Otro Mundo

VII-No te conozco

Anton

—Así que la princesa y el príncipe durmiendo ¿Eh? —pregunté mientras veía la foto que enviaron al chat grupal, esta vez siendo South el fotógrafo.

Parecía que se había hecho costumbre eso de tomar fotos a los momentos lindos, pero esto de lindo no tenía nada.

Había llegado a la casa de Airi hace unos 10 minutos y, aunque eran las diez de la mañana, ambos no se habían levantado de su cómoda siesta al parecer.

La ansiedad me estaba empezando a consumir, es que, ¿por qué dormían abrazados?

Ya no eran la princesa y el príncipe como les solía decir la mamá de Airi. Ambos tenían 17 años, Airi era consciente de lo que podría provocar en Yaroslav con esa cercanía.

—South, ¿sabes si entre Airi y Yaroslav sucedió algo? —mi pregunta le hizo elevar la mirada de su celular y me miró extrañado—. Sabes a lo que me refiero, ¿ellos... —pausé un momento para pensar en la pregunta que lanzaría—. ¿Tuvieron una aventura?

Pude sentir la mirada de South clavarse en mí como si procesara lo que le dije. ¿Pasó o no? ¿Era tan difícil responder eso?

—Anton... —la interrupción de Alexei me hizo voltear a verlo.

Carajo, ¿me habrá escuchado?

—Airi se levanta en las noches por las pesadillas que tiene y busca refugio en uno de sus mejores amigos. ¿Esa es una razón para desconfiar de ella? —refutó enojado, y sus palabras fueron como un balde de agua fría cayendo sobre mí—. Ellos se conocen desde que eran unos niños, ¿y tú insinúas que tuvieron una aventura? —siguió reclamando y honestamente me empezaba a aburrir. Cualquiera desconfiaría por la cercanía.

—¿Quiénes tuvieron una aventura? —la voz de Yaroslav llegando hizo que mi cuerpo temblara. Dios mío, ¿cuántos más iban a interrumpir?

—¿Sabes, Anton? Espero que Airi jamás insinúe que tú tuviste una aventura con una de tus amigas solo por una foto —habló South, inoportuno como siempre—. Espero que tú estés ahí para consolarla cuando se despierte en las noches llorando. ¿Te crees mucho por ser su novio?

—Zverev, espero equivocarme si digo que estabas insinuando que Airi y yo tuvimos una aventura —dijo Yaroslav con un tono amenazante, mientras me miraba directo a los ojos.

—Cualquiera piensa mal por la manera en la que estaban durmiendo, es todo —me justifiqué mientras me encogía de hombros. No entendía por qué les costaba tanto entender mi punto, si hubiesen tenido novia, lo entenderían.

Abrí los ojos al sentir cómo Yaroslav me agarró del cuello de la camisa en un movimiento que no vi venir, mientras me acorralaba contra la pared.

—¿Crees que Airi vale tan poco para mí como para pedirle que pase una noche conmigo sin nada más? —era palpable la furia de Yaroslav.

—No lo digo por eso, pero viniendo de ti, me espero lo que sea, ¿sabes? —hablé en el mismo tono que él. Si creía que me iba a dejar intimidar estaba muy equivocado.

—¡Airi estuvo para mí cuando nadie más lo estuvo! —exclamó antes de que llegara Nikolai, que no tengo ni idea de dónde salió, pero lo separó de mí.

—Qué mal que desconfíes de esa manera de Airi, cuando ella confió en ti, aunque la traicionaste de la peor manera —dijo Rurik con desprecio. ¿En qué momento habían llegado?

La tensión en el ambiente era incómoda, y podría jurar que jamás me había peleado así con mis amigos.

Miré a todos a mi alrededor y salí de esa casa. Azoté la puerta con tanta fuerza que hasta yo me sorprendí. El eco del golpe me siguió un par de segundos mientras caminaba sin mirar atrás. El aire frío de la mañana golpeaba mi rostro, pero no fue suficiente para apagar el incendio que tenía en el pecho.

Metí las manos en los bolsillos, fingiendo calma, aunque por dentro solo quería gritar. ¿Por qué demonios todos lo defendían a él? ¿Qué no veían la manera en la que la miraba? Carajo, cualquiera en mi lugar pensaría lo mismo.

Seguí andando sin rumbo, pateando las piedras del camino, sintiendo como si cada paso fuera más pesado que el anterior. La imagen de Airi abrazada a Yaroslav no dejaba de repetirse en mi cabeza como un maldito disco rayado. Cerré los ojos un momento y pensé en lo que Alexei dijo... ¿de verdad estaba desconfiando de la persona que más había confiado en mí?

Me apoyé en la pared de la primera tienda cerrada que encontré y me dejé caer, sentado en el suelo. El orgullo me decía que estaba en lo correcto, pero el corazón me gritaba otra cosa.

Saqué el celular, abrí la pantalla de chats y me quedé mirando nuestro grupo. Ahí estaba la foto, todavía congelada en el tiempo. Airi dormida, tranquila, como si todo el mundo no se estuviera desmoronando alrededor de ella.

Pasé de largo los mensajes sin leer y abrí nuestra conversación privada. Mis dedos temblaban sobre el teclado, pero no escribí nada. ¿Qué carajos le podía decir? "Oye, ¿pasó algo entre tú y Yaroslav?" sonaba patético.

Guardé el celular y me cubrí la cara con ambas manos. El silencio de la calle era más ruidoso que las voces de mis amigos reclamándome hace un rato.

No sé cuánto tiempo me quedé ahí, pero lo único claro en mi cabeza era que, si quería seguir siendo parte de su mundo, tenía que dejar de ser el idiota que la podría perder por sus propios celos.

—¿Anton?

Levanté la mirada y ahí estaba ella, parada con una bolsa de compras en la mano, mirándome como si acabara de encontrar a un perro abandonado en la acera.

—¿Qué haces aquí tirado? —preguntó con una media sonrisa, aunque su mirada era seria. Tragué saliva. Justo lo que menos necesitaba era que alguien me viera hecho pedazos.

—¿Mae? —me quedé viéndola desde el suelo, había cambiado bastante—. Nada... solo aire fresco —mentí, levantándome de golpe y sacudiéndome el polvo de la ropa.

—Claro, porque todos buscan aire fresco sentados en el suelo como si el mundo se les viniera encima —replicó, arqueando una ceja.

—¿Quieres caminar? —propuse.

—Claro —aceptó, mientras buscaba no sé qué cosa en su bolsa.




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