Otra Vez

37

—Entonces, ¿Cómo quieres organizar a los invitados en las mesas?

George Lujan es el planificador de bodas que se está encargando de todo, junto conmigo, para el gran día. Hoy me reuní con él, Jake y Allison para hablar de varios detalles.

Yo no mencioné nada sobre aquella vez en el jardín de Lauren, simplemente estoy fingiendo que eso nunca pasó. Jake se ve muy feliz con su prometida, le sostiene la mano y se sonríen.

Claro, no sé por qué pensé que algo iba a cambiar.

Allison se la pasa diez minutos tratando de arreglar las mesas. Dice que su madre no se lleva bien con la hermana de su padre pero que su abuela no se lleva nada bien con su prima Marlene. Pide que todos sus hermanos estén en una misma mesa y que sus padres estén a la derecha de ellos. Cuando George le pregunta a Jake sobre su familia, él hace un gesto y responde que son pocos. Como cinco.

Recuerdo cuando Jake me habló de su familia y de su historial. Fue un día raro pero único. Inigualable.

No había clases de sistema pues la luz se fue debido a una tormenta y tuvimos el periodo libre hasta que llegó el profesor y nos asignó un resumen sobre lo que vimos en la clase anterior. Nos puso en parejas y mi pareja, por bendición de Dios, fue Jake.

Mientras lo hacíamos me hablaba de varias cosas y no recuerdo como ocurrió, no sé si vio la más reciente cicatriz que tenía en mi muñeca o yo dije algo pero empezamos a hablar del suicidio.

Le explique, bajando la voz que yo no me quería suicidar pero me cortaba como forma de aliviar el dolor. Jake me contó, con una expresión que jamás volví a ver en su rostro, que su papá se suicidó cuando él tenía solo cinco años y él a los quince –en ese momento teníamos diecisiete- también intentó seguir el camino de su padre.

Recuerdo lo último que nos dijimos ese día.

—Prométeme que no harás algo así —le pedí. No podía imaginarme un mundo sin Jake, eso sería demasiado doloroso. Podía aceptar vivir lejos de él, en otro continente incluso pero no un mundo sin su existencia.

Jake se levantó al mismo tiempo que yo pues era hora de irnos a la otra clase, extendió su meñique hacia mí y dijo: —Tú también, prométeme que no harás nada de eso.

Con mi meñique le prometí que no lo haría. ¿Jake recuerda esa promesa?  

— ¡Entonces ya tenemos las mesas asignadas! —celebra George, claramente exhausto por la indecisión de Allison.

Ella asiente emocionada y le da un beso en la mejilla a Jake quien acaricia su cabello y le sonríe.

¡Ay, que asquerosamente cursis!

—Bueno, ahora lo que sigue es… —George continua pero el celular de Allison comienza a sonar con una canción de Miley Cyrus y ella contesta.

Dice un par de palabras y luego hace una mueca de preocupación, voltea a ver a Jake y luego a George. Termina la llamada y se pone de pie. —Lo lamento tanto, tengo que ir a una cita con mi dermatóloga, completamente lo olvidé —Jake se levanta pero George les dice que aún faltan detalles por ver—. Iré con Jazmín, ella tiene cita también —voltea a verme—, Dolly, ¿Puedes arreglar lo de las flores hoy? Ya quiero mostrarles todo a mis amigas, necesitan sus ramos.

Quería rodar los ojos pero no lo hice, en su lugar, sonrío y dejo de sonreír cuando ella se acerca y le da un beso en los labios a Jake, quien la sostiene de la cintura y se tardan varios segundos.

Se separan, ella sale corriendo marcando un ritmo con sus tacones negros visiblemente caros.

George le pide a Jake que vuelva a sentarse para proseguir con los detalles de la boda. Él se ve inseguro de saber que hacer pero terminamos de planificar todo lo que estaba agendado para hoy. Solo queda ir a la floristería y termino por este día.

Jake le agradece a George quien se despide dándonos dos besos en las mejillas a cada uno, cuando se va, me quedo en silencio al lado de Jake en la oficina de la agencia de bodas.

Una muchacha delgada nos pregunta si necesitamos algo más, es una forma profesional de pedirnos que nos retiremos ahora que George se ha marchado con otra novia indecisa. Jake y yo caminamos fuera de la oficina y recuerdo que aún tenemos que visitar un lugar.

—Deberíamos ir a la floristería. —Le recuerdo desviando mi mirada hacia cualquier lugar menos a su rostro.

Jake coloca su mano sobre mi hombro. —Por supuesto, vamos.

—Eh, pediré un taxi —afirmo—, nos vemos allá.

Él niega y yo me fuerzo a verle su rostro. Se ve esplendido como siempre, listo para que le hagan una sesión de fotos. —Vamos juntos, de todas formas nos dirigimos al mismo lugar.

Asiento y lo sigo hasta su auto. Jake se graduó de administrador de empresas y según me dijo, tiene dos maestrías en no sé qué cosas. Le va bien, claramente. Trabaja para una empresa grande y le pagan bien. Eso es evidente por el auto que conduce, un convertible negro de lujo.

—Sube —abre la puerta del copiloto y me hace recordar sobre mis tontos sueños que tenía cuando pensaba que terminaríamos juntos.

Me gustaba imaginar cómo sería una cita con Jake, como me recogería la noche de graduación. Él con un traje oscuro y yo con mi vestido rosado. Él se acercaría a mí sonriendo, asombrado de lo bonita que me veía. Yo me sonrojaría y tomaría su mano, él se acercaría a mí y besaría mi frente. Nos subiríamos a su auto que le regalaron un par de meses antes de la graduación que en ese entonces era un Mazda del 2010, un regalo de su madre y su padrastro por su graduación. Él conduciría con una sonrisa y me aseguraría que todo ese tiempo había estado enamorado de mí, que estaba feliz de haber terminado en el lugar correcto.

Conmigo.

— ¿Entonces, quieres? —Jake pregunta y yo reaccionó.

— ¿Qué? —preguntó nerviosa.

Él sonrío y odio lo hermoso que se ve sonriendo. Se veía perfecto antes y sigue viéndose así, como si nada en su rostro estuviera mal. — ¿Qué si quieres ir a almorzar después? —Ríe—, aun eres bastante distraída.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.