevamente?

—¿Eso soy para ti? —te pregunto con ironía.

Ni siquiera yo sé quién eres para mí. Simplemente no sé quién eres.¿Quién seré yo para ti? ¿Tu mejor amiga? ¿Alguien que siempre estará ahí para ti? ¿Esa dinámica se acabó hace mucho tiempo, no es así? Si somos honestos, ¿realmente lo fui? Estamos hechos de polvo y aquí hace tanto aire que me temo que deberíamos resguardarnos antes de mezclarnos.

—Eres mi mejor amiga —declaras con toda la convicción del mundo.

Eres un borracho estúpido. No te juzgo, pareces lindo cuando eres estúpido, pero no quiero ni pensar en lo que pasa por tu cabeza en este momento, por más preguntas que puedas generar en mi con tus acciones. Sé que eres irracional y sé que los fantasmas no dan respuestas. Aunque las dieran, las respuestas no desharán los nudos que hiciste al retorcer mi amor, no nos darán una hebra de la cual aferrarnos después de habernos roto.

—Esos ya no somos nosotros —te recuerdo, porque cada vez eres más incoherente.

—Creo que te amo.

Esa es la gota que derrama el vaso, mi vaso. Llega un punto en el que las respuestas no son necesarias, las lágrimas lloradas, los sollozos ahogados y la tristeza no se irán ahora y sé que no eres capaz de verlo, sé que crees que finalmente me estas dando todo lo que quiero, pero me estas diciendo que todo mi pesar fue, es y será en vano. ¿Para qué llorar por ti si tú me amas? No lo sé, ¿porque tuve que pasar por todo eso antes de que te dieras cuenta?

—No lo haces —te digo con insistencia—. No me conoces.

—No tienes derecho a decidir lo que siento.

—Y tú no tienes derecho a decir que me amas cuando ni siquiera me conoces —antes de que puedas replicar, añado—: sabemos que nada funciona así, ya no somos quienes solíamos ser.

—¿Quienes somos entonces? —preguntas desorientado, porque tu estas convencido de que soy yo quien ha perdido la cabeza.

Probablemente lo hice. Me devané lo sesos pensando cómo superarte, escribiendo cartas que iban desde el amor hasta el coraje, le conté a quienes pude sobre ti y omití la parte en la que me abandonaste por dos simples palabras que han dejado de pesar cuando pienso en ti. Pasé interminables horas llorando hecha ovillo en mi habitación, despertando por las madrugadas para darme cuenta que no estabas esperando afuera de mi ventana por mi.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.