—Airi, baja, yo llevaré tus cosas —la voz de South me sacó de mis pensamientos por completo. Asentí y bajé del taxi para ver cómo Rurik ya estaba en la puerta esperando. Habían pasado tres días, tres largos días en aquel hospital, y estaba segura de que ya no podía estar un día más ahí.
Al día siguiente del incidente, las palabras de la enfermera tomaron verdad y llegó un policía a interrogarme sobre lo que me había sucedido.
Me hizo un millón de preguntas sobre mí y mi familia. Y solamente respondí que mi tía era mi tutor legal, eso en parte no era mentira. Si por alguien me podía sostener, era por ella.
Lo que me preocupaba era si le llegaría a la factura y sería peor, pero bueno. Eso ya iba a ser un problema del futuro.
—Ve a tomar un baño, yo pediré una pizza para cenar —dijo Rurik al entrar en la casa, depositando un beso en mi mejilla, cuidadoso de no tocar alguna venda.
—¿Y los demás? —pregunté al no ver a ninguno de mis amigos en la sala de estar.
—Están ocupados en cosas de la pandilla, ya sabes, lo de siempre. Pero Nikolai también está aquí.
Me desanimé. No me habían esperado para recibirme.
Tal como lo dijo Rurik, fui a tomar un baño, y el camino hasta este fue exhausto. Me sentía rara en mi propia casa, me sentía extraña.
Cuando llegué al baño, me vi en el espejo y sentí repugnancia al ver mi cara con rasguños y la venda alrededor de mi cabeza, aun con el leve dolor punzante que volvía cada cierto tiempo. Y cada vez que me veía en el espejo, recordaba lo que me había pasado. La imagen de Hedeon encima de mí, golpeándome, se repetía una y otra vez. Por eso había evitado los espejos a toda costa en los días que estuve en el hospital.
<<Hedeon, ¿qué te he hecho?>>
Abrí la llave de la tina para que saliera el agua caliente mientras lavaba mis dientes y sacaba mi ropa. Ver mi espalda con moretones fue un golpe aún más fuerte, uno que debilitó mis piernas y mareó mi cabeza, permitiendo que me hundiera en el agua caliente y en mis propios pensamientos.
Tallé mi cuerpo tan fuerte que el dolor de mi cabeza se sentía mínimo en comparación con lo que dolían mis brazos. Veía la espuma flotar en el agua y solo esperaba que fuera suficiente para limpiar mis memorias. No me importaba que las vendas se mojaran, me daba igual.
Sentía que les había fallado a todos. Si tan solo no hubiese ido a esa fiesta. Esperaba que mis papás no estuvieran decepcionados de mí, por mi imprudencia.
Quizá las palabras de Anton tenían algo de verdad.
¿Algún día ese sentimiento tendría fin? ¿Algún día podría ser libre?
¿Por qué me sentía tan sola cuando siempre estaba rodeada de personas? ¿Era malagradecida?
Cuando sentía que por fin tenía las fuerzas suficientes para correr entre aquel fuego ardiente que me rodeaba, el humo nuevamente me nublaba la visión, dejándome sin oportunidad de alcanzar aquel pozo lleno de agua.
Mis pensamientos se esfumaron en cuanto escupí agua que sentí que salió de lo más profundo de mis pulmones y entonces abrí los ojos.
—¡Maldita sea, Airi! ¿En qué estabas pensando? —exclamó Nikolai tan cerca de mi rostro que podría asegurar que podía contar cada una de sus largas pestañas.
Levanté mi cabeza levemente y me pude ver enrollada en una toalla torpemente, con la puerta sin un pedazo que daba señal de que la rompieron un poco para poder abrirla. Frente a mí, Rurik con South al lado, el brillo de sus ojos estaba apagado y en su mirada se reflejaba tristeza.
¿Yo había provocado eso?
—¿Qué sucedió...? —hablé casi en un susurro.
—Te estabas tardando mucho y cuando llamamos a la puerta no contestabas y... ¡y Dios! —la frustración de Nikolai era palpable, estaba muy nervioso.
South se acercó a mí y, agarrando mi toalla para que no se cayera, me cargó al estilo nupcial camino a mi habitación. Apoyé mi cabeza en su pecho y lo volví a preguntar:
—South... ¿qué sucedió?
—Te ahogaste en la tina, Airi. Nikolai se encargó de enrollarte en una toalla y darte RCP de inmediato. Fue el peor minuto de mi vida, te lo aseguro.
Solo me hundí un momento en mis pensamientos. ¿Por qué había sucedido eso?
Al llegar a mi habitación, la duda me envolvió nuevamente y sentía que podía hacer mil preguntas.
—South... ¿están enojados conmigo? —solté con los ojos cerrados por el cansancio, mientras South se sentaba en la cama, teniéndome aún entre sus brazos. Esto me hizo sentir demasiado mimada y me empezó a incomodar, pero él era así de cariñoso.
—Jamás me daría el privilegio de enojarme contigo, mi Airi —comenzó mientras unía nuestras narices, no lo vi, pero lo sentí—. Rurik y Nikolai tampoco lo están, solo estaban asustados y preocupados. Ahora vístete y descansa, ¿sí? Luego vendré a ayudarte con tu venda —dijo para, acto seguido, ponerme sobre la cama suavemente.
<<Nikolai me salvó>>
En el momento en que escuché la puerta cerrarse, abrí lentamente los ojos y recorrí toda mi habitación de arriba a abajo, de izquierda a derecha y viceversa y nuevamente me sentí extraña. Me vestí y sin secarme el cabello o cambiarme la venda, me enrollé en mis sábanas para por fin dormir, mi escape de la realidad.
—Mi pequeña niña... ¿en qué estabas pensando al hacer eso?
—¿Mamá? ¿Mami? —mis ojos se iluminaron al encontrarse con los suyos.
—Tu llegada a esta vida tiene un objetivo, solo necesitas que descubrir cuál. No confíes en la primera luz que veas, a veces, la oscuridad guarda la verdadera salida.
—¿A qué te refieres, mami?
—No busques en los demás, busca en ti. El camino no será fácil, pero cada herida será una llave.
—Mami, me asustas... ¿qué debo buscar? Dímelo ya.
—Mi amor, lo que ahora parece dolor, un día será tu fuerza —finalizó, dejando un beso en mi frente.
Cerré los ojos, pero los abrí de golpe al sentir cómo me agarraban, y mi mamá comenzó a reír, escuchaba risas al unísono y veía sangre en el suelo.