Otra Vez

21

LA SECUNDARIA

 

La primera vez que alguien me dio un beso (obviamente no en la boca) que no fuera por saludo, como esos besos en la mejilla, o por parte de un familiar fueron una vez que Jake acababa de terminar sus prácticas de baloncesto y se acercó a mí.

Eso fue después del beso con Daisy. Todos estábamos aquí esperando que el equipo saliera para comenzar con la clase de gimnasia. Fui a los bebederos y en el camino, decidí que compraría una Coca Cola en la máquina expendedora.

Escuché un grupo de personas hablando y asumí que el equipo ya había terminado y suspiré pues ni siquiera me dio tiempo de destapar mi lata. Jake está sudado pero se ve perfecto, con el cabello algo largo y sus brazos tonificados al descubierto se acerca a mí sonriendo.

—Dolls —sus compañeros siguen su camino sin ponerme atención—, ¿te estas escapando de la clase de gimnasia? —me molesta con una sonrisa. Una de esas que me encantaban.

Niego. —No, solo… —vi la lata y decidí que lo mejor sería regalársela si la quería, de todas formas no podré tomármela y se calentará—, te compré esto —usé el tono más casual que podía.

Jake abre los ojos sorprendido, como si una lata de Coca Cola fuera el regalo más costoso del mundo. Me rodea con sus brazos sudorosos y me da un fuerte abrazo. Al mismo tiempo, besa por encima de mi frente. —Eres la mejor —luego se separa y me da un beso con fuerza en la mejilla.

Mi cuerpo se ha quedado totalmente quieto sin saber que está sucediendo. ¿Estoy soñando? ¿Está pasando realmente?

Como siempre, finjo que quiero que me suelte y él ríe. — ¿Qué haría sin ti? —pregunta con su rostro muy cerca del mío.  

Se separa y destapa la Coca Cola. Tengo que irme con el resto de la clase así que me despido sintiendo el calor en mi mejilla, sonriendo como si fuera el mejor día de mi vida.

Creo que si fue uno de los mejores días de mi vida hasta ese momento.

Regresé y no me importaba nada. No me importó que el profesor me regañara por no hacer las abdominales completamente bien, no me importó que Daisy llamara la atención con su risa como siempre lo hacía. Ni siquiera me importó cuando escuché a algunas chicas hablar de lo guapo que Jake se veía hoy.

Ella no habían recibido un beso de él en la mejilla, ellas no habían sido abrazadas como él me abrazó. Ellas no habían estado en mi posición. No me importa si Jake las ha besado o las besará, por hoy, yo soy a quien él eligió y eso me hacía patéticamente feliz.

Terminó la clase y durante el receso, me escapé una vez más. A Daisy no le molestaba en absoluto, ella tenía muchos amigos y amigas más. Yo ya no estaba considerando a Daisy como mi mejor amiga, a veces dolía demasiado verla.

Caminé hasta la piscina con una enorme sonrisa, incluso en el camino le compré a Andreé una paleta de helado sabor a uva, yo una de limón. Llegué hasta el lugar y ahí estaba él, esperándome con las piernas cruzadas en la sombra, en una esquina sobre el césped.

No he quitado la sonrisa de mí cuando le doy su paleta. —Para ti —la extiendo y me dejo caer felizmente.

Él toma la paleta y me mira extraño. — ¿Qué te hace tan feliz hoy? —pregunta removiendo el cabello de sus ojos.

Suspiro sonriendo aún más. —Bueno, la vida es bella, ¿No? —pienso en la forma que me abrazó, en sus labios sobre mi mejilla.

Hace una mueca. —Pensé que estabas harta de la escuela —observa su paleta.

Ruedo los ojos —Eso fue ayer, Andreé. Hoy es un día maravilloso, lleno de cosas asombrosas, ¿No lo crees? —le digo acariciando el pasto que está a mi lado.

Él destapa su paleta y comienza a lamerla. —Pues lo mejor que me pasó a mí hoy fue que me compraste esto —responde con un tono sarcástico.

—Andreé —destapo la mía y dejamos las envolturas a un lado—, ¿Te gusta alguien? —pregunto. Lo conozco desde hace poco pero ya hemos pasado mucho tiempo juntos y aprovechaos cada segundo para hablar de cualquier cosa. Me pregunto si se ha sentido como yo por alguien de la escuela.

Con la paleta en la boca arruga la frente y me mira confundido. — ¿Qué?

Me encojo de hombros. —Digo, a veces necesitas del amor para que la vida sea mejor —hablo como si Jake y yo estuviéramos juntos pero no me importa, me siento muy feliz.

Chasquea los labios. —No es cierto —me mira de reojo.

—Lo es. —muerdo un pedacito del hielo con saborizantes artificiales y mucha azúcar.

Niega. —No lo es, además a esta edad no existe el amor —que cínico es Andreé.

Estiro mis piernas. —Hablas como un anciano.

Él estira sus piernas también y con su zapato empuja el mío. —Eres muy… un día me dices que odias el amor y que quemaras todos tus libros de romance y luego me aseguras que el amor es lo mejor del mundo —suelta una risa.

Empujo su pie también. —Pues sí, supongo que así es la adolescencia —de eso se trata esta edad, de enamorarse una y otra vez.

Ahora él le da una mordida a su paleta. —Pues respondiendo tu pregunta, nunca me ha gustado nadie — ¿Cómo que nunca? ¿Es eso posible?

Arrugo mi nariz. — ¿Por qué? —pregunto viéndolo.

Lame la parte de abajo evitando que se derrame el hielo derretido sobre sus dedos. —Porque no, además no hay mucha esperanza conmigo —no estoy de acuerdo.

Frunzo los labios. —No digas eso, tienes una buena apariencia —comento.

Suelta una carcajada. — ¿Buena apariencia? Los demás hablan de mí y dicen que parezco un fideo aplastado —Andreé definitivamente no se ve como un fideo aplastado.

— ¿Quiénes? —pregunto molesta, ¿Por qué alguien diría algo así? ¿Qué necesidad hay de ser crueles?

Él no responde. —No importa —baja la vista.

Andreé se queda callado viendo hacia el suelo. Casi se acaba su paleta y mientras no me mira pero yo lo observo.

Realmente no es feo, su rostro es agradable solo que los rizos cubren casi por completo sus ojos. Tiene una bonita nariz y su sonrisa es tierna. Al igual que yo, tiene los dientes algo torcidos pero él lleva sus frenillos así que en un par de meses sus dientes se verán mejor.




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