El sonido de mi alarma de mesa me despertó. Ese día no quería hacer nada, absolutamente nada. El clima frío me relajaba y me hacía querer volver a dormir, pero el sonido de la alarma se repetía una y otra vez.
Puse una almohada sobre mi cara y ahogué un grito en ella. Estiré la mano para apagar el pequeño aparato que interrumpía mi siesta. Pero un sonido seguía sonando.
Me senté de golpe sobre mi cama, botando la almohada a donde sea que había caído.
—¿Qué mierda? —grité exaltada mientras buscaba de dónde provenía ese sonido. Hasta que hallé mi celular a un lado de mi cama y lo agarré, curiosa. ¿Quién llamaría a las 7 a.m.?
Mis ojos seguían perezosos y un poco cerrados por el sueño, no me fijé en quién llamaba y contesté.
—¿Buenos días? Habla Airi —hablé extrañada mientras me volvía a acostar en mi cama.
—Buenos días, novia. ¿Qué tal dormiste? —mis ojos se abrieron de par en par y me volví a sentar de golpe en mi cama, mareándome por el movimiento tan brusco.
—Buenos días, novio. Dormí muy bien. ¿Y tú? —respondí, aun sorprendida porque me había llamado "novia". Es decir, eso éramos, novios. Pero que ahora lo escuchara directo de su boca era como una fantasía.
—Un gusto escuchar tu voz de mañana, más luego te visitaré. Descansa, novia —escuché su voz y después el sonido de que la llamada había sido colgada.
Me quedé procesando lo que había pasado. ¿Anton me había llamado y me había dicho "novia"?
Mis manos fueron a parar a mi cara mientras me volvía a tirar a la cama. Qué antinatural sonó eso. Siempre me había burlado de las parejas que hacían esas cosas cursis, pero ahí estaba yo, llamando a mi novio, novio.
Definitivamente ese día sería un buen día. Me levanté animada en camino al baño para lavarme los dientes.
En cuanto bajé las escaleras, un olor de mors recién preparado llenó mis fosas nasales.
—¡Hoy sale el sol!
Alexei estaba con un delantal junto a Rurik. Mi carcajada no se hizo esperar y la mirada de ambos chicos se clavó en mí.
—¿Qué tipo de emergencia pasa para que Alexei Kuznetsov se levante a las siete de la mañana a preparar un té? —pregunté, aun riéndome.
—Una emergencia no, un milagro —contestó Nikolai llegando.
Alexei bufó—Tras que les hago un té por el frío, se burlan de mí —refutó, volteándose indignado. Rurik también rio al ver su reacción, pero dejó de hacerlo al notar mi mirada extrañada sobre él.
—¿Qué? —preguntó, mientras levantaba sus manos—. Nos levantó el frío, y me dijo que quería un té.
—Y tú, como el gran amigo que eres, bien entregado le ayudaste.
—Ayudar a la gente y madrugar son dos de mis cualidades.
—Ajá, ya veo que madrugar y preparar té es lo tuyo... —dije riendo, mientras me servía una taza y le servía una a Nikolai también—. Ya que empezamos bien la mañana, tengo algo que contarles —terminé por decir mientras llevaba la taza a mis labios, disfrutando el sabor del té.
—¿Estás embarazada? —cuestionó Rurik, asustado.
—¿Quién se embarazó? —interrumpió Yaroslav, el cual no sé de dónde salió.
—No chicos, ¿cómo Airi podría estar embarazada? Es más virgen que... —pausó un momento mientras llevaba uno de sus dedos a su barbilla—. Es más, no hay algo tan virgen con qué compararla.
—Seguramente piensa terminarle a Anton —habló Leonid.
—O casarse, nunca se sabe —bromeó South. ¡Por Dios! ¿Todos se habían puesto de acuerdo para levantarse temprano ese día?
—¡No! —grité—. No me casaré aún, ni mucho menos estoy embarazada. ¿Qué piensan?
—Tsk, qué aburrida.
El comentario de Rurik me hizo voltear los ojos. Me senté en la encimera de la cocina y crucé los brazos.
—Lo que les diré es algo muy importante y muy lindo.
—¿Salgo yo en tu noticia? —preguntó Leonid.
—No... —respondí extrañada.
—Entonces no es muy lindo ni importante.
—¡Ay, Leonid! —exclamé enojada.
<<Qué creído que es.>>
—Ya, ya, déjenla hablar a la niña —Yaroslav calmó la situación. Aunque detestaba que me dijeran "niña".
—Me inscribí en un curso de escritura —lo solté, mientras juntaba mis manos a un costado de mi rostro, con una sonrisa.
—¿Curso de escritura? —preguntó Alexei con una ceja levantada—. ¿Desde hoy?
—Sí —asentí con una sonrisa nerviosa—. Empieza a las dos de la tarde, así que tengo tiempo de prepararme y... bueno, de organizarme un poco.
Rurik rio —Ah, la futura escritora famosa de Ekaterimburgo empieza su entrenamiento hoy. ¿Y vas sola?
—Sí, pero... —dije, algo dubitativa—, estoy emocionada. Siempre quise aprender más y mejorar mis historias.
—Bueno, entonces vamos a necesitar un informe diario de tu progreso —pidió Nikolai con tono sarcástico, apoyando el codo en la encimera—. No podemos permitir que nuestra Airi se vuelva una escritora mediocre.
Ese idiota, ¿de verdad creía que sería una escritora mediocre?
—No, espera. ¿Vas sola? —volvió a preguntar Rurik.
—¿Uhm? Ya te dije que sí, a ninguno de ustedes les gusta escribir.
—No, no, me imagino que Rurik se refiere a si irás hasta donde sea que está tu curso, sola —aclaró South.
Gracias a eso, recapacité sobre a qué se refería.
—Si quieres, puedo ir a dejarte —la intervención de Yaroslav me hizo voltear a verlo y asentí. No quería volver a arriesgarme a que me pasara algo.
Después de darles mi noticia, la mañana transcurrió normal. Desayunamos todos juntos entre bromas y comentarios estúpidos de los gusanos a los que, por desgracia, llamaba amigos.
Anton, como prometió, llegó unos minutos después del desayuno. Pasé tiempo con él y nos dimos otro beso. ¡Otro beso! Me alegraba como si fuese una niña de 10 años, pero era que el amor me estaba cambiando.
Le conté sobre el curso y preguntó por qué no le dije a él primero, pero cuando le recordé que había sido él quien no me respondió en todo el día anterior, cosa que, por cierto, todavía no me explicaba, se dio el privilegio de enojarse conmigo.