—A ver, es que es distinto coger sin amar a amar sin coger.
<<¿De qué mierda hablan?>>
En cuanto llegué al piso de abajo, pude ver una conversación un tanto extraña entre Nikolai y Leonid. Ambos tenían una taza de té en las manos, y las alzaban en cuanto hablaban. Parecían señores de treinta años.
—¿Qué le estás enseñando a Niko?
—¡Airi! —gritó Leonid, levemente sorprendido por mi presencia—, Ah, pues nada, hablamos sobre amor —explicó, encogiéndose de hombros.
—Aja, gurú sexual, y según tú, ¿qué sabes sobre el amor?
—Sé que es amor darte té para que no te congeles.
El intento de Nikolai de desviar el tema y salvar a Leonid me hizo sonreír.
Obviando eso, les hice una señal para que sigan con su interesante conversación mañanera, mientras iba en camino a la cocina. En cuanto llegué, agarré las pastillas que les tocaba tomar a Gleb y Pavel, junto con gasas y alcohol para cambiar sus vendas.
Claramente no eran pastillas recetadas, pero sabía que podían ayudarlos. Subí las escaleras en camino a la habitación y cuando entré, vi a Gleb sentado en el borde de la cama, tocando la parte de su cabeza en donde tenía la venda.
—¿Cómo dormiste? En cuanto hice la pregunta, su mirada se elevó conectando directamente con la mía.
—Niña Magdalena.
<<Ese hijo de puta.>>
—¿Qué pasó y dónde estamos?
—Bueno, pues es una pregunta que también te quiero hacer a ti. ¿Qué pasó? Hoy irán al hospital —avisé mientras señalaba a ambos—. y sobre dónde están, están en mi casa.
Su mirada recorrió toda la habitación, confundido quizá. Empecé a dejar las cosas en una mesa de noche bajo la mirada de Gleb. No sé si ahora me sentía nerviosa por cómo me miraba o feliz porque había despertado.
—Bueno, ¿me dirás qué sucedió? Me acerqué a él, pasando de la cama de Pavel, y me senté a su lado. Sin pedir autorización, empecé a retirarle las vendas con sumo cuidado, tampoco quería ser tosca y no había razón para serlo.
—Solo recuerdo que Hedeon nos pidió que le ayudemos con algo, no específico en qué.
—Esto te dolerá un poco, lo siento. Agarré un algodón con alcohol y empecé a pasarlo sobre sus raspones.
—Cuando llegamos a ese basurero, dos chicos de nuestra misma pandilla nos agarraron, y cuando intentamos pelear, pusieron una especie de pañuelo en nuestra cara.
—¿Y sabes la razón que tuvo para hacerles eso?
Su cara se arrugó y tensó la mandíbula, obviamente por sentir el alcohol sobre sus heridas.
—No lo sé, quizá porque nos vio hablando contigo ese día de la fiesta. Él es raro.
Su respuesta me desconcertó, es decir, ¿no se suponía que era porque compró a los policías? Quizá solo me mintió y en realidad mi caso sí se estaba tomando en serio. Pero entonces, ¿cuál era la razón que tuvo para traicionarlos de esa manera?
—Te traeré ropa limpia y un cepillo de dientes, puedes bañarte en cualquiera de los baños. Cuando despierte Pavel, iremos al hospital —dije mientras me levantaba de la cama.
—Ten, tienes que tomar esto cada ocho horas —hablé mientras le extendía una pastilla—. y esta está cada 12.
—Gracias, Airi.
—No es nada. En cuanto termines de asearte, puedes bajar a desayunar. Llámame cuando despierte Pavel.
Sin esperar respuesta alguna, salí de la habitación para buscar lo que Gleb necesitaba. Actuaba raro, estaba como ido, no era la persona alegre que conocí en esa fiesta. Y lo entendía, quizá simplemente estaba aún procesando lo que pasó. Eran las 7 de la mañana, y me sentía como una mamá cuidando a sus hijos, pero en ese momento quería que me cuidarán a mí. Gleb podía esperar.
Caminé hasta la habitación de Anton, quien, por cierto, se había quedado a dormir, aunque no entendía para qué, si no durmió conmigo. Me preguntaba si deberíamos dormir juntos, o sea, ya ambos éramos mayores y sabíamos lo que hacíamos.
Pero recién llevábamos unos días de novios, también habíamos dormido juntos sin necesidad de ser novios. Pero no habíamos hecho nada malo, solo dormir.
<<¡Ay, Dios! Qué difícil. ¿Por qué la palabra novios cambia todo?>>
Abrí la puerta de su habitación lentamente, si estaba dormido aún, no me gustaría despertarlo. Lo vi removerse en la cama de un lado a otro. ¿Estaba teniendo pesadillas? Entré un poco mi cabeza para verlo bien y pude ver cómo se despertaba de a poco. Pasé cerrando la puerta detrás mío y me acerqué a él.
Sus pestañas largas hacían ver su rostro tan lindo, como el de un bebé.
<<Ay, me encanta este chico.>>
Dudé un poco en si sentarme a su lado o dejarlo dormir un poco más. Pero daba igual, ya tendría más días para dormir lo que quiera. Alcé la manta para arroparme junto a él y lo vi abrir un poco más sus ojos.
—Airi, amor, duerme conmigo —me llamó mientras me jalaba el brazo para que me acueste con él.
Ahora me decía "amor", y era el apodo más lindo que me habían puesto.
—Amor, vamos a comer.
—Amor, vamos a dormir.
—Amor, cámbiale el pañal a nuestro hijo.
Me acosté a su lado mientras me terminaba de arropar, y sentí sus brazos rodear mi cintura de inmediato. Ahora quedábamos a la misma altura, y desde allí tenía una gran perspectiva de su hermoso rostro.
—¿Quieres que te deje dormir?
—Quiero dormir contigo ahora, solo descansa —respondió mientras volvía a cerrar sus ojos.
Me sentí mal. ¿Y si en realidad quería seguir durmiendo? No importaba, era muy temprano como para empezar a ser productiva. En ese momento solo quería relajarme con mi novio. Su agarre se hizo más fuerte y me acerqué más a él. Aunque el clima está frío, al lado de él me sentía cálida. Cerré los ojos preparándome para dormir, estar con él me relajaba y sabía que podría quitarme cualquier protección porque de él jamás vendría un ataque.
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